Donald Trump atraviesa el jardín sur de la Casa Blanca para partir en el Marine One en Washington
Donald Trump atraviesa el jardín sur de la Casa Blanca para partir en el Marine One en Washington - Efe

El Supremo de EE.UU. avala la orden de Trump de prohibir la entrada a miles de musulmanes

El máximo tribunal respalda el veto presidencial a ciudadanos de cinco países de mayoría islámica, además de Corea del Norte y restricciones a Venezuela

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

El Tribunal Supremo de Estados Unidos concedió este martes a Donald Trump una fenomenal victoria que reivindica su política migratoria, precisamente en un momento en el que este asunto le ha puesto en el disparadero de la opinión pública. La más alta instancia judicial del país decidió mantener el llamado «veto islámico» del presidente, es decir, su prohibición a la entrada en el país de ciudadanos de varios países de mayoría musulmana.

El veto ha supuesto una batalla judicial y mediática que ha ocupado buena parte de la presidencia del multimillonario neoyorquino y que supone un espaldarazo para las que le quedan por delante. Trump llegó a la Casa Blanca con la intención de dar un vuelco a la política migratoria –la «tolerancia cero» que ha provocado la reciente separación de familias forma parte del mismo esfuerzo– y la sentencia supone un empujón clave en un año con elecciones legislativas a la vista.

El asunto llegó al Supremo después de que varios tribunales inferiores bloquearan la aplicación de la orden presidencial: su base es que «respondía a prejuicios del presidente contra los musulmanes» y que vulneraba la Primera Enmienda de la Constitución de EE.UU., que establece la libertad de religión.

Trump anunció la medida apenas puso el pie en la Casa Blanca, en enero del año pasado, lo que marcó cuál sería la tónica de su presidencia. Lo hacía después de haber abogado en campaña por un «cierre total y completo de las fronteras a los musulmanes que entran en el país», en diciembre de 2015, como reacción al atentado terrorista en San Bernardino (California).

El «veto islámico» puso el grito en el cielo de la oposición demócrata, organizaciones de derechos civiles, líderes religiosos y la comunidad inmigrante. Pero Trump fue fiel a la retórica populista antiinmigrante que le aupó a la presidencia y respondió a los bloqueos judiciales con versiones del veto en las que su Administración trataba de desvincularlo de un prejuicio religioso. Presentó hasta tres versiones. La última, el pasado otoño, que establecía limitaciones para ciudadanos de ocho países, seis de ellos de mayoría musulmana: Siria, Libia, Irán, Yemen, Chad (que después salió de la lista), Somalia, Corea del Norte y Venezuela. Esta última también fue bloqueada por los tribunales, en una apelación que dejaba fuera a los dos últimos países.

Por un voto

El Supremo, sin embargo, ha dado la razón a Trump, con una mayoría justa de 5 a 4, en la que los magistrados más conservadores han votado unidos y los liberales no han encontrado apoyo de los jueces más moderados del otro espectro ideológico. La incorporación el año pasado de un juez nominado por Trump, Neil Gorsuch, ha inclinado la balanza hacia posiciones más conservadoras. La llegada de Gorsuch fue posible porque el Senado, dominado por una mayoría republicana, bloqueó la llegada del juez nominado por Barack Obama hasta que Trump se impuso en las elecciones.

La sentencia la redactó el presidente de la corte, John Roberts, que defendió que el veto «está dentro del ámbito de autoridad del presidente» y que esa autoridad no se ve deteriorada por «las palabras del presidente», en referencia a sus supuestos prejuicios contra los musulmanes. La sentencia establece que no ve en el veto discriminación religiosa por impedir la entrada a determinados extranjeros por cuestiones de seguridad.

«Es una victoria tremenda para el pueblo estadounidense y para nuestra Constitución», dijo Trump en un breve encuentro con periodistas. Antes, la Casa Blanca emitió un comunicado en que la sentencia era «una reivindicación después de meses de opiniones histéricas de los medios y de los políticos demócratas».