Revés histórico para Erdogan tras perder Ankara y Estambul

Los islamistas fueron la fuerza más votada en las locales pese a perder ocho de las doce grandes ciudades

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Turquía espera con una mezcla de sorpresa e incertidumbre la respuesta de Recep Tayyip Erdogan a los resultados cosechados por su partido en las elecciones municipales del domingo. El islamista Partido de la Justicia y el desarrollo (AKP), en coalición con el ultraderechista Acción Nacionalista (MHP), fue la fuerza más votada a nivel nacional con más del 51 por ciento de los votos, pero perdió el control de ocho de las doce ciudades más importantes del país, entre ellas Ankara y Estambul. Los islamistas anunciaron que impugnarán los resultados tras este revés histórico para un presidente acostumbrado a ganarlo todo y cuyo partido no dominará en la capital del país por primera vez desde los noventa. Igualmente dolorosa, más si cabe a nivel personal, es la pérdida del ayuntamiento de Estambul, donde vive un 20 por ciento de la población del país, porque esta fue la ciudad en la que Erdogan comenzó su carrera política y es el espejo de Turquía al mundo.

La apisonadora electoral del AKP volvió a ser efectiva, como lo ha sido en todas las elecciones desde 2002, gracias al apoyo en la Turquía rural, pero esta vez fue una victoria agridulce pese a obtener un 2 por ciento más de votos que en las generales de junio. El Partido Republicano del Pueblo (CHP, socialdemócrata) sale reforzado de los comicios y Ekrem Imamoglu se llevó la alcaldía de Estambul en un recuento de infarto que le concedió 25.000 votos más que un AKP cuyo candidato no dio el brazo a torcer. El ex primer ministro Binali Yildirim denunció irregularidades en el proceso y advirtió que “la última palabra la tendrán las autoridades judiciales”

Problemas económicos

En un tono que sonó a leve autocrítica, Erdogan declaró que “si ha habido algunos errores, es nuestra obligación corregirlos”. El mandatario calificó los comicios de “claves para la supervivencia” del país y de su partido, y estuvo metido de lleno en la campaña con más de cien mítines diarios en los últimos dos meses. Es la primera cita con las urnas desde que en verano se convirtiera en “súper-presidente” al transformar Turquía en un sistema presidencialista y arrasar en las urnas. Los poderes extraordinarios que se otorgó no han sido suficientes para frenar una crisis económica que, según analistas como Abdullah Bozkurt, director del portal nordicmonitor, “es la auténtica oposición que tiene Erdogan, no los partidos políticos a los que puede manipular, dividir y neutralizar”.

El mes pasado la economía turca entró oficialmente en recesión técnica tras dos trimestres consecutivos de caídas y lo hizo por primera vez desde 2009. La lira ha sufrido una devaluación del 33 por ciento respecto al dólar y la inflación alcanza el 20 por ciento, unos parámetros que Erdogan no ha logrado mejorar y que le han pasado factura en la grandes ciudades del país. En lugar de criticar la gestión doméstica, el presidente siempre culpa de estos problemas financieros a fuerzas extranjeras y en esta ocasión la cuesta abajo empezó en agosto cuando estalló la discusión con Donald Trump a cuenta de un pastor estadounidense preso en Turquía.

Bozkurt, veterano periodista exiliado en Estocolmo tras la caza de brujas que lanzó Erdogan después del golpe militar de 2016, subraya que el presidente “controla el poder judicial, ejecutivo y legislativo, además de las agencias de seguridad. Este resultado puede ayudar a reforzar la moral de la oposición, pero poco más y hay que recordar que el ministro de Interior puede quitar a los alcaldes de sus puestos si recibe la orden de Erdogan, como ya ha hecho con varios kurdos, para reemplazarlos por gente leal”.

Fuerte polarización

En la cada vez menos diversa prensa turca se pudo ver la división entre la mayoría de medios leales al presidente que destacaron la victoria del AKP y las voces de la acallada oposición que valoraron el resultado como un toque de atención al mandatario como Rahmi Turan, columnista de Sozcu, diario secular y nacionalista, que habló de “tarjeta amarilla al gobierno”. Para Eduard Soler, investigador del CIDOB de Barcelona, “Erdogan podría ahora intentar culpar a los candidatos de su partido de un resultado que no esperaba, que demuestra la fuerte polarización que existe en el país y que vuelve a poner de manifiesto que los turcos no pierden la fe en las urnas porque la participación ha vuelto a ser altísima (un 85 por ciento)”. Soler apunta también a la “grave situación económica”como el principal factor de desgaste que ha sufrido el AKP. Erdogan tiene ahora cuatro años sin elecciones por delante para intentar reconducir la situación y recuperar la confianza de los grandes núcleos urbano.