El nuevo ministro de Interior de Italia, Matteo Salvini, llega al centro de inmigrantes en Pozzallo, Sicilia - AFP | Italia estrena su nuevo gobierno con un desfile militar ATLAS

Salvini, a los inmigrantes: «Se acabó la buena vida; empiecen a hacer las maletas»

El nuevo ministro italiano de Interior ha lanzado además estocadas a modo de advertencias contra Bruselas, Francia y España en el delicado problema de la inmigración

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«Se acabó la buena vida para los inmigrantes. Qué empiecen a hacer las maletas». Con esta impactantes palabras para la opinión pública, el ministro del Interior, Matteo Salvini, de la Liga Norte, quiso mostrar ayer que el nuevo Gobierno comienza a adoptar las medidas prometidas en campaña. Después de meses de anuncios, Salvini, el ministro más populista y antieuropeo, incidió en que su primer viaje como vicepresidente y titular de Interior, estuviera cargado de simbolismo.

Ayer el flamannte ministro de Interior visitó Sicilia, territorio que llama la «frontera del sur» entre Europa y África. Salvini se mostró en contra una vez más de la actuación de las ONG que operan en el Mediterráneo y que han ayudado en las acciones de salvamento en los últimos años. Su rechazo a esos operadores humanitarios y sus naves fue inequívoco, al señalar que «no deben atracar en los puertos italianos».

«Sicilia, el campo de refugiados de Europa»

«Basta ya de que Sicilia sea el campo de refugiados de Europa. No me quedaré sin hacer nada viendo cómo se producen continuos desembarcos. Son necesarios los centros de expulsión», dijo Salvini, explicando también que la línea a seguir es la de evitar las salidas de los inmigrantes de sus países de origen. Apoyándose en el último naufragio ocurrido ayer frente a las costas de Túnez que costó la vida de 47 personas, el flamante ministro del Interior defendió su discurso antiinmigración como remedio necesario con el que el Mediterráneo siga siendo «un cementerio». «Como ministro -continuó Salvini- trabajaré con esos gobiernos para evitar la salida de personas desesperadas que piensan que hay oro en Italia, cuando, por el contrario, no hay trabajo siquiera para los italianos».

Salvini ha lanzado además estocadas a modo de advertencias contra Bruselas, Francia y España en el delicado problema de la inmigración. «Bruselas está lejos y desde allí llegan novedades dañinas para Italia, nos darán más inmigrantes. España y Francia dejan las cargas a Italia».

Italia recibió ayer la solidaridad de Alemania y Francia, en un día en el que Matteo Salvini reiteró su política de «menos llegadas de inmigrantes a Italia y más repatriaciones». La canciller alemana Angela Merkel ha reconocido que Italia ha estado muy sola: «Parte de la inseguridad en Italia tiene su origen en el hecho de que los italianos, después del colapso de Libia, han sentido que fueron abandonados en la tarea de acoger a muchos inmigrantes». La canciller Merkel ha asegurado también que la inmigración es un tema crucial para Europa: «La seguridad de las fronteras la política de asilo común y la lucha para ir a las razones del éxodo de los emigrantes son la verdadera cuestión existencial para Europa». Por su parte, el comisario europeo de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, ha planteado la necesidad de una acción europea: «Hace falta una respuesta común a la cuestión de la inmigración; debemos construir una solución acogedora, humana, humanista». Salvini se muestra escéptico ante esas buenas palabras que le llegan de Europa: «Esperamos que pasen de las palabras a los hechos».

Difícil la extradición masiva

Del dicho al hecho hay gran trecho, debió pensar Salvini al conocer las palabras de Merkel y Moscovici, y sin duda ese refrán se lo habrá aplicado así mismo. En efecto, en la reunión que mantuvo Matteo Salvini, tras tomar posesión de su cargo, con los altos mandos de Interior, estos le explicaron claramente que será imposible poner en práctica los anuncios de las pasadas semanas sobre la expatriación en masa de inmigrantes (Salvini dijo que expulsaría a 500.000 inmigrantes irregulares), así como el bloqueo de las naves en el Mediterráneo para impedir los desembarcos en puertos italianos.

«Sin la luz verde de los países de origen no podemos expatriar a ningún inmigrante», le explicaron a Salvini los altos dirigentes de Interior. De ahí que el ministro se haya visto obligado a precisar: «Quiero mejorar los acuerdos con los países de los que parten miles de desesperados, por el bien nuestro y suyo. Es necesario ir a Túnez, país del que procede ahora la mayor parte de las personas, a Marruecos, a Egipto y a Libia, a acordar con ellos que las salidas deben disminuir. Estamos dispuestos a ayudar económicamente para que crezcan allí las familias y empresas, evitando que la gente suba en cualquier barcaza».

Obviamente, las miradas del vicepresidente Salvini y de ministros clave del gobierno se dirigen a Europa y no solo por el tema de la inmigración. En dos artículos publicados en marzo, en la revista «Le Sfide» (los desafíos), editada por la Fundación Craxi, el actual ministro de Economía, Giovanni Tria, y el eurófobo Paolo Savona, ahora jefe de la cartera de Asuntos Europeos tras vetar el presidente Mattarella su nombramiento en Economía, plantean que la enfermedad del euro está causada por los alemanes y para curarla proponen, entre otras, estas medidas: frenar a la Comisión, dar un nuevo mandato al banco Central Europeo y establecer las reglas para compartir las cargas sobre los flujos migratorios.