BrexitLas seis razones por las que pinchó el Remain en el referéndum

La campaña de Remain tenía algunos talones de Aquiles, a los que se volverá una y otra vez tras la victoria del Brexit (51,7%-48,3% a las cinco de la mañana, con la BBC otorgando ya el triunfo a la salida de la UE)

LUIS VENTOSO
CORRESPONSAL EN LONDRESActualizado:

1. No convences si no crees en lo que vendes

En el Partido Conservador son pocos quienes no tienen un discurso reticente contra la Unión Europea, incluso defendiendo la permanencia en ella. David Cameron, que en su juventud coqueteó con el ala euroescéptica del partido, fue presionado en la campaña llegó a reconocer que «yo también soy euroescéptico», aunque recomendaba seguir por motivos económicos, el acceso a un mercado de 500 millones de personas. Es muy difícil convencer cuando no crees en lo que vendes. Todos los discursos de la mayoría de los paladines del Remain comenzaban con una salvedad: «Aunque a mí tampoco me apasiona la Unión Europea…». Un referéndum es algo muy emocional, a cara o cruz, y es difícil que el público compre una mercancía cuando tú mismo le dices que está averiada.

2. Los viejos periódicos aún mandan mucho

En Occidente se ha querido enterrar a la prensa de papel antes de tiempo. «The Sun» y «Daily Mail», aun habiendo perdido público, conservan tiradas de más de un millón de ejemplares. Los lee un público popular, que muchas veces estudia de manera liviana los asuntos públicos y se fía de sus orientaciones. Ambos han sido visceralmente antieuropeos. «The Sun» se ha apropiado además por dos veces de la imagen de la Reina en portada, presentándola como partidaria del Brexit. El principal periódico conservador de prestigio, «Daily Telegraph» también ha pedido la salida. «The Times», aunque finalmente ha pedido el voto a Remain, ha tenido un tono euroescéptico claro durante meses, para no descuidar a ese público. Solo el laborista «The Guardian», de venta menguada en los quioscos (menos de 300.000) defendía claramente a la UE. También el amarillo «Mirror», laborista, pero entró en el asunto de frente muy al final. Cunde la sensación de que el papel ha fijado más las opiniones que el pulso eléctrico de las webs.

3. Calamitosa campaña del Partido Laborista

Han empezado tarde y sin ganas. Solo el asesinato de su compañera Jo Cox los movilizó un poco en serio al final. Corbyn ha ofrecido pocos mítines, a regañadientes y pidiendo el voto para la UE por la boca pequeña. «Yo tampoco soy un enamorado de la UE», confesó en su última entrevista televisiva. Incluso criticaba los argumentos de miedo económico del Gobierno. No ha estado cómodo pidiendo el voto en el mismo sentido de Cameron y Osborne y se le ha notado mucho. El resultado abrirá nuevas dudas sobre su liderazgo.

4. Boris es mucho Boris

Político mediático como pocos, es un personaje, rompe el molde aburrido del burócrata. Sin duda es el líder más popular a pie de calle del Reino Unido. Es una presencia impactante, que sabe hacer una broma y pone pasión en lo que dice. Ha cogido la bandera del Reino Unido en sus manos y la ha enarbolado por todo el país. Sus llamadas sentimentales al «Día de la Independencia» y el «Día de la Libertad» han funcionado. Boris sale proyectado hacia el Número 10.

5. El conglomerado de Bruselas no gusta

La UE era vista como un conglomerado burocrático, situado en un país bastante disfuncional ahora mismo (Bélgica). Los británicos, la democracia moderna más antigua de Europa, tenían la sensación de que a ellos los mandan unos Juncker y unos Tusck a los que no han elegido directamente con sus votos. Las declaraciones amenazantes desde Alemania («la salida no tendrá vuelta de hoja», o, como dijo Merkel: «Si salen no se beneficiarán del mercado único») tampoco han ayudado. Juncker, el bombero pirómano, indignó a muchos ingleses con su retador «out es out» en vísperas de la votación.

6. El miedo al extranjero

Aunque se vende el éxito del multiculturalismo del nuevo Reino Unido, muchos británicos sienten que cada vez se reconocen menos en la fachada multirracial y multife de su nuevo país. El discurso xenófobo de que los inmigrantes saturan los servicios sociales y copan los empleos no concuerda mucho con los datos reales (por ejemplo el paro es solo del 5%), pero ha calado. Cameron además se equivocó gravemente cuando prometió bajar la inmigración a cien mil al año, cuando en realidad son más del triple: 330.000. En Inglaterra no se perdona a los gobernantes que burlan así sus compromisos electorales.