Sábato crea una fundación en favor de los niños de Argentina

«Voy a poner todo el ánimo porque quiero que esta fundación sea un mojón para la reconstrucción de Argentina», indicó el autor de El túnel en la presentación

C. DE CARLOS. CORRESPONSAL
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BUENOS AIRES. «Muchos se habrán reído de mis sentimientos catastróficos que se han cumplido. Pero a pesar de mis 92 años, vivo angustiado por el destino de mi país». Ernesto Sábato no se equivocó en sus pronósticos. El fatalismo del escritor se ha cumplido en Argentina al pie de la letra y le ha llevado, una vez más, a dejar apartada la literatura para entregarse a un misión social: la creación de una fundación de ayuda a los jóvenes que lleva su nombre.

El autor de El túnel alzó su voz en cuanta ocasión de injusticia era precisa. Las imágenes de los saqueos del año pasado, la pobreza, el hambre y las muertes de los niños desnutridos en Tucumán y en otras provincias del país partieron en mil pedazos el corazón del escritor más comprometido con los derechos del ser humano. «Voy a poner todo el ánimo que me quede porque quiero que esta fundación, cuando yo ya no esté, sea un mojón para la reconstrucción de nuestro país». En el Teatro Municipal San Martín de Buenos Aires, Sábato presentó oficialmente una organización que tiene, entre otros, a la actriz Nuria Espert como miembro de honor.

El primer proyecto de la entidad, auspiciada por UNICEF, ha quedado bautizado «Fogones». Al calor de los hornos de pan, se construirán siete escuelas con comedores gratuitos para chicos entre 7 y 14 catorce años. Todos recibirán comida y merienda diaria, algo que en estos tiempos que corren en Argentina, país que está en condiciones de alimentar a una población siete veces superior a la suya, parece un privilegio. La iniciativa contempla la escolarización de los menores y trabajos en una huerta que estará a su cargo. Igualmente, se les adiestrará en oficios .

El músico Eduardo Falú, miembro de la Fundación Sábato, pidió a los jóvenes «que se acerquen a estos fogones» ya que buena parte de esa juventud empobrecida, dedica el día a mendigar y las noches a hurgar entre cubos de basura.