Palestinos heridos  son evacuados de la «Casbah» o ciudad vieja de Nablus.Epa

Sharón lanza un guiño a Bush y ordena retirar sus tropas de dos ciudades palestinas

Ariel Sharón tiene un objetivo: acabar con el «terrorismo palestino» y con la ANP de Yaser Arafat. No se detendrá hasta conseguirlo. Así lo reiteró ayer en la Knesset, en un discurso que no gustó en la Casa Blanca. Por la noche hizo de tripas corazón y anunció la retirada de Tulkarem y Qalquilia. Tibia respuesta, apenas una mueca, a las presiones de Washington.

JUAN CIERCO. Corresponsal
Actualizado:

JERUSALÉN. Palabras. Muchas. Las pronunciadas por Ariel Sharón en la Knesset que, en opinión de los pocos dirigentes palestinos aún con voz, sentenciaban a muerte los acuerdos de Oslo y a la Autoridad Nacional Palestina. El primer ministro israelí, quien ha incorporado a su Gobierno al Guesher y al Partido Nacional Religioso, cuyo líder, Effi Eitam, aboga por la expulsión de todos los palestinos, insistía ante sus señorías que no retirará sus tropas de Cisjordania hasta que acaben el trabajo; que una vez retiradas se crearán «zonas de seguridad» para evitar la infiltración de los «terroristas»; que Arafat ha creado un régimen terrorista; que está dispuesto a reunirse con los líderes árabes moderados para analizar el plan de paz saudí, y que urge instalar una nueva jefatura palestina «más responsable».

Atrincherados en la «casbah»

Hechos. Dramáticos. Nablus. Casi 500 guerrilleros refugiados en la «casbah» (ciudad vieja) para afrontar la batalla final. Entrada la noche, depusieron las armas. Campo de refugiados de Yenín. Ataques de los helicópteros «Apache» contra zonas civiles. Militares israelíes hablan de más de cien muertos palestinos. Otros dos soldados hebreos cayeron ayer. Los guerrilleros quieren resistir hasta morir, con sus cinturones-bomba, sus coches-bomba, sus casas-bomba.

Palabras. Huecas. De la oposición. De su líder, Yossi Sarid. «Ha conseguido aislar a Israel más de lo que ha aislado a Arafat. El mundo nos acusa mientras Arafat se convierte, gracias a usted, en el héroe absoluto de los palestinos». Dirigidas a Sharón.

Hechos. Trágicos. Tiroteos contra la Basílica de la Natividad en Belén. Despliegue de miles de reservistas. La «Operación Muro Protector» a toda marcha. La asistencia humanitaria, aparcada e impedida. Las convenciones internacionales, violadas.

Palabras. Ahogadas. Las llegadas desde Kentucky. Pronunciadas por un Bush ya irritado. El jefe de la Casa Blanca insistió en que el Ejército israelí debe retirarse «sin demora» de los territorios reocupados. «Hablaba en serio cuando lo dije la primera vez», apuntó, mientras reiteró que también «hablaba en serio cuando pedí la condena del mundo árabe al terrorismo y actos en su contra».

Hechos. Forzados. Anthony Zinni se entrevista con Sharón durante 45 minutos en Jerusalén y le entrega un mensaje de Bush. «La retirada debe comenzar de manera inmediata». También debe relajarse el cerco sobre Arafat.

Palabras. Amenazadoras. Del jefe de Hizbolá, Hassan Nasrallah. «Atacaremos a Israel con todo si se expulsa a los palestinos». La frontera libanesa es otra vez un polvorín.

Hechos. Revolucionados. Miles de soldados en la frontera del norte de Israel. Cohetes «katiusha» en una dirección. Bombardeos del «Tsahal» en la otra. Más frentes abiertos.

Palabras. Arrancadas. Por Miguel Ángel Moratinos que por fin pisó Ramala -para ver a Abu Mazen-. Logró hablar por teléfono con Arafat. También de respeto. Israel comienza a celebrar el Día del Recuerdo, en memoria de los seis millones de judíos asesinados en el Holocausto.

Un gesto. Apenas un guiño. En respuesta al «fuego diplomático» cruzado, de grueso calibre desde Washington, ligero desde Bruselas, el halcón israelí ordenó anoche a sus tropas evacuar las localidades de Tulkarem y Qalquilia. Se apostarán a las afueras. Seguirá la ocupación del resto de Cisjordania. Tal vez en un par de días le toque a la franja de Gaza.

Una respuesta. Cautelosa. El portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer, lo tomó como «un buen comienzo». El secretario de Estado, Colin Powell, en plena y poco esperanzada gira de mediación, fue más cauto: «Alentador, pero no suficiente... esperemos que se trate del comienzo de una retirada.