El Gobierno de Chávez ya compró en 2005 diez mil fusiles kaláshnikov a Rusia
El Gobierno de Chávez ya compró en 2005 diez mil fusiles kaláshnikov a Rusia

Rusia espera abrir en Venezuela su fábrica de kaláshnikov en 2018

Se reactiva el proyecto, acordado por Putin y Chávez en 2006, que se paralizó por la crisis y la corrupción

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La reciente visita del presidente venezolano, Nicolás Maduro a su homólogo ruso, Vladímir Putin, va dando frutos para ambas partes. Si hace dos semanas el departamento de Finanzas ruso aceptaba reestructurar la deuda que tiene Venezuela con Rusia (3.150 millones de dólares, que pagará a lo largo de 10 años), el pasado viernes se conocieron más detalles de los acuerdos suscritos entre ambos países.

Entre ellos se encuentra la reactivación de la apertura de una fábrica de fusiles kaláshnikov en el país caribeño. «Uno de los principales proyectos entre nuestros países es la construcción de una fábrica para producir el mundialmente conocido fusil kaláshnikov. Esperamos que el próximo año la planta comience a funcionar», anunció el vicepresidente del Área Económica venezolano, Wilmar Castro Soteldo, tras la reunión de la comisión intergubernamental ruso-venezolana, que tuvo lugar en Sochi (Rusia).

De esta manera se retoma un proyecto impulsado (a pesar de la oposición de EE.UU.) por Putin y el fallecido Hugo Chávez en 2006, que se enmarcaba dentro de un gran acuerdo de venta de armas por parte de Moscú a Caracas que, además de la venta de 24 cazas rusos y 53 helicópteros, incluía la apertura de una planta para fabricar fusiles kaláshnikov y su munición (no había ninguna en Iberoamérica, un mercado importante para Rusia), cuyo coste se situó entonces en 200 millones de dólares.

Malversación de fondos

La fábrica comenzó a construirse en Maracay (estado de Aragua), pero varios motivos aplazaron su apertura: la crisis sufrida por Venezuela, provocada por la bajada del precio del petróleo; a lo que se sumó la corrupción detectada en una de las empresas que trabajaban con la adjudicataria del contrato, Rosoboronexport. En febrero de este año el exsenador Serguéi Popelniujov era condenado a siete años de cárcel por malversación de más de mil millones de rublos (17,4 millones de dólares), pagados por Venezuela y destinados a la producción de fusiles de asalto y municiones auxiliares. Esto provocó el retraso en el pago de los salarios, y en los plazos de conclusión de la obra. Ahora, tanto el Gobierno ruso como el venezolano parecen convencidos de poder llevarla a término.

El anuncio llega en plena crisis humanitaria en Venezuela, lo que ha provocado un amplio rechazo. «Es absurdo e irresponsable invertir en armas. La grave crisis que enfrenta nuestro país obliga a destinar todos los recursos a la producción de alimentos y medicinas», reaccionaba en su cuenta de Twitter la ex fiscal general de Venezuela Luisa Ortega, exiliada en Colombia. En el mismo tono se expresaba el diputado de la Asamblea Nacional Henry Ramos Allup: «Maduro prefiere invertir dinero público en fabricación de armamento para seguir peleando guerras imaginarias antes que devolverle el derecho a la salud al país», denunció en las redes sociales.