Todo el poder para los dogmas

POR CARLOS ALBERTO MONTANERSe llama José Ramón Machado Ventura, tiene 77 años y es médico, pero ha ejercido poco para bien de la especie. Para los Castro, es el Carrero Blanco cubano: fiel, canino

Actualizado:

POR CARLOS ALBERTO MONTANER

Se llama José Ramón Machado Ventura, tiene 77 años y es médico, pero ha ejercido poco para bien de la especie. Para los Castro, es el Carrero Blanco cubano: fiel, canino, dogmático, inteligente, organizado y serio. Su función es preservar las esencias del régimen y mantenerlo todo atado y bien atado. No escribe ni investiga (Carrero hacía las dos cosas): acata y cumple. No le pagan para pensar ni para innovar. Es un hombre de Raúl Castro. Hace lo que le manden y le han mandado cerrar filas y cavar trincheras. El nuevo presidente lo ha colocado de segundo de a bordo para alejar a Carlos Lage de la línea sucesoria, otro médico de 56 años que no quería ser Carrero Blanco sino Adolfo Suárez, y se le veía demasiado el plumero reformista. Otros dos blandos de temperamento amable y respiración branquial, Abel Prieto y Eusebio Leal, también han sido discretamente apartados del poder.

La guerra de independencia

Machadito, como le dice Raúl, procede de una familia blanca y educada de clase media de la provincia central de la isla, emparentada con Gerardo Machado, un general de la guerra de independencia que luego fue el primer dictador que conoció la República, allá por los años veinte del siglo pasado. Sus compañeros del Instituto de Remedios lo recuerdan como un muchacho diminuto y vivaracho, buen estudiante, que un día se largó a La Habana a estudiar medicina. Y allá estaba, en la capital, ejerciendo como médico, cuando en marzo de 1957 la oposición atacó sin éxito el palacio presidencial para matar a Batista y liquidar la tiranía. Uno de los asaltantes, herido, necesitó un médico que lo atendiera, y Machado Ventura lo auxilió. Ese hecho lo convirtió en perseguido, y el joven galeno acabó refugiado en la Sierra Maestra, donde se situó muy pronto bajo la autoridad de Raúl Castro, a quien le organizó eficazmente el cuerpo sanitario.

Tras el triunfo revolucionario hizo carrera como burócrata y descubrió muy pronto que la mejor ideología es la del jefe, así que se embadurnó levemente con unos mejunjes marxistas, se hizo comunista, y pasó por la escuela de formación de cuadros del Partido, donde sus camaradas le pusieron un sobrenombre muy elocuente: Pedrusquito. Era el Pedro Picapiedra del aparato, el más troglodita de todos, el más cavernícola, y, claro, lo hicieron Ministro de Sanidad. Sin embargo, al poco tiempo chocó con otro médico, asistente personal de Fidel Castro, Chomy Miyar, y Fidel lo rebajó de categoría por un tiempo, enviándolo a dirigir el Partido en la provincia de Matanzas. Raúl, no obstante, lo protegió, y hoy los dos -Chomy y Machado- forman parte del Consejo de Estado y juran amarse, pero nadie se lo cree.

¿Qué tipo de revolucionario es Machado Ventura? Aparentemente, pertenece a la estirpe de los burócratas inflexibles y austeros, sin ningún apego a los bienes materiales, sin otra concesión a la frivolidad que el intento heroico (ya abandonado) de taparse la calva con los cuatro pelos que solía desplegar estratégicamente sobre su cráneo pelado, siempre inhumanamente convencido de que la norma está por encima de los afectos. En los noventa, por ejemplo, su anciana madre, una señora encantadora, sufría unos peligrosos desmayos que podían ser controlados con una medicina que le hacía llegar un generoso amigo exiliado. El hijo, que las tenía a su alcance, no se la procuraba. ¿Por qué? Porque si las otras viejitas cubanas morían por la falta del medicamento, él no podía otorgarle a su madre un trato privilegiado, actitud, por cierto, incomprensible para el hijo de Machado, quien no ha heredado esa rigidez moral del padre e intenta sobrevivir de cualquier manera en ese empobrecido manicomio estalinista construido en gran medida por su progenitor.

¿Qué ocurre si Raúl, que tiene 76 años, decide morirse a corto plazo? Formalmente, Machado Ventura ocuparía la presidencia del Consejo de Estado y la comandancia general del estamento militar, pero se trata de un personaje sin amigos dentro del aparato, más temido que querido, a quien el pueblo conoce poco, y lo poco que conoce le parece repulsivo. No podrá sujetar el poder. Nació para estar detrás del trono, no para ocuparlo.