«Tenía miedo de que se abriera la tierra, fue algo espantoso»
Una abuela abraza a su nieta recién llegada de Haití / VICTOR LERENA

«Tenía miedo de que se abriera la tierra, fue algo espantoso»

Los primeros españoles repatriados tras el seísmo que el pasado miércoles asoló Puerto Príncipe llegaron al aeródromo militar de Torrejón de Ardoz. Entre conmovedoras escenas de reencuentro, los evacuados relataron sus experiencias en el infierno haitiano

LUIS M. ONTOSO | MADRID
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A las 13.25 horas aterrizó el sábado en la base aérea de Torrejón de Ardoz el avión con los primeros españoles evacuados de Haití. A pie de pista se agolpaban, impacientes, amigos y familiares acompañados por el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, y la secretaria de Estado de Cooperación Internacional, Soraya Rodríguez, que aguardaban cerca de la escalerilla.

Cansados, aturdidos y envueltos en mantas, el grupo de repatriados -26 españoles, tres portugueses, un polaco y un haitiano casado con una española- fue recibido con lágrimas y abrazos.

Una vez que recobraron la calma, asistidos por los trabajadores de la Cruz Roja y los servicios de emergencias del Summa, comenzó la crónica del horror en primera persona. «Los temblores se prolongaron durante los dos días. Por la noche se oía cómo se caían las casas y la gente gritaba por sus muertos», recordaba María del Mar Muñoz, trabajadora de la ONU, a la que el seísmo sorprendió en su casa junto a su hijo. Su marido tuvo menos suerte. La oficina de Cooperación de la Embajada española en la que trabajaba se hizo añicos sobre él. Consiguió salir de entre los escombros por un agujero. Ya en la calle comenzó a deambular, perdido entre «cadáveres», «heridos» y actos de pillaje. «Tenía miedo de que se abriera la tierra. Nunca vi tantos cadáveres. Fue algo espantoso», confesaba Muñoz.

Carolina del Campo, que trabaja en la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), atendía a la prensa a pie de pista con su hija en brazos. La cooperante, que vive en Puerto Príncipe desde hace un año con sus dos pequeñas y su marido, se encontraba en la sede de la AECI cuando sintió un fuerte temblor y el edificio se desplomó de repente.

«La tierra sigue temblando»

Magullada, con un golpe en la cabeza, Del Campo corrió atravesando el dantesco escenario de la capital haitiana para socorrer a sus hijas. La esperaban en su casa, en la que milagrosamente apenas se abrieron unas grietas. «Creo que tienen un «shock». Me vieron ensangrentada, llena de polvo». Lo peor, relata, fueron las réplicas. «Hasta ayer [por el viernes] la tierra seguía temblando».

«Todas las casas se cayeron. Todo estaba paralizado. Era imposible avanzar», relataba Luis Eduardo Álvarez, funcionario de las Naciones Unidas, que lamenta la pérdida de gran parte de sus colegas de trabajo. «Perdimos muchos de los compañeros de las Naciones Unidas y empleados locales».

Una de las escenas más emocionantes de la mañana se produjo cuando Sandra Betroni, una de las hijas del matrimonio de Torrejón de Ardoz fallecido en el terremoto, descendió del avión. De rodillas sobre la pista, llorando desconsoladamente, tuvo que ser atendida por los servicios sanitarios. Entremezcladas con el personal de Cruz Roja, amigos y familiares la consolaban, satisfechos, pues apenas tenían esperanzas de pasar unos minutos con ella.

Una de sus amigas, Jessica García, explicaba antes de que aterrizara el avión, que Betroni tiene «problemas en el riñón y lleva tres días sin medicamentos». «No sabemos si podremos verla cuando llegue porque se la llevan directamente al hospital». Moratinos declaró que aún se desconoce cuándo se repatriarán los cadáveres de los progenitores de Betroni.