Erik Westerberg, el joven secuestrado, y su padre, empresario automovilístico Epa

Secuestro «de película» de un joven millonario sueco con final feliz

«Parece el argumento de una de esas películas norteamericanas que tanto nos gusta ver. Pero era una cruel realidad y a lo largo de cinco terribles días temí por la vida de mi hijo». El padre del joven Erik relataba ayer la angustia vivida por el secuestro de su hijo, rescatado sano y salvo por la Policía.

ESTOCOLMO. CARMEN VILLAR MIR. Corresponsal
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A las 7.45 horas del pasado martes, Lars y Birgitta Westerberg, un matrimonio sueco adinerado, recibieron una llamada telefónica en su piso del centro de Estocolmo: «Si queréis volver a ver a vuestro hijo vivo, no contactéis con la Policía». Una nueva llamada, con la pretensión de obtener un rescate de 12 millones de coronas (1,2 millones de euros), dio comienzo a una terrible pesadilla que ha durado cinco días y que ha convertido el secuestro de Erik en uno de los más espectaculares del siglo.

Durante esos días, Erik, de 23 años de edad, un joven de gran fortuna debido a los negocios de su padre, permaneció atado de pies y manos en una pequeña celda oculta en el campo. Encapuchado, con los ojos y la boca tapados por una cinta adhesiva, sin más comida que algo de pan y agua, la víctima estuvo bajo la vigilancia día y noche de varios hombres armados dispuestos a dispararle y acabar con su vida «al menor movimiento».

«Esperar instrucciones»

Las órdenes recibidas por el padre con los pasos a seguir para ver liberado a su hijo eran concisas: llevar el dinero a la ciudad de Luxemburgo y, una vez allí, «esperar nuevas instrucciones». Lars Westerberg, con muy buen juicio a pesar de las duras circunstancias, contactó con la Policía sueca que inmediatamente puso sobre la pista a sus colegas de aquella ciudad.

En Luxemburgo, el sueco fue seguido muy de cerca por agentes de paisano. Una nueva llamada al teléfono móvil obligó al ejecutivo a alquilar un coche y dirigirse a Metz. De nuevo, más instrucciones: «Deberá cruzar la frontera y viajar hasta París. En la capital francesa, tras enfilar la E-1 y llegar al viaducto de Nogent-sur Marne, lanzará el paquete con «la pasta» a la carretera». Si todo era correcto, su hijo sería entonces puesto en libertad finalmente en Estocolmo.

Pago del rescate

Tras conseguir la suma de dinero pedida, y sin imaginar en ningún momento que la división francesa de vigilancia de OCRD les tenía totalmente controlados, los delincuentes iniciaron un viaje por carretera hacia Lille. En la primera estación de servicio que se detuvieron los agentes galos arrestaron a los secuestradores y recuperaron el dinero del rescate. Simultáneamente en esta capital, la Policía sueca cogió a otras dos personas vinculadas con el secuestro de Erik.

A pesar del secreto que envuelve de momento la investigación llevada a cabo por la Policía sobre el caso, algunos datos se han filtrado a la opinión pública: los implicados son extranjeros y uno de ellos tiene residencia en Alicante.

El plan ideado por los chantajistas ha sido calificado por los agentes de la Policía como «perfecto». Pero su único -aunque grave- error fue emplear teléfonos móviles (siempre localizables) para realizar sus llamadas y dar las instrucciones al empresario. El éxito de la operación se debe al excelente mecanismo de Europol, su sofisticado sistema electrónico (con la consiguiente base de datos) y a la ayuda prestada por los operadores de telefonía móvil de Europa.

Aunque la espectación levantada en torno al caso ha sido grande, mayor aún es la gratitud y el reconocimiento de la familia Westerberg a los agentes de Europol gracias a los cuales el secuestro del joven Erik tuvo un final feliz. Lars Westerberg (el padre del secuestrado) es jefe de la compañía internacional «Autolivs». Al vender a ASEA una fábrica de su familia, consiguió una respetable fortuna que ha repartido (por motivos fiscales) entre sus hijos. Su hermano ocupó el cargo de ministro de Indutria en el Gobierno conservador de Carl Bildt.