Republicanos y demócratas se disputan las legislativas más reñidas de la década

Es la campaña legislativa más cara de la historia, y las encuestas le atribuyen la capacidad de dar al Congreso de Estados Unidos el mayor vuelco que se haya visto desde que en 1994 el Partido

POR MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL NUEVA YORK.
Actualizado:

Es la campaña legislativa más cara de la historia, y las encuestas le atribuyen la capacidad de dar al Congreso de Estados Unidos el mayor vuelco que se haya visto desde que en 1994 el Partido Demócrata perdiese las dos cámaras por goleada, dos años después de que Bill Clinton llegase al poder.

La batalla no es fácil. Los demócratas no tienen un ambicioso plan que vender a todo el país, como el «Contrato con América» que idease el diputado Newt Gingrich, en el que prometió sacar adelante diez leyes en cien días si su partido se hacía con la mayoría. A falta de un plan maestro, la lucha es estado por estado y distrito por distrito, pero en algunos la batalla es a vida o muerte.

En el Senado, donde se renueva un tercio de los escaños, los demócratas necesitan ganar seis y no perder ninguno. Por eso el asiento de New Jersey tiene nerviosos a todos. Allí, el senador Bob Menéndez, hasta hace poco una de las grandes promesas hispanas, ve su plaza amenazada por un joven de 38 años, hijo de un querido gobernador, que ha logrado asociarle con los casos de corrupción que tienen hastiados a los votantes. Los estrategas republicanos ven en él su mejor oportunidad para arrebatarle un asiento a los demócratas. De conseguirlo, sería la primera vez desde 1974 que un republicano se sienta en un escaño senatorial de New Jersey.

Siete estados

Los estrategas demócratas han puesto todos sus caballos de la guerra en siete estados: Pensilvania, Montana, Ohio, Missouri, Rhode Island, Tennessee y Virginia. Las encuestas los sitúan bien en los dos primeros, mientras que Ohio y Missouri están empatados, y los dos estados sureños suelen ser bastión conservador. Aún así, es en estos dos últimos donde las encuestas les auguran sorpresas tan agradables que ni ellos mismos se atreven a creer.

La oportunidad de Tennessee se ha abierto con el asiento que deja vacante el senador William Frist, de quien se rumorea como uno de los candidatos potenciales para sustituir a George W. Bush. Se lo disputan el millonario republicano Bob Corker y el diputado demócrata Harold Ford, que de ganar podría convertir se en el segundo senador negro del país, después de Barack Obama, y el primero de su Estado desde tiempos inmemoriales.

Conquistar el Sur

Ford reconoce que «la imagen nacional del Partido Demócrata no vende bien en el Sur», así que ha hecho todo lo posible para alejarse de ella, hasta el punto de que sus ideas arquean cejas entre algunos de los conservadores más aguerridos. El joven de 36 años propone dotar al presidente Bush de más poderes para combatir el terrorismo y sellar las fronteras a los inmigrantes durante 45 días para llevar a cabo un recuento concienzudo de los que están en el país.

Si bien la Cámara Alta es la prioridad de los demócratas, los analistas dan más posibilidades al partido de Clinton y Howard Dean en la de Representantes, donde hasta la hecatombre de 1994 habían mantenido la mayoría durante 40 años. Allí la líder demócrata Nancy Pelosi se prepara ya para ser investida como la primera mujer que se convierte en portavoz de la Cámara. La congresista de San Francisco es vista como una de las diputadas más liberales por proceder de la cuna de los homosexuales y haberse opuesto desde el principio a la invasión de Irak, pero si se le cumple el sueño promete proceder con cautela y no proponer el «impeachment» de Bush.