La Policía encajonó a los manifestantes en corralitos formados por vallas frente al Hotel Waldorf Astoria. Corina Arranz

La sombra de las Torres Gemelas nubla las protestas

Entre el abrumador despliegue policial, la sombra ausente de las Torres Gemelas y el impacto en Nueva York, unido al desconcierto estratégico que la brutal violencia terrorista sembró en el multifacético movimiento antiglobalización, además del frío pelón, desbarataron las protestas previstas en Manhattan contra el Foro Económico Mundial.

NUEVA YORK. A. Armada, corresponsal
Actualizado:

Ayer se presumía como el «día grande» de las manifestaciones contra la cumbre que se ha trasladado por primera vez de la ciudad suiza de Davos a Nueva York, pero los megáfonos que trataban de calentar las gargantas de los pocos centenares de activistas que fueron encerrados en corralitos por la Policía parecían voces que clamaban en una más bien tranquila Park Avenue, donde el escaso tráfico corría entre las barreras, los «hombres de azul» y las cámaras de los periodistas.

Mas éxito que en la calle lograron los activistas informáticos con «nombres de combate» como Teatro de Alteración Electrónica, Desobediencia Civil Electrónica y Federación de Acción Aleatoria, que el viernes sabotearon la página virtual del foro, www.weforum.org.

Desde el interior de los vagones del Metro a las estaciones, puertas y cristaleras de cadenas comerciales como McDonalds o GAP, no hay manzana de la ciudad, y sobre todo doce manzanas en torno al hotel Waldorf Astoria, sede de los debates, que no cuente con su racimo de policías. Son varios miles de una fuerza policial de 40.000 hombres los que han sido movilizados para «proteger» a los cerca de 3.000 invitados procedentes de 106 países (30 jefes de Estado, 100 ministros, y 74 embajadores, con nombres tan variados como el Rey Abdalá II de Jordania; el secretario general de la ONU, Kofi Annan; el presidente de Microsoft, Bill Gates, o Bono, líder del grupo de rock U2) que mañana echarán el cierre a una convocatoria en la que, más que en ocasiones anteriores, participantes procedentes de EE.UU. y otros países desarrollados han hecho hincapié en la imperiosa necesidad de poner coto a la indiferencia frente a las frustraciones de los países subdesarrollados, caldo de cultivo del resentimiento y río revuelto para pescadores astutos y sin escrúpulos a la hora de cebar el anzuelo como Osama bin Laden.

La Policía, más relajada que en días precedentes, filtraba ayer a todos los que trataban de llegar a los corralitos formados con barreras de metal en uno de los carriles de Park Avenue ante el Waldorf Astoria.

BOSQUE DE PANCARTAS

Un bosque ambulante de pancartas amarillas unipersonales coronaba las cabezas de los varios centenares, tal vez unos poquísimos millares, que lograron vencer todas las incomodidades y reticencias para hacerse oír en una de las avenidas más lujosas y más pobladas de millonarios del globo. Consignas como «Fuera Estados Unidos de Oriente Medio», «Dinero para viviendas, no para armas», «Solidaridad con los inmigrantes», se leían en las pancartas, que a veces eran coreadas.

Pero Mariana Gastón, cubana de 56 años, que en 1961 se vino de la isla con sus padres, «desilusionados del curso que tomó la revolución», no pierde la moral. «Maestra de maestros» en Nueva York, se queja de esos corralitos en que los han encerrado, que desconecta a los manifestantes y los aísla. Gastón lo atribuye al miedo reinante, provocado tanto por el terrorismo como por las medidas extraordinarias de la Casa Blanca, que a su juicio «están encogiendo las libertades en EE.UU., sobre todo para los inmigrantes». Cree que «el miedo a hablar, a disentir, es cada vez más palpable». Desde su esquina, encajonada, se ven las inaccesibles ventanas del lujoso Waldorf Astoria. Reconoce que «los ricos han empezado a hablar de los pobres», pero, añade: «Están tratando de hacer como que les importa, pero en realidad sólo les importan sus ganancias y cómo seguir explotando al Tercer Mundo y a los trabajadores».