Topolanek advierte que Obama «no es un mesías» y sus planes «llevan al desastre»

Topolanek advierte que Obama «no es un mesías» y sus planes «llevan al desastre»

ENRIQUE SERBETO | BRUSELAS
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Un presidente del Consejo dimisionario, la crisis institucional convertida en un laberinto, y por si fuera un flojo escenario, salpimentado con el peor cataclismo financiero que se recuerda. La crisis entró de lleno ayer en la sala de plenos del Parlamento Europeo de Estrasburgo, filtrada en el debate entre el primer ministro checo, Mirek Topolanek, y los portavoces de izquierda, empezando por el socialista Martin Schulz.

Topolanek, conservador checo, advirtió de que el presidente norteamericano, Barack Obama, «no es un mesías», y dijo que sus medidas son «el camino a la ruina». Shultz salió en defensa del inquilino de la Casa Blanca y su visión de la salida de la crisis. No es sólo que Obama llegue dentro de una semana para hablar con los europeos de la crisis, sino que empieza a aflorar el debate ideológico de la catástrofe financiera.

Una «lucha de sociedades»

Tal vez el portavoz de los verdes, esta ocasión el luxemburgués Claude Turmes, exageraba cuando decía que «ya veremos si esta crisis se acaba convirtiendo en una lucha de sociedades», pero en todo caso el consenso tan querido en Europa parece en estos momentos más bien frágil, en todos los sentidos.

Topolanek empezó calentando el ambiente cuando culpó a los socialistas checos de llevar a cabo una política de «obstruccionismo sin precedentes», que le ha dejado a él sin apoyos políticos y a la UE hecha un lío sobre el futuro institucional, hasta el punto de que el presidente del Consejo ofreció a los diputados incluso la posibilidad de aplazar la cumbre de junio.

En ese Consejo Europeo se debe decidir -después de las elecciones- el presidente y la composición de la Comisión, y si ha de ser bajo el Tratado de Niza actualmente en vigor o si puede esperarse que sea ratificado el de Lisboa antes de fin de año.

El presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, expresó su preocupación por la situación en la que queda la UE ante la probable disolución del Parlamento checo sin que el Senado haya ratificado el tratado, y animó a todas las fuerzas políticas del país que ostenta la presidencia a «no tomar como rehén» a este proceso.

Pero el grueso del debate se lo llevó la preparación de la reunión del G20, que va a acoger el laborista Gordon Brown, quien pasó por esa misma sala de plenos la víspera diciendo poco más o menos lo contrario que ayer decía Topolanek sobre los planes de estímulo de Obama.

El checo se ha sumado a las posiciones del francés Nicolas Sarkozy y de la alemana Angela Merkel. Ambos dicen que la UE puede tomar más medidas, «pero ahora mismo no sabemos hasta qué punto será necesario. Nadie sabe hacia dónde va la crisis, no tendría sentido hacerlo ahora» sin medir los efectos que han tenido las inyecciones de capital, que para Europa representan el 3,3 por ciento del PIB, unos 455.000 millones de euros.

Aunque la República Checa no es el mejor ejemplo, Topolanek exhibió el sistema de protección social europeo como parte de la contribución a la recuperación económica, que no puede compararse con el de Estados Unidos.

El «premier» de un país tan pronorteamericano como la República Checa, se dispone ahora a recibir a Obama con el reproche de que su política de inyecciones masivas de capital «corre el riesgo de minar las estructuras financieras internacionales». Y a sus socios europeos, Praga les dice que «no esperen mucho» del líder norteamericano.

En EE.UU. las declaraciones de este «líder de la UE» fueron recibidas como un capítulo más de la «tensión trasatlántica» en torno a la crisis, tal y como lo recogía «The New York Times».

Hubo observadores que pronosticaban una presidencia checa débil, pero nadie la creyó tan agitada. Cuando estamos en su ecuador, no se sabe ni cómo ni cuándo puede acabar. Topolanek dimitirá hoy, y aunque puede seguir en funciones hasta el final de su presidencia el 31 de julio, nadie puede saber cuál es la dirección que tomará la política checa. Por su parte, el presidente del Europarlamento, Hans-Gert Poettering, despidió al primer ministro checo recordándole que «el fracaso del Tratado de Lisboa sería una catástrofe».