El terrorista José Aldemar Rojas Rodríguez
El terrorista José Aldemar Rojas Rodríguez - EFE

El terrorista de Colombia enseñó a usar explosivos en Venezuela

El Gobierno colombiano rompe las negociaciones con el ELN tras el atentado de Bogotá

Poly Martínez
Corresponsal en BogotáActualizado:

Diez meses llevó preparar el acto terrorista con el que el Ejército de Liberación Nacional (ELN) dejó una nueva estela de muerte en Bogotá el pasado jueves. Aunque las labores de reconocimiento continuaban 24 horas después de la explosión del coche-bomba, las autoridades colombianas indicaron ayer que son 21 los muertos (cinco de ellos extranjeros) y 68 las personas heridas tras la explosión de 80 kilos de pentolita que llevaba la camioneta, al parecer detonado desde las afueras de las instalaciones de la Escuela de Policía Santander.

El Gobierno colombiano ha culpado al ELN del atentado, por lo que el presidente, Iván Duque, anunció anoche la ruptura de la negociación de paz. Duque anunció que acaba de firmar la reactivación de las órdenes de arresto de los 10 guerrilleros que forman parte de la delegación que el ELN mantenía en Cuba de cara a una negociación con el Gobierno. Además, el presidente colombiano revocó las condiciones que permitían su estancia en el país caribeño. Horas antes, su ministro de Defensa, Guillermo Botero había culpado directamente a los terroristas del ELN del atentado: «De un tajo un acto terrorista cometido por el ELN segó esas vidas».

El ministro confirmó que el autor material fue José Aldemar Rojas Rodríguez, de 56 años, alias el «Mocho» o «Kiko», porque había perdido la mano derecha al manipular explosivos. Según Botero, Rojas formó parte del frente Domingo Laín Sáenz, uno de los más poderosos del ELN y que opera en la zona de Arauca, donde ha llevado a cabo numerosas acciones contra la infraestructura petrolera. Distintos medios apuntan además que estuvo en Venezuela instruyendo explosivistas del ELN.

Además, las autoridades colombianas capturaron ayer a Ricardo Andrés Carvajal, tras recopilar audios en los que este hombre reconoce por teléfono su «coparticipación en grado de autor», según el fiscal general, Néstor Humberto Martínez. Carvajal habría realizado labores de inteligencia para cometer el ataque, apuntaba anoche el diario «El Tiempo».

Un diálogo moribundo

Hastiados y con tolerancia cero al terrorismo, los colombianos han dado total respaldo y reconocimiento a la rápida respuesta del Gobierno y sin duda aprobarán la inminente ruptura de la lánguida mesa de diálogo heredada en agosto pasado por Duque.

La actual ronda de negociaciones empezó en enero de 2017 en Quito y, tras un primer fracaso, pasó a La Habana. No obstante, es un intento más en los casi 54 años de existencia de ese grupo guerrillero de extrema izquierda con el que diversos gobiernos han tratado negociar sin éxito.

¿Para qué comete esta guerrilla un acto terrorista de tal dimensión? ¿Cree realmente que así presiona el retorno del Gobierno al diálogo? Todo en torno a esta guerrilla es difícil de comprender, pero Luis Eduardo Celis, especialista en el conflicto armado, aventura que «el ELN quiere dar la impresión de que tiene capacidad militar, enviar el mensaje de que el conflicto no se ha resuelto y va a llevar la guerra a las ciudades, empezando por Bogotá».

De forma similar, el experto en el ELN Víctor de Currea-Lugo anota que «este acto no contribuye a la paz, solo al deterioro de las ya deterioradas relaciones entre el gobierno Duque y el ELN. Es el puntillazo final a una mesa moribunda, en la que el Gobierno actual no se ha sentado ni un día. Volver a sentar a las partes va a ser cosa de años, dolorosamente».

En realidad, en los últimos años el grupo guerrillero ha aumentado el número de acciones armadas, como lo evidencia DataFIP, base de datos de la Fundación Ideas para la Paz, principal centro de análisis y pensamiento sobre el conflicto colombiano. En 2013 el ELN realizó 16 acciones, en 2014 aumentó a 68, bajó a 42 en 2015 para multiplicarlas a 186 en 2016; 2017 cerró con 130 acciones y el año pasado con 163.

La directora de la FIP, María Victoria Llorente, afirma que «cabe esperar más actos terroristas del ELN, porque tiene las estructuraras y capacidad. No hablo de una gran ola de terrorismo, pero no es descartable otras acciones». A su juicio, el Gobierno necesitará mayor estrategia militar e inteligencia que con las FARC, ya que el ELN «no tiene una estructura tan visible, es más difícil de perseguir con simple acción militar», señala.

Más violencia

Los expertos coinciden en que el resultado del coche-bomba será el aumento de la confrontación. Además, marca el fin de ese sueño nacional que buscaba la paz completa, iniciado en 2010 por Juan Manuel Santos. «El ELN rehúsa hacer una negociación basada solo en la desmovilización y dejación del uso de las armas -dice De Currea-Lugo- y plantea unas reformas sociales que han rechazado los gobiernos. El esquema del presidente Duque plantea un modelo cercano a la rendición y no una negociación, cosa que cierra el proceso de paz con esta guerrilla».

La capacidad armada real de este grupo guerrillero es ahora la pregunta obligada. La FIP evidencia que «la amenaza de terrorismo en Colombia nunca se ha ido, a pesar del acuerdo de paz con las FARC -afirma Llorente-, porque no logramos desactivar al otro grupo guerrillero histórico en Colombia y aún alzado en armas».

«Vamos hacia un nuevo ciclo de guerra en ciertas zonas del territorio, que no se ven desde Bogotá», sentencia Luis Eduardo Celis.