Pedro Rodríguez - De lejos

Stalin en versión tropical

Maduro se rige por el principio estalinista de «muéstrame el hombre y te encontraré el delito»

Pedro Rodríguez
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La sistemática violación de derechos fundamentales forma parte de los grandes «éxitos» logrados por el socialismo del siglo XXI en Venezuela. Cuanto más han cuestionado los propios venezolanos al chavismo, el régimen ha demostrado su disposición a emplear toda la fuerza necesaria para conseguir su objetivo fundamental que no es otro que preservarse en el poder. Desde hacer la vida imposible a los líderes de la oposición al asesinato de docenas de manifestantes en las protestas del año pasado, el Stalin en versión tropical que es Maduro ha demostrado con creces su falta de escrúpulos.

La muerte del concejal Fernando Albán mientras se encontraba detenido en el Helicoide, la siniestra sede caraqueña del Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN), habría sido un paso más en el descrédito de un régimen del que ya no se sabe muy bien si es más corrupto que sanguinario. La defenestración de disidentes es algo que los venezolanos asocian con las dictaduras militares que sufrieron múltiples países iberoamericanos en los años setenta. Un pasado muy obscuro cuya denuncia ha servido al régimen de Maduro para obtener bastante millaje populista.

Ante las dudas y las condenas generadas dentro y fuera de Venezuela, el fiscal jefe Tarek William Saab ha intentado cerrar lo ocurrido con ayuda de una versión oficial que tiene más agujeros que un queso suizo: Albán se suicidó saltando del décimo piso del SEBIN donde se le estaba interrogando por su supuesta implicación en el atentado con drones-bomba perpetrado el pasado agosto contra Maduro.

Los líderes de la oposición, con el respaldo de múltiples gobiernos extranjeros, no se creen tanta patraña y acusan al régimen de torturar y asesinar al político detenido en el aeropuerto de Maiquetía al retornar de un viaje a Estados Unidos. Es más que notorio el historial de ensañamiento contra alcaldes y concejales venezolanos que intentan mantener una mínima resistencia democrática. Desde hace tiempo, el régimen se rige por el espeluznante principio estalinista de «muéstrame el hombre y te encontraré el delito».

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