El exministro británico de Exteriores Boris Johnson
El exministro británico de Exteriores Boris Johnson - Andrew Parsons

Los «tories» del Brexit duro intentan apartar a Theresa May

La salida de Reino Unido de la Unión Europea amenaza con dividir a los conservadores británicos

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Cuando el exministro de Exteriores británico Boris Johnson comparó la negociación del Brexit entre Reino Unido y la Unión Europea con la lucha entre un «enclenque» y un «gorila de 500 kilos», lo hizo argumentando que la debilidad de su país era fruto de las dificultades para acordar con Bruselas el futuro estatus de la frontera entre Irlanda del Norte e Irlanda. El Grupo de Investigación Europeo (ERG, por sus siglas en inglés), compuesto por diputados conservadores escépticos con la gestión de la primera ministra, Theresa May, retomó ayer ese escollo en un documento donde hizo una propuesta para salvar el obstáculo. Por esa vía, los «tories» rebeldes cuestionaron de nuevo el liderazgo de la «premier», a la que critican por su apuesta por un Brexit de media intensidad -el llamado acuerdo «Chequers»- y a la que estudiaron apartar del poder en un encuentro celebrado en la noche del martes.

Según informó la BBC, la «frustración» de los diputados conservadores que desaprueban el «Chequers» nace de la «cercanía a perpetuidad» entre Reino Unido y la Unión Europea que forzaría ese tipo de acuerdo. Como resultado de ese sentimiento, en la reunión celebrada el martes por cincuenta miembros del ERG se escucharon frases poco amables hacia May, a la que acusaron de ser «un desastre», según informó el medio británico BBC. Pocos días antes, Johnson, el opositor interno a su gestión y el gran sospechoso de querer ocupar su cargo, convertido en adalid del Brexit duro, había criticado el plan de desconexión ofrecido por la mandataria, diciendo que Londres había quedado envuelto en un «chaleco bomba» cuyo detonador estaba a merced de Bruselas.

«Los conservadores británicos están muy divididos», explica Salvador Llaudes, investigador del Real Instituo Elcano. «Algunos quieren que no haya acuerdo, otros que haya uno duro y que solamente se alcance un acuerdo comercial entre Reino Unido y la Unión Europea, como el que existe con Canadá, y otros que lo único que desean es derribar a la primera ministra», detalla. Sobre la frontera con Irlanda, el especialista considera que «lo importante no es el contenido de lo que propongan para Irlanda del Norte, sino la motivación política para oponerse a los planes de Theresa May».

Amenaza de ruptura

Lo cierto es que las disensiones entre Johnson y May han copado los titulares de la prensa británica durante estas semanas. La principal amenaza a la que se enfrenta la primera ministra puede concretarse durante la conferencia del partido conservador que se celebrará del 30 de septiembre al 3 de octubre, según afirmó hace unos días Steve Baker, el exsecretario de Estado para el Brexit. Baker advirtió del riesgo de ruptura en el seno de la formación en caso de que la mandataria insista en sacar adelante «Chequers».

A pesar de este escenario poco optimista para May y del polémico encuentro del martes, «las voces experimentadas en el ERG son inflexibles en que no es el momento de echar a la primera ministra», informó la BBC. Precisamente, el líder de ese grupo de «tories» críticos, Jacob Rees-Mogg, afirmó ayer: «La política necesita ser cambiada, pero apoyo a la persona. Theresa May tiene grandes virtudes, es una primera ministra diligente y tiene mi apoyo. Solo quiero que cambie un aspecto», en referencia a las disensiones entre ambos sobre el tipo de Brexit por el que se debe apostar.

«Hacer un cambio de liderazgo en el partido conservador en este momento es como un suicidio, porque puede provocar elecciones anticipadas, un segundo referéndum o incluso el no Brexit», añade Llaudes. Para apartar a May del poder, los «tories» tendrían que recurrir a una moción interna que se activaría «si 48 diputados conservadores dieran su voto de no confianza». Sin embargo, aunque lograr que ese número se uniera contra la mandataria sería sencillo, sacar adelante la moción resultaría más difícil, ya que se necesitan más apoyos y el escenario resultante, uno inestable, no parece muy atractivo.

Presiones de Bruselas

La posibilidad de que Johnson capitaneara ese golpe interno y se apoderara de la silla de May parece improbable. «Además de sus escándalos personales, que han aparecido en la prensa en las últimas fechas y que no creo que le ayuden demasiado, el partido sabe que está en una situación muy complicada. Johnson, después de sus declaraciones, no podría negociar mucho mejor que May con la Unión Europea. Solamente le apoyan aquellos que no quieren una relación muy profunda con Bruselas», concluye Llaudes.

Los conservadores no solo deben hacer frente a sus problemas internos. Para el Brexit, previsto para marzo de 2019, solo quedan unos meses, y desde la Unión Europea la mano que se tiende no tiembla. Ayer mismo, el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, advirtió de que «alguien que abandona la Unión no puede estar en la misma posición privilegiada de un Estado miembro», e hizo hincapié en la cuestión de la frontera irlandesa, la más difícil de resolver en las negociaciones: «Bruselas siempre mostrará lealtad con Irlanda», subrayó.