Un Paladar, restaurante privado, en una calle de La Habana Vieja
Un Paladar, restaurante privado, en una calle de La Habana Vieja - M.Trillo

Un sector privado subsiste en Cuba al margen de la Constitución

Los cubanos han ido creando negocios fuera de la ley para atender las necesidades económicas

Corresponsal en La HabanaActualizado:

Las reformas constitucionales que el régimen cubano examina bajo la tutela del primer secretario del Partido Comunista (PCC), Raúl Castro, prevén el reconocimiento del papel del mercado y «de nuevas formas de propiedad, entre ellas la privada». Sin embargo, en la isla ha subsistido un sector privado no cualificado -que el Estado denomina cuentapropismo- al margen de la Constitución y de las leyes, y que no goza de los privilegios fiscales que se extienden al capital extranjero.

Joel Nápoles, licenciado en contabilidad que ofrece servicios como tenedor de libros a dueños de negocios privados, recuerda que muchas de las estructuras que obligaron al Gobierno a reconocer, finalmente, la existencia de una actividad privada emergieron desde el mercado negro. «Servicios relacionados con el turismo, como taxis, cambios de moneda extranjera, guías turísticos, hospedajes y restaurantes de primera categoría, surgieron como negocios clandestinos a consecuencia de las profundas necesidades económicas que atraviesa aún la población cubana», señala Nápoles.

No obstante, en las actuales reformas constitucionales el régimen no estaría reconociendo, advierte Nápoles, lo más importante para los cuentapropistas: la personalidad jurídica.

«No tenemos derecho a establecer acuerdos contractuales y tampoco existe un mercado mayorista donde los cuentapropistas accedan, con precios de mercado, a insumos y bienes relacionados con nuestros servicios», acota Laura Marta Gómez, dueña de un restaurante en El Vedado. «La única legalidad que nos respalda es la licencia operativa que tramita la Oficina de la Administración Tributaria (ONAT). Es decir, el Estado lo único que propició en el orden legal, fue el otorgamiento de licencias para operar», añade.

Una red clandestina

En la práctica, a criterio de quienes administran negocios privados, todo negocio privado en Cuba depende de una red de actividades clandestinas.

Las reformas de liberalización económica emprendidas desde 2011 no lograron hacer más eficientes a las instituciones del Estado, que deberían orientarse más al bienestar ciudadano y menos a los intereses políticos. Estas circunstancias generan múltiples mercados negros y redes de negocios ilegales que satisfacen distintas necesidades y abastecen casi la totalidad de los insumos para el emergente sector privado. Vidal Romero, jefe del departamento de Ciencia Política del Instituto Tecnológico Autónomo de México, ha señalado que esta cultura de la ilegalidad está «inducida por la regulación estatal, que tiene una lógica política y no económica o social, aunada a una burocracia corrupta e inoperante». Para un cubano medio, concuerda, gran parte de sus actividades diarias son ilegales.

Las prohibiciones y restricciones al sector privado actúan como norma jurídica a través de documentos como la Conceptualización del Modelo Económico y Social de Desarrollo Socialista, que prohíbe «la concentración de propiedades y la acumulación de riquezas». «El único propósito de ese documento, que impera como ley marcial, es impedir la formación de una clase media cubana, que existe sin dudas, pero de forma ilegal», opina Lando Izquierdo, administrador de dos gimnasios en Habana del Este.

En su discurso del 18 de diciembre de 2010, Raúl Castro abogó por «defender los intereses de los trabajadores por cuenta propia», igual que «con cualquier otro ciudadano, siempre que actúen en cumplimiento de las normas jurídicas aprobadas». Tres meses antes Fidel Castro dijo a los periodistas norteamericanos Jeffrey Goldberg y Julia Sweig que «el modelo cubano no sirve ni para nosotros mismos».

Para Leonel Gerardo Rodríguez, contratista de una brigada de servicios constructivos privada, las reformas constitucionales que estarían reconociendo las aportaciones del sector privado a la economía del país «van por un camino distinto a las medidas coercitivas que aplica el Estado». «Medidas que al final conducen a que los negocios privados, como única salida, vuelvan a su origen: la ilegalidad, el soborno y la corrupción. No te permiten crear una fortuna desde la honradez, queremos hacer lo correcto, pero el Estado te bloquea», concluye.