Joe Biden y Pedro Sánchez
Joe Biden y Pedro Sánchez - Afp / Efe

De Sánchez a Biden: no todos los plagios duelen igual

El candidato favorito a las primarias demócratas vuelve a tropezar con la apropiación de contenidos ajenos al tomar prestadas ideas de otros para sus programas sobre educación y medio ambiente

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

Joe Biden, el candidato presidencial favorito para ganar las primarias demócratas, debe andar lamentando que no le tocara nacer en España. El actual presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, amanece cada mañana en la Moncloa y su partido ha sido el más votado en las recientes elecciones generales después de que se conociera que cometió varios plagios en su tesis doctoral. Sánchez copió párrafos enteros de otros autores sin entrecomillarlos, hizo lo mismo con informes oficiales y se autoplagió con artículos propios sin cita, como desveló el año pasado este periódico. La tesis doctoral, defendida en 2012, le validó para ser profesor universitario y le dio un marchamo de prestigio académico para su posterior ascenso político. Nada que ver con los disgustos pasados y actuales de Biden por copiar.

Sánchez todavía era un bachiller en el instituto Ramiro de Maeztu cuando Biden ya participaba en su primera carrera por la presidencia de EE.UU. Era el año 1987, en medio de las primarias demócratas, y Biden se quedó enamorado de una cinta con un mitin de Neal Kinnock, entonces el líder del partido laborista de Reino Unido.

El candidato empezó a utilizar algunas de las frases de Kinnock en su campaña política. Al principio, le citaba. Después, ya no. Y acabó metiéndose en su historia, repitiendo casi palabra por palabra las alusiones de Kinnock a la ausencia de titulados universitarios en su familia, a la clase obrera que picaba piedra en las minas y luego jugaba al fútbol, a la gente con talento que no tuvo oportunidades porque no les ofrecieron una plataforma para crecer.

Después se constató que la familia de Biden no era minera, que varios habían ido a la universidad –e incluso un ancestro fue senador estatal–, que el discurso lo había copiado de Kinnock y que, para rematar el cuadro, ya había sido acusado de copiar cuando era estudiante de derecho en la Universidad de Syracuse en los años sesenta. También que había robado frases de otros políticos, como Robert F. Kennedy y Hubert Humphrey. En solo once días, su asalto a la Casa Blanca descarriló.

Eso no le impidió después tener una larga carrera política en el Senado, intentar otra carrera –también frustrada– a la presidencia en 2008 y recomponer su capital político como vicepresidente de Barack Obama.

Ahora, a sus 76 años, Biden vuelve a la carga con otra candidatura presidencial. Los ocho años como lugarteniente de Obama le sirven como trampolín y, en las aguas revueltas de unas primarias atestadas de candidatos izquierdistas, lidera las encuestas. Pero, como un estudiante incorregible, ha vuelto a tropezar en la piedra de apropiarse de la creación intelectual ajena.

Esta semana se ha conocido que Biden tomó prestadas ideas, a veces calcadas al milímetro, para la redacción de sus programas de educación y medio ambiente. Eran conceptos sobre almacenamiento de dióxido de carbono o sobre escuelas técnicas copiados de grupos de interés en estos campos.

Fue «sin darse cuenta», según su campaña

La campaña de Biden lo justificó como un error de atribución. «Quienes elaboraron los borradores en esos documentos programáticos dejaron algunas citas fuera del documento final sin darse cuenta y el vicepresidente Biden no era consciente de ello», aseguró Kate Bedingfield, su portavoz. «Tan pronto como vieron el error, lo corrigieron».

La gravedad de esta falta de atribución no es comparable al plagio de una tesis doctoral, que habilita para una plaza de profesor en una universidad pública. A diferencia de Sánchez, dos ministros alemanes han tenido que dimitir en la última década tras descubrirse que copiaron parte de sus tesis (en el Parlamento, Sánchez lo utilizó para cargar contra el Gobierno de Mariano Rajoy y celebró la existencia de gobiernos en Europa en los que «personas que han desempeñado responsabilidades ministeriales y a las que se les ha descubierto que han plagiado una tesis lo que han hecho ha sido dimitir»).

Sin embargo, en el caso de Biden llueve sobre mojado y el último episodio de plagio podría ser utilizado como munición por sus contrincantes cuando la refriega de la campaña electoral se recrudezca.