Pedro Rodríguez

«Speaker»

Cuestionar a Nancy Pelosi es la tardía introspección que no ha hecho el Partido Demócrata tras Obama

Pedro Rodríguez
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El puesto de «Speaker» en Washington, inspirado en el parlamentarismo británico, se remonta a la sección 2 del artículo I de la Constitución de1787. Es la autoridad que preside sobre la Cámara de Representantes, elegido por una mayoría del partido con más escaños. Por lo tanto, es una figura que combina liderazgo político y parlamentario. Preside sobre debates, designa importantes cargos en el Capitolio, controla el tráfico legislativo y mantiene el orden en una institución no acostumbrada al intenso troleo de Westminster. Junto a sus responsabilidades más o menos ceremoniales también figura la condición de ser el número dos, después del vicepresidente, en la línea de sucesión presidencial.

En virtud de los resultados de las recientes «midterm», los demócratas han recuperado la mayoría en la Cámara Baja que perdieron en 2010. Y ahora les toca elegir «Speaker» para liderar la legislatura bianual que comenzará en enero con posibilidad de degenerar en una paralizante batalla campal contra el trumpismo. La candidata más evidente es Nancy Pelosi, que ya ocupó ese puesto en los tiempos en que los demócratas eran un partido de gobierno dentro y fuera de Washington antes de su declive tras los dos primeros años de Obama en la Casa Blanca.

Con interesado entusiasmo, el presidente Trump ha insistido en que Pelosi debe volver a ser «Speaker» si hace falta con votos republicanos. Ya se sabe que para el nacional-populismo, la lideresa demócrata es lo más parecido a un regalo. La veteranísima congresista de 78 años -que representa San Francisco y combina Armani con progresía cosmopolita- es una caricatura del establishment más elitista y desconectado con la realidad de Estados Unidos.

En realidad, Pelosi es mucho más pragmática que progresista. Su argumento favorito es que sin poder, no se puede hacer nada. No obstante, algunos demócratas se atreven a replantearse ese pragmatismo y buscan alternativas en una rebelión a fuego lento. Cuestionar a Nancy Pelosi es la tardía introspección que el Partido Demócrata tendría que haber hecho tiempo atrás.

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