Gerhard Schröder se informa antes de participar en la reunión de su grupo. AFP

Schröder consigue asegurar una ajustada mayoría para su reforma laboral

ROSALÍA SÁNCHEZ. SERVICIO ESPECIAL
Actualizado:

BERLÍN. Se trata de un importante éxito del canciller Schröder en la lucha contra reloj para ganar la votación de la reforma laboral que tendrá lugar el viernes en el Bundestag.

Ayer consiguió definitivamente el apoyo íntegro de los grupos parlamentarios Socialdemócrata y Verde, venciendo las reticencias de los sectores más críticos a base de concesiones.

Tras días de intensas negociaciones, una votación de prueba realizada ayer por los diputados socialdemócratas resultó casi unánime: ningún voto negativo y ninguna abstención. Sólo un diputado Verde, Werner Schulz, no tenía claro anoche, todavía, su voto.

El vicepresidente del grupo parlamentario, Ludwig Stiegler, bromeaba al anunciar el éxito: «Ha entrado con mantequilla, pero ha entrado». El triunfo de Schröder ha costado 14 modificaciones en el proyecto de ley original, ocho amenazas de dimisión por parte del canciller y votaciones a mano alzada, un procedimiento inusual.

Aún así y por si acaso, la consigna es, según fuentes de la sede del SPD: prohibido ponerse enfermo el viernes. La ausencia de cualquier diputado podría resultar funesta para la reforma debido a la ajustada mayoría de que dispone Schröder.

Actitud sin precedentes

El mismo canciller, junto con su ministro de Exteriores, Joschka Fischer, adelantarán su regreso a Berlín desde Bruselas, donde debe asistir a la cumbre de la UE, y ha pedido a su colega Chirac que sea su representante en la mesa de jefes de gobierno europeos, en una sensacional demostración de que las relaciones entre Francia y Alemania están atravesando una época dorada sin precedentes.

«Creemos que es una novedad absoluta en la historia de la Unión Europea, pero también la expresión del buen estado de las relaciones entre los dos países», dijo un portavoz del Gobierno alemán. Schröder ha ganado la batalla, pero no la guerra.

La oposición amenaza con faltar al consenso que requieren los recortes sociales, para su total legitimación ante la opinión pública y, en última instancia, tiene mayoría en el Bundesrat, cámara que debe ratificarlos. «Encontraremos medios y caminos de poner a prueba la mayoría del canciller», dijo ayer Michael Glos, de la Unión Socialcristiana (CSU). Esta actitud podría costar más retoques a la reforma laboral. Y quedan también los sindicatos.

El poderoso IG Metall comenzó ayer su asamblea en Hannover y su nuevo líder, Jürgen Peters, desenterró el hacha de guerra y anunció una campaña de resistencia. Esta tarde, Schröder se dirigirá a la asamblea de IG Metall con el que se espera sea uno de los discursos más encendidos en defensa del proyecto reformador.