Salvar el mercado de los capitalistas

R. V.
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Comerciar no sólo no es de mal tono, sino que sería altamente saludable, pero habría que salvar el mercado, tanto de algunos capitalistas como de otros anticapitalistas, sugirió a este diario en la clausura de Davós su codirector, el costarricense José María Figueres. Lo que acaba con el libre mercado son los propios capitalistas que ya lo dominan -el propio Estado o las empresas establecidas- y así abominan de toda competencia. Quieren libre mercado «sólo para ellos», escribe el comentarista del Financial Times, Martin Wolf. Valga el ejemplo de Bill Gates y su concepción totalitaria del libre mercado, que no le impide pasearse por Davos como el hombre más rico del mundo. «Un mercado vivo se sitúa en un mínimo y delicado espacio entre la ausencia de leyes y un exceso de leyes», escriben dos profesores de la Chicago School of Economics en «Saving capitalism from capitalists». Pero el mismo proceso de impedir que el acuario se renueve se produce entre los países establecidos occidentales y aquellos en desarrollo, vetados de abrir tienda en el gran bazar.Junto al Kilimanjaro, 80.000 campesinos cultivan café en cooperativa. Ahora les va peor que hace diez años, explica su director, Raymond Kimaro. Se le ha dicho que el mercado está lleno de café, pero él planteó una pregunta que, el presidente de Nestlé, a su lado, no pudo contestar: ¿Y si tanto hay, ¿por qué el precio del capuchino no baja? Y las subvenciones a la agricultura en EE.UU. y en la UE laminan las solas posibilidades de las economías en desarrollo, según denunció Kofi Annan.