Sudarat Keyuraphan (izda.) y Thanathorn Juangroongruangki, este miércoles, durante la firma de ratificación mientras informan de su intención de formar una coalición de gobierno
Sudarat Keyuraphan (izda.) y Thanathorn Juangroongruangki, este miércoles, durante la firma de ratificación mientras informan de su intención de formar una coalición de gobierno - AFP

Siete partidos de Tailandia se unen para arrebatar el poder a los militares tras las elecciones

Los «camisas rojas» y la fuerza revelación de los comicios, comandada por el joven y carismático Thanathorn, lideran este «Frente Democrático» mientras sigue el escrutinio

Enviado especial a BangkokActualizado:

Tras las elecciones del domingo en Tailandia, cuyos resultados no son todavía definitivos, siete partidos se han unido este miércoles para desalojar del poder a la Junta militar, que gobierna el país desde el golpe de Estado de 2014 y también concurrió a los comicios con su propio grupo político.

Asegurando que cuenta con 255 diputados del Congreso a tenor del primer escrutinio anunciado, que ha llegado ya al 93 por ciento, esta coalición se arroga la legitimidad democrática para nominar a un primer ministro y formar Gobierno. Al frente de esta unión se sitúa el partido Pheu Thai (Para los tailandeses), dirigido desde el exilio por los ex primeros ministros Thaksin Shinawatra y su hermana Yingluck, depuestos ambos por los militares y condenados por corrupción. A dicha formación, que habría logrado 129 escaños con el apoyo de los «camisas rojas» de las clases humildes y el mundo rural, se han coligado otros seis partidos del denominado «Frente Democrático». Entre ellos destaca Futuro Adelante, liderado por el joven y carismático empresario Thanathorn Juangroongruangkit, que ha dado la campanada en su debut electoral captando el voto de los jóvenes y podría rozar los 80 diputados. Junto a ellos, que sumarían más de 200 escaños, figuran otras fuerzas minoritarias para intentar alcanzar la mayoría absoluta del Congreso: los liberales del Seri Ruam Thai, Prachachat, Puea Chart, Poder del Pueblo y Nueva Economía.

En la presentación de este «Frente Democrático», la candidata del Pheu Thai, Sudarat Keyuraphan, se quejó de las dificultades a las que se habían enfrentado en las elecciones los partidos contrarios a la Junta militar. Además de la compra de votos e irregularidades en el recuento, denunció el abuso de los poderes del Estado para perjudicar a la oposición.

Moción de censura

Entre esos obstáculos destaca el control de los militares sobre el Senado, contemplado en la Constitución y aprobado por referéndum en 2017. Designados por la Junta militar, los 250 senadores votarán junto a los 500 diputados del Congreso la elección del nuevo primer ministro, cuyo nombramiento requiere una mayoría de 376 escaños. Gracias a dicho control del Senado, el partido de los militares solo necesitaba sacar 126 escaños en las elecciones del domingo para formar Gobierno. Una ventaja muy difícil de neutralizar para la oposición, fragmentada en numerosos partidos. Pero la coalición del «Frente Democrático» puede presentar una moción de censura o tumbar las leyes del Ejecutivo con los 255 diputados que asegura tener.

Para asegurarse los votos suficientes que le permitan nombrar al primer ministro y gobernar, el partido de los militares, Palang Pracharath, también está negociando ya con otras fuerzas políticas. Aunque los militares han conseguido menos escaños que el Pheu Thai en las circunscripciones territoriales, cuentan con medio millón de votos más que esgrimen para reivindicar su derecho a formar gobierno. «Admito que hay conversaciones con otros partidos. Todo está en marcha y confío en que los votos de los diputados se recojan pronto», reconoció su secretario general, Sontirat Sontijirawong, según informa el periódico «Bangkok Post».

Ahora está por ver qué postura toman los otros dos grandes partidos con representación en el Parlamento, que suman medio centenar de escaños cada uno. El primero es el Partido Demócrata, cuyo electorado lo componen mayoritariamente los «camisas amarillas». Así se conoce a las clases medias y altas urbanas que, respaldadas por el Ejército y luciendo el color de la monarquía, llevan batallando desde hace una década con los «camisas rojas» por el dominio político de Tailandia. Aunque su candidato, el ex primer ministro Abhisit Vejjajiva, se había distanciado del Ejército en la campaña, su dimisión por los malos resultados cosechados deja libertad a su sucesor para apoyar a un bando o a otro. En la misma tesitura se encuentra el partido Bhumjaithai, que puede ser decisivo pese a su pérdida de escaños.

Pero todas estas cábalas no servirán de nada hasta que no se anuncien los resultados definitivos de las elecciones en mayo, justo después de la coronación del rey Vajiralongkorn, quien sucedió a su padre, el venerado Bhumibol, a su muerte en 2016 y todavía no ha ascendido oficialmente al trono. Después de tres años de luto, el nuevo soberano será coronado en una fastuosa ceremonia que durará del 4 al 6 de mayo e incluirá una procesión de 52 barcazas con más de dos mil marineros de la Armada en el río Chao Phraya de Bangkok. Mientras Tailandia se prepara para ese momento histórico, que será vivido con especial emoción por la veneración que la sociedad profesa a la monarquía, se agranda la división política tras las últimas elecciones.