HORIZONTE

Roma no paga traidores

A Israel Cataluña le importa bien poco y no tiene ninguna agenda al respecto

Ramón Pérez-Maura
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En España hay unos 45.000 judíos que en buena parte son ciudadanos españoles. Para esa comunidad, el día más sagrado del año es la fiesta del Yom Kipur, el día de la expiación, el perdón y del arrepentimiento. En esa celebración el rezo comienza con una plegaria por el Rey de España y por que su Gobierno tenga sabiduría. Después, esos judíos rezan por el presidente del Estado de Israel y su Gobierno. Cualquiera puede entender que no hay nada de incompatible en que recen por su país y por el único Estado judío que hay en el mundo. Esta semana ha quedado claro que las plegarias de la comunidad judía no han sido escuchadas por el Altísimo. El ministro Borrell anunció su disposición a hacer al prójimo lo que jamás admitirías que el prójimo te hiciese a ti. Un ataque en toda regla.

Israel es un aliado fiable de España. Son incontables las colaboraciones que ambos países han mantenido a lo largo de décadas en materias de seguridad: desde la Policía y la Guardia Civil llueven los ejemplos de colaboraciones exitosas con Israel. Lo que es especialmente relevante cuando España es un objetivo prioritario del terrorismo yihadista –del que créanme, los servicios israelíes saben bastante. Y ¿qué le damos nosotros a cambio a Israel en su lucha contra los terroristas de Hamas y otras organizaciones criminales de Gaza y Cisjordania? Nosotros le damos la espalda. Y ahora vamos a avalar a ese «Estado» dividido en dos Gobiernos aunque la Unión Europea no lo haga. El paso de Borrell por Exteriores está sirviendo para que lave su pasado. Ya no muestra ni de lejos el mismo entusiasmo en su confrontación con los secesionistas catalanes. Y ahora también empieza a mostrar que su europeísmo de antaño se ha diluido hogaño. No paramos de mejorar.

Cataluña siempre intentó atraerse el apoyo de Israel y de la causa sionista. Las juventudes de Convergencia eran enviadas en las década de 1990 a kibutz israelíes para entender la lucha del pueblo judío por conseguir sacar adelante el Estado de Israel. Esa relación dio frutos como se pudo comprobar el 18 de enero de 2012, día en que la Federación de Comunidades Judías de España dio el premio Samuel Hadas a 18 personalidades españolas. De ellas cuatro eran catalanas: Jordi Pujol, Joan B. Culla, Pilar Rahola y Villenç Villatoro. Y en nombre de todas las asociaciones de amistad España-Israel intervino la Associació de Relacions Culturals Catalunya-Israel. El peso de Cataluña ante Israel es evidente. Pero a Israel Cataluña le importa bien poco y no tiene ninguna agenda al respecto. Los secesionistas han puesto toda la carne en el asador por lograr algún tipo de reconocimiento, aunque sólo fuera una visita de un ministro israelí. Absolutamente nada han obtenido.

Un gran empresario judío y español tuvo un papel muy relevante a la hora de lograr el 6 de noviembre de 2017 que el presidente del Estado de Israel, Reuven Rivlin, hiciera en la cena de gala del Palacio Real, durante la visita de Estado, una apuesta inequívoca por la unidad de España. Cuando murió Simón Peres, el recién proclamado Rey de España, Felipe VI, fue sentado en los funerales por delante de personalidades como el presidente de los Estados Unidos o la canciller alemana y todos los demás que acudieron. Y ahora, el Gobierno Sánchez ha tenido la brillante idea de reconocer el Estado Palestino. Ya comprendo que un plagiario doctoral no debe de saber que Roma no paga traidores.

Ramón Pérez-MauraRamón Pérez-MauraArticulista de OpiniónRamón Pérez-Maura