Cartel de Alternativa para Alemania en Baviera
Cartel de Alternativa para Alemania en Baviera - REUTERS

La sangría del voto socialdemócrata alimenta a la derecha radical de AfD

Las encuestas avanzan un mínimo histórico para la CSU este domingo

Corresponsal en BerlínActualizado:

A solo unos días de las elecciones regionales de Baviera, una encuesta a escala federal marcaba ayer un nuevo mínimo histórico del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), el 15%. Según un sondeo realizado por el instituto demoscópico GMS, los socialdemócratas son ya el cuarto partido, por detrás de la CDU, los radicales de Alternativa para Alemania (AfD) y también de Los Verdes. Mientras la CDU de Merkel se mantiene en el 34%, el SPD vuelve a perder un punto porcentual en dos semanas, el mismo porcentaje que gana AfD, que alcanza ya el 18%, confirmándose un trasvase.

AfD ya ha demostrado «desempeñarse bien en distritos electorales con salarios más bajos, mayor tasa de paro y sentimiento de falta de perspectivas», según un estudio del Instituto de Economía Alemania (IW), que certifica mejores resultados de este partido antieuropeo y anti extranjeros «en territorio natural del SPD». Todos los expertos coinciden en que, si bien tras su fundación robó principalmente votos a los partidos conservadores, AfD se está beneficiando ahora especialmente de la sangría del voto socialdemócrata. «Los partidos tradicionales tienen grandes dificultades para representar la actual dinámica social», dice Karsten Grabow, de la Fundación Konrad Adenauer, «este desarrollo está afectando especialmente al SPD, cuyos votantes identifican curiosamente en el mensaje de AfD una perspectiva favorable». Otro politólogo, Herfried Münkler, de la Universidad Humboldt, que recuerda que AfD es ultraconservador en materia de inmigración y fronteras, pero socialista de puertas hacia adentro, y establece además alarmantes paralelismos entre esta dinámica de voto y la República de Wiemar. «En lugar de lamentarse, los partidos tradicionales deberían reconocer la realidad y dedicarse a asumir las consecuencias», dice Grabow, pero la directiva del SPD, lejos de hacer autocrítica, culpa de su penosa situación a los bávaros.

La presidenta del SPD, Andrea Nahles, ha señalado que «desde el comienzo del trabajo de la gran coalición de gobierno, incluso desde que comenzaron las negociaciones para formarla, ese trabajo ha estado siendo dañado masivamente de cara a la opinión pública por las disputas de dirección entre la CDU y la CSU», culpando así a los socialcristianos bávaros del descontento y amenazando incluso con poner fin a la gran coalición. «Si el problema de la Unión continúa eclipsándolo todo, no creo que tenga sentido seguir trabajando juntos», ha dicho, añadiendo así más presión sobre las regionales bávaras de este domingo y creando la paradoja política en la que, cuanto más reforzada salga la CSU, menos esperanza de vida le queda a la gran coalición de Berlín.

Las encuestas avanzan un mínimo histórico para la CSU este domingo, el 35%, seguida de Los Verdes con el 18%, el SPD con el 12% y AfD, que parece haber tocado techo regional en el 10%, muy por debajo de la media a escala federal. Los analistas consideran precisamente que su resultado es más bajo en Baviera porque el electorado del Land más rico de Alemania no comulga con contenidos en el programa de AfD, como firmes concesiones fiscales a pensionistas y familias jóvenes, exigencias de subidas salariales y una «pensión Baviera» generalizada para los jubilados de la región de 1.300 euros, 1.700 para una pareja, así como nuevas normativas para las iglesias, a las que se refiere como «grupos religiosos de presión» y una prohibición del asilo eclesial, al que no se adhiere la católica Baviera.

También están sirviendo de factor contraproducente algunas iniciativas de AfD, como la creación de un portal en internet dirigido a los escolares y en el que se anima a denunciar a cualquier profesor que hable mal o que se refiera de forma crítica al partido. «Los avisos detallados» que asegura haber recibido de escolares, padres y maestros sobre «presuntas violaciones de la neutralidad», son desde la perspectiva de la CDU «denuncia organizada, un instrumento de las dictaduras, y quien lo organiza como partido (...) dice mucho de lo que entiende por democracia», ha dicho la ministra de Justicia, Katarina Barley.

Así, Baviera parece abocada a una compleja gobernabilidad de alianzas insólitas en la que la gran coalición de Berlín volverá a ser puesta a prueba. Los grandes partidos rechazan cualquier pacto con AfD, pero la tentación para la CSU en Múnich será poderosa.