La ermita está colgada de la roca a 1.400 metros de altura en los Alpes austriacos
La ermita está colgada de la roca a 1.400 metros de altura en los Alpes austriacos - SALZBURGWIKI
Austria

Topógrafo, divorciado y ermitaño

Un jubilado belga de 58 años acepta un puesto de ermitaño sin retribución

Rosalía Sánchez
BerlínActualizado:

Más de 50 personas de todo el mundo habían enviado su curriculum y solicitud de empleo a Saalfelden, en el oeste de Austria, donde se buscaba un empleado para cuidar de una centenaria ermita encaramada a los Alpes y con unas condiciones de trabajo espartanas donde las haya. Avancemos solamente que el empleo carece de remuneración.

Stan Vanuytrecht no tenía muchas esperanzas de resultar elegido. No creía dar el perfil y estaba tambié la cuestión del idioma. Este jubilado belga habla francés y se las apaña con el inglés, pero su alemán es muy básico y no creía que bastase para atender a los peregrinos que lleguen hasta la ermita, que eran poco más de unas docenas al año hasta que la peculiar oferta de empleo dio la vuelta al mundo. El año pasado fueron ya centenares y esta primavera esperan recibirlos por miles.

"Este es mi sitio, aquí quiero estar"
Stan Vanuytrecht

En este puesto de trabajo impera el silencio. No hay agua corriente, no hay televisión ni internet. No hay horarios fijos y las temperaturas, aunque en los meses de invierno la ermita se cierra, rara vez suben de los diez grados debido a que la ermita se encuentra a una altura de 1.800 metros. Pero a sus 58 años, Stan no es capaz de imaginar un lugar mejor en el que instalarse. “Este es mi sitio. Aquí quiero estar”, dijo a los medios de comunicación locales que se interesaron en su historia apenas puso un pie en Saalfelden. Y su historia, un rosario de búsquedas existenciales infructuosas, le ha llevado a pensar que este empleo estaba diseñado especialmente para él.

Trayectoria vital llena de tropiezos

Stan creció en una familia burguesa, se formó como topógrafo y obtuvo una plaza de funcionario en la empresa estatal de suministro energético, pero desde muy joven sintió una profunda religiosidad que no satisfacían sus perspectivas profesionales y quiso consagrarse a su vocación hasta llegar a ser ordenado diácono en Bruselas. Los vericuetos de la vida, sin embargo, le llevaron a colgar los hábitos y casarse con una mujer que se había cruzado en su camino poniendo patas arriba el camino trazado. Se enamoró hasta la médula y la pareja tuvo dos hijos, pero el vacío existencial no desaparecía y comenzó a volcarse en tareas solidarias mientras su esposa luchaba contra una enfermedad mental. Cambió sus objetivos: se formó como enfermero, cuidó drogadictos y ancianos, visitó durante más de una década a presos y pacientes de un psiquiátrico… pero a esas alturas la convivencia familiar era ya muy complicada.

"Aprendí que se puede ser feliz con solo tener algo para comer cada día"
Stan Vanuytrecht

Después de divorciarse, abrumado por las deudas y sus obligaciones para con sus dos hijos, cayó en la ruina. Terminó acudiendo a comedores sociales y encontró consuelo en largas horas de oración para las que, sin embargo, le costaba encontrar la paz que necesitaba. “Aprendí que se puede ser feliz teniendo solamente algo para comer cada día”, relata. Desde 2014 había pasado a la jubilación, disponía de tiempo, pero seguía sin encontrar su lugar en el mundo. Fue en ese momento cuando supo de la solicitud de un ermitaño para la ya célebre ermita y decidió postularse. Con semejante trayectoria, no esperaba siquiera ser considerado seriamente para el puesto, pero el párroco local, Alois Moser, encontró en su peripecia vital una mina existencial.

Su tarea, a partir del próximo lunes, será atender a los visitantes que se acerquen al lugar, atraídos por su belleza y por el ermitaño que, antes incluso de llegar, se ha convertido ya en una celebridad local. También tendrá que cuidar de su nuevo lugar de residencia, lo que incluye tareas de mantenimiento de diverso tipo que no le asustan porque durante su estancia en las fuerzas aéreas belgas como oficial de artillería, en su juventud, adquirió destrezas mecánicas y técnicas.

Saber escuchar

“Estas experiencias son una ventaja para un ermitaño. Es muy importante escuchar sin hablar de uno mismo, ni juzgar a los otros”, explica Vanuytrecht, que aparte del agua y de los alimentos que busque por su cuenta, dependerá de donaciones locales y de lo que le traigan los peregrinos. Eso mismo ha pensado el alcalde de la localidad, Erich Rohrmoser, que dirigió personalmente el proceso de selección y afirma que quedó prendado de este hombre que “irradia paz y tranquilidad”.

No han firmado un contrato al uso, puesto que no hay salario. El seguro médico, por ahora, será el mismo que Vanuytrecht tenía en Bélgica y sobre el que ha solicitado un traslado de seguro europeo. Verbalmente han pactado que se hará cargo de la ermita “por un largo tiempo” y ya ha visitado el edificio de 350 años de antigüedad del que se hará cargo la próxima semana. El domingo 30 de abril, después de la Misa solemne con que se celebra una fiesta local, será presentado oficialmente a los habitantes de Saalfelden, encantados por el momento con lo que han oído de este hombre de larga barba blanca y fumador en pipa e quien han puesto grandes expectativas. “Nuestra ermita es muy especial y es importante para nosotros mantenerla a disposición de los peregrinos”, subraya el alcalde, “por eso le hemos explicado que le estamos encomendando una misión muy seria y que esperamos mucho de él”.