Theresa May sale del 10 de Dowinng Street camino del Parlamento
Theresa May sale del 10 de Dowinng Street camino del Parlamento - EFE

Theresa May modera sus postulados para buscar un acuerdo con Europa

Desoye a su ala brexiter y conservará el grueso de la regulación europea

CORRESPONSAL EN LONDRESActualizado:

Reza el dicho que «solo los locos y los niños dicen la verdad». Costaba no acordarse del refrán viendo la brutal portada de ayer del periódico más vendido del Reino Unido, The Sun, que todavía despacha 1,7 millones de ejemplares diarios. El tabloide amarillo de Murdoch colocó en portada este titular: «May a la UE: Vuestro dinero o vuestras vidas». Se hacía así eco del pasaje más polémico de la carta de divorcio de la «premier», en el que amenazaba a la UE con «debilitar» la cooperación «contra el crimen y el terrorismo» si no se le otorga el acuerdo comercial que demanda, con acceso completo al mercado único.

Portada de The Sun
Portada de The Sun

La frase fue tachada de «chantaje» al otro lado del Canal, término que también recogió el diario laborista The Guardian. El Gobierno británico, tirando la piedra y escondiendo la mano, negó ayer que haya habido tal chantaje: «No. No lo hay», zanjó el ministro David Davis, que será el jefe negociador británico.

Desde la Europa continental la polémica se ve de otra manera. «Trato de ser un caballero y nunca utilizaría la palabra chantaje con una lady», respondió Guy Verhofstadt, portavoz para el Brexit del Parlamento Europeo. Pero acto seguido añadió: «Creo que no es posible decirle a la Unión Europea eso de “mira, solo cooperaremos en seguridad si nos das un buen acuerdo comercial”».

Respuesta europea positiva

David Davis intentó endulzarlo: «Lo que dijo la primera ministra es que si no alcanzamos un acuerdo será malo para ambos. Una de las cosas que se perderían son los actuales acuerdos en justicia y seguridad. Nosotros los queremos y eso es lo que ella estaba señalando. Es algo perfectamente razonable, no una amenaza». También aseguró que había telefoneado en la tarde del miércoles a numerosos diplomáticos europeos y percibió «una respuesta positiva» a la carta, «todos me dijeron que tenía un buen tono».

Llegada la hora de la verdad, el Gobierno de May ha cambiado de registro. Aunque sigue haciendo guiños oratorios de corte nacionalista y para deleite de su bancada eurófoba, claramente ha bajado el volumen brexiter del discurso. Se percibió claramente ayer, en el Día 1 de la Era Brexit. Tocaba explicar qué se va a hacer con la normativa europea ahora que el país se marcha de la Unión Europea. El influyente diario conservador Daily Telegraph venía alentando una campaña que drásticamente aboga por mandar «a la hoguera» toda la regulación europea, más de 10.000 leyes en vigor. Pero significativamente lo único que hará el Gobierno es convertir esa normativa en leyes británicas y retocar solo las mil que hayan quedado sin sentido al no pertenecer ya el país a determinados foros europeos.

Este asunto de apariencia técnica y farragosa es de una importancia capital. Michel Barnier, el experimentado diplomático francés que será el jefe negociador de la Unión Europea, había advertido contra un «dumping regulatorio». Es decir, que el Reino Unido no aprovechase la ruptura para desmarcarse del corsé europeo y competir con una legislación más laxa, al estilo del paraíso fiscal con que meses atrás llegó a amenazar el ministro británico de Economía. Barnier vino a recordar que cuanto más se parezca la futura Gran Bretaña a Europa, más fácil le resultará alcanzar un acuerdo.

La City de Londres también venía haciendo hincapié en conservar el régimen regulatorio comunitario, a fin de intentar retener el acceso a los mercados europeos. La patronal británica, la CBI, era de la misma idea. May los ha escuchado. Ha desoído a los radicales brexiters de su partido que directamente abogaban por aprovechar el «Día de la Independencia» para derogar la normativa comunitaria en medioambiente, experimentos de laboratorio, derechos laborales y regulación financiera.

Leyes laborales

En la campaña del referéndum, el bando del Leave llegó a decir que el corsé laboral europeo costaba al Reino Unido 600.000 empleos. Pero llegada la hora de la verdad, May, que al fin y al cabo hizo una tibia campaña por la Permanencia, lo mantendrá.

Para la primera ministra comienzan días de galerna. Hollande se sumó ayer a Merkel y rechazó la petición británica de negociar a un tiempo la salida de la UE y un nuevo acuerdo con Europa. Y si Francia y Alemania están de acuerdo, será la línea de los 27. Un serio contratiempo para May, porque las empresas y bancos británicos llegarían a marzo de 2019 sin un nuevo marco tranquilizador, situándose en lo que la jerga política británica llama «el borde del acantilado».

La fotografía de May firmando su histórica carta a Bruselas, que ponía fin a una sociedad de 44 años, ha sido escrutada y refleja cuán global es el mundo: la pluma con la que firmó era una Duofold Black de Parker, firma estadounidense. A su espalda, un cuadro de un pintor francés hijo de padre holandés.

La réplica esocesa

La foto de la «premier» tuvo ayer su pronta réplica desde Escocia. Nicola Sturgeon, que será el otro desvelo de la estajanovista May, publicó una imagen firmando la carta en la que exige la celebración de un segundo referéndum de independencia. May ha reiterado que «ahora no es el momento». Preguntada una vez más en una entrevista de la BBC, donde se le reclamó un sí o no, optó por una evasiva: «Una cosa es que se pueda hacer y otra que se deba hacer».

Nicola Sturgeon, trabajando en la carta que enviará a la primera ministra británica para reclamar de forma oficial un nuevo referéndum de independencia
Nicola Sturgeon, trabajando en la carta que enviará a la primera ministra británica para reclamar de forma oficial un nuevo referéndum de independencia - AFP

A diferencia de la imagen de Theresa May rubricando su carta a Europa, toda formalismo, Sturgeon firma de un modo desenfadado, sentada de rodillas sobre un sofá de su residencia oficial de Bute House. Un referéndum que el 60 por ciento de los escoceses no querían ha comenzado a rodar.