«Sólo los “halcones” podemos hacer la paz definitiva con los palestinos»

Los asesores de Ariel Sharón, con el todopoderoso norteamericano Arthur Finkelstein, presente en esta conversación, a la cabeza, le han «ordenado» que hable muy poco en público y nada con los medios extranjeros. Sus excesos orales se pueden pagar en las urnas. De ahí que sea su jefe de campaña, Meir Sheetrit, quien dé la cara. Aquí se la ofrece a ABC.

TEL AVIV. Juan Cierco, corresponsal
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Es el rostro amable del Likud. Meir Sheetrit nunca dice una palabra más alta que otra y apuesta sinceramente —votó en el Parlamento a favor de los acuerdos de Oslo— por una paz, muy particular eso sí, con los palestinos.

— ¿Qué o quién puede impedir una victoria de Ariel Sharón en las elecciones?

— Nada ni nadie. El martes por la noche Ariel Sharón será primer ministro de Israel. Ni siquiera Simón Peres, siempre muy popular cuando es un candidato virtual, siempre derrotado en los momentos decisivos, hubiese puesto en peligro nuestra victoria.

— La actual Knesset es ingobernable. ¿Apuesta el Likud por un Gobierno de Unidad Nacional?

— Más de un 80 por ciento de los israelíes apoya un Gobierno entre el Likud y los laboristas. La situación económica, social, política, de seguridad por la que atraviesa hoy Israel nos obliga a buscar ese Gobierno de unidad apoyado por la mayor parte de los partidos que componen la Knesset.

— Pero Ehud Barak parece muy reticente.

— Pongámonos en una hipótesis harto improbable. Aceptemos por un momento que Barak gana las elecciones. A la semana tendría que volver a dimitir y convocar unas elecciones generales puesto que la mayoría del Parlamento está contra él. Sólo le apoyan 30 diputados de 120. Con un Gobierno de Unidad Nacional los partidos pequeños, que tradicionalmente dictan con sus exigencias particulares la política general de todo un país, perderían poder y capacidad de influencia.

«HALCONES DE LA PAZ»

— Los árabes en general y los palestinos en particular creen que será casi imposible sellar la paz con Sharón en el poder.

— Queremos la paz pero no la paz de Barak. En Oriente Medio se da una paradoja. Cohabitan los «halcones de la paz» con las «palomas de la guerra». Sólo los «halcones» podemos hacer la paz con un consenso general. Cuando Netanyahu ordenó la retirada de Hebrón, más de 95 diputados le dieron su visto bueno. La paz definitiva con los palestinos sólo podrá hacerla un primer ministro del Likud.

— ¿Pero hay posibilidades reales de firmar la paz en breve?

— Sharón sorprenderá al mundo como primer ministro como ya lo hizo Beguin en 1977. Entonces, la campaña de la izquierda también hablaba de una guerra con los árabes con el Likud en el poder. Meses después, Beguin firmaba la paz con Egipto.

— Para lograr esa paz tendrán que flexibilizar, entre otras cosas, su postura sobre Jerusalén.

— Jerusalén nunca será la capital del Estado palestino. Yo no pido La Meca, que ellos no nos pidan Jerusalén. Es nuestra capital no desde los tiempos de Camp David sino desde los del Rey David. ¿Estarían ustedes los españoles dispuestos a ceder parte de Madrid a los vascos?

— Eso no tiene nada que ver con lo que estamos hablando.

— No sé si tiene que ver, lo que sí sé es que las reivindicaciones palestinas sobre Jerusalén son ridículas.

— Sharón ha criticado a Barak por negociar con Arafat antes de las elecciones a la vez que sus colaboradores se reunían con los palestinos en Viena.

— Nosotros no hemos negociado con Arafat en los días previos a las elecciones. Sólo hemos mantenido contactos, no negociaciones, y menos para hacer concesiones, y lo hicimos porque nos lo solicitó el propio Arafat. Sharón debe, es su obligación como futuro primer ministro de Israel, mantener contactos con todos los líderes del mundo árabe.

ARAFAT, SOCIO PARA LA PAZ

— ¿Considera el Likud a Arafat un socio para la paz?

— Sí. No tenemos otra posibilidad. Arafat no es estúpido aunque a veces parezca dormido. Desató la violencia con objetivos políticos y diplomáticos. Por supuesto que mira por sus objetivos, no es un sionista ni quiere al Estado de Israel pero tiene que saber que nosotros no negociamos con gente armada.

— ¿Cree que Barak se guarda algún as en la manga para cambiar el rumbo de las elecciones?

— Barak está desesperado e intenta cualquier cosa, por contraria que sea a los intereses de los israelíes, para salir del atolladero en el que se encuentra. Pero hasta el mismo Arafat sabe que Barak está perdido.

— ¿Y se reservan alguna sorpresa?

— Nuestros misiles electorales están en el aire desde hace tiempo, ahora sólo hace falta esperar a que alcancen sus objetivos.

— ¿Ha hecho más meritos Sharón para ganar las elecciones o Barak para perderlas?

— La gente más cercana a Barak le ha ido abandonando a medida que pasaban los meses ¿Cómo puede intentar gobernar un país si ni siquiera es capaz de gobernar su propia oficina? No es una mala persona pero se empeñó en una tarea demasiado compleja y exigente para él.