La primera ministra británica, Theresa May, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se saludan antes del Consejo Europeo
La primera ministra británica, Theresa May, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se saludan antes del Consejo Europeo - Reuters

Theresa May se presenta en Bruselas sin ideas nuevas, pero las dos partes seguirán negociando

Fracasa la cumbre que debía haber marcado el desenlace de la negociación del Brexit

Corresponsal en BruselasActualizado:

No hubo acuerdo ni siquiera aproximación clara, pero la primera ministra británica, Theresa May, debió de sentir claramente la sensación de lo que significa salir de la Unión Europea cuando abandonaba el edificio del Consejo Europeo poco después de las 8 de la noche, mientras los demás líderes se quedaban sentados cenando, para discutir sobre el futuro de Europa. La cumbre, que empezó anoche, debía haber sido el momento de definición del acuerdo para la salida ordenada de los británicos, pero a falta de acuerdo, fue una reunión más, en la que lo único que se pudo constatar es que se mantiene incólumne la unidad de los Veintisiete frente a la soledad de May, que no trajo ideas nuevas ni fue capaz ni siquiera de garantizar que el eventual acuerdo sería aprobado por el Parlamento Británico.

El negociador jefe de la UE, Michel Barnier, dijo a su entrada al Consejo que en las próximas semanas seguirán negociando «con calma y paciencia» para lograr una salida ordenada del Reino Unido. Lo dijo en inglés, a pesar de que le cuesta más trabajo usar esta lengua, de modo que el mensaje pudiera llegar al otro lado del Canal, donde este proceso está generando una inestabilidad política considerable.

También en Europa el Brexit empieza a verse ya como un dolor de cabeza del que muchos desean librarse cuanto antes. Fuentes diplomáticas europeas reconocen que a pesar de que todo el mundo insiste en que prefiere que haya acuerdo «empieza a cundir la impresión de hartazgo, teniendo en cuenta la cantidad de energías que dedicamos a este tema y que no podemos emplear a otros que van a ser muy importantes para el futuro de la UE», siga o no siendo el Reino Unido miembro del club.

Pero por el momento, esas energías siguen siendo necesarias en este farragoso proceso que ha encallado en la cuestión de la frontera irlandesa, un tema en el que los británicos están atrapados en las inmensas contradicciones de su propia decisión. Por un lado se han comprometido a que no haya una frontera física entre la provincia del Ulster y la República de Irlanda, pero por otro insisten en que no desean que el Reino Unido permanezca en una unión aduanera con el resto de la UE, porque desean poder tener libertad para negociar acuerdos de con otros países, lo que obligaría entonces a levantar esa frontera.

May dijo a su llegada que «trabajando intensa y estrechamente podemos llegar a un acuerdo» sobre el mecanismo de seguridad que propone la UE para que eventualmente se puedan controlar las mercancías que llegan a Irlanda del Norte desde el resto del Reino Unido, para evitar que ese territorio se convierta en una entrada incontrolada de productos al mercado europeo. «Tenemos la voluntad colectiva de avanzar, pero no hemos llegado aún» dijo May, precisando que es algo que se puede esperar alcanzar «en los próximos días o semanas».

Periodo de transición

La víspera, una filtración que se supone interesada por parte del equipo negociador europeo había lanzado la idea de una posible extensión del periodo de transición, lo que supuestamente habría enviado al mismo tiempo la idea de que desde Bruselas existía cierta flexibilidad, siempre que May viniera a la cumbre con «propuestas concretas y claras», como había pedido el presidente del Consejo, Donald Tusk.

Ya pesar de que la primera ministra británica no las trajo, sino que se limitó a reiterar sus posiciones sobre la imposibilidad de aceptar una separación entre dos territorios británicos (impuesta por los diez diputados del partido unionista del Ulster que le son esenciales para mantener la mayoría parlamentaria), los demás dirigentes apreciaron un mejor ambiente, algunos hablaron incluso de una «gestualidad más amable».

Sobre todo si se compara con el choque que se produjo en la anterior cumbre de Salzburgo, de la que la británica se fue con cajas destempladas, denunciando haber sido víctima de una humillación, cuando en realidad las posiciones de unos y otros no han variado prácticamente desde entonces.

Con esta perspectiva, los periodistas preguntaban a todos los presidentes y a los «floaters», los funcionarios que pueden entrar y salir de la sala de reunión, si se celebrará la cumbre que se había programado como posible en el mes de noviembre. Y la respuesta casi siempre era que «noviembre y tal vez diciembre», cuando ya se ha programado una reunión el día 22. Hay quien apuesta que el acuerdo sobre la separación se alcanzará después del consejo de pesca, que es el que bate todos los records en el último día lectivo del año.