Miembros de la Policía Nacional Argentina intentan controlar una manifestación del 6 de abril de 2017 en un puente de acceso a Buenos Aires (Argentina)
Miembros de la Policía Nacional Argentina intentan controlar una manifestación del 6 de abril de 2017 en un puente de acceso a Buenos Aires (Argentina) - EFE

Tercera huelga general del Gobierno de Macri

El éxito del paro está garantizado con la adhesión de los sindicatos de camioneros y transporte

Buenos AiresActualizado:

Argentina amanecerá desierta este lunes. La Confederación General del Trabajo (CGT) convocó una huelga general (la tercera) como gesto de rechazó a la política económica del Presidente del Gobierno, Mauricio Macri.

El éxito del paro está garantizado con la adhesión de los sindicatos de camioneros y transporte. Héctor Daer, miembro del triunvirato que conduce la CGT, justificó la medida porque, «los datos económicos y de empleo, los que tienen que ver con todo lo que afecta a los sectores más vulnerables, cada vez son más alarmantes».

El Ejecutivo intentó, sin éxito, que las organizaciones sindicales desistieran de paralizar el país justo cuando Argentina comienza a recibir fondos frescos del FMI. El principal organismo financiero del mundo le concedió una línea de crédito de 50 mil millones de dólares (unos 42.000 millones de euros) y desembolsó ya 15 quince mil.

La mayor central sindical de Argentina advirtió que no habrá trenes, metro, autouses de líneas ni taxis. Los vuelos nacionales estarán suspendidos y los internacionales con severos problemas para operar. En la misma línea, la actividad marítima en los puertos de Argentina queda suspendida y las gasolineras echarán el cierre.

Como es habitual en estas convocatorias los piquetes se encargarán de interrumpir los accesos a Buenos Aires. Partidos y grupos de izquierda aprovecharon la coyuntura para convocar concentraciones y que el paro «no sea dominguero». El Obelisco, emblema de la capital argentina será el centro de reunión.

Los movimientossociales, en abierto enfrentamiento con Mauricio Macri, desde el mismo día de su investidura, anunciaron a su vez protestas callejeras con la promesa de extenderlas durante el mes de julio. La Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) repudió el acuerdo con el FMI y anunció: «Nos unimos al paro de la CGT para luchar en la unidad por los derechos de los trabajadores y las trabajadoras (sic) de todo el país». El titular de la organización, Esteban Castro, fue el autor de, posiblemente, las declaraciones más surrealistas de estos años: «El acuerdo con el FMI abre la puerta a un posible genocidio». Dicho esto, añadió «nuestras compañeras y compañeros están dando una enorme pelea para poder comer». Su organización exige aumentos salariales y subvenciones más cuantiosas en las ayudas por hijos y el resto de los «planes sociales» que distribuye el Gobierno.

El ministro de Trabajo, Jorge Triaca, observó, «la huelga no sirve para nada porque no arregla los problemas de los argentinos» y tendió la mano al sincialismo para sentar a negociar, «el mismo día, al día siguiente, mañana mismo» para ver «cómo resolvemos el problema».

El problema más grave que afecta al bolsillo de los ciudadanos es un clásico en la historia de Argentina: la inflación que, para diciembre, está previsto que alcance el 30 por ciento.