La CIA reconoce que «recicló» nazis para su ofensiva durante la Guerra Fría

En lo que se puede calificar como un tesoro histórico pero también como una vergüenza nacional, la CIA ha publicado 10.000 documentos sobre la cúpula del régimen nazi. Material secreto donde se reconoce cómo los norteamericanos «reconvirtieron» sin dudar a toda una serie de agentes que sirvieron a Adolf Hitler para la ofensiva de espionaje generada por la Guerra Fría.

WASHINGTON. Pedro Rodríguez, corresponsal
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El material desclasificado por la CIA pertenece a los dosieres personales de veinte destacados nazis, desde el propio Adolf Hitler hasta el doctor Josef Mengele pasando por Adolf Eichman, arquitecto del exterminio judío, o Heinrich Müller, jefe de la Gestapo. Este «quién es quién» del régimen nazi ilustra las relaciones, a veces inconfesables, que mantuvieron los servicios de Inteligencia de EE.UU. con los nazis.

Según las primeras lecturas de este material, calificado como unas de las mayores revelaciones sobre la era nazi desde los juicios de Nuremberg, los norteamericanos no tuvieron grandes reparos en utilizar criminales de guerra para contrarrestar la amenaza de la URSS y sus aliados comunistas al comienzo de la Guerra Fría. Esta «reconversión» se centró sobre todo en cargos intermedios del Tercer Reich, cuyos nombres no figuran en los libros de historia pero que se emplearon a fondo en las atrocidades cometidas durante la Guerra Mundial. Estos personajes incluso llegaron a colaborar, de forma simultánea, no solamente con la CIA sino también con los servicios de Inteligencia soviéticos, franceses, británicos y de Alemania del Este.

En opinión de Eli Ronsenbaum, el principal caza-nazis del Departamento de Justicia de Estados Unidos, «los verdaderos ganadores de la Guerra Fría fueron los criminales de guerra del régimen hitleriano», que evitaron las responsabilidades penales de su conducta al ser fichados por la CIA y demás instituciones de espionaje. El caso más notorio de esta colaboración fue el de Klaus Barbie, más conocido como el carnicero de Lyon. Por su asociación con los servicios de inteligencia militar nazis, Barbie recibió ayuda norteamericana para escapar a Iberoamérica.

Los documentos publicados también incluyen una perla cultivada sobre Adolf Hitler. Según un premonitorio diagnostico atribuido en 1937 al doctor Ferdinand Sauerbruch —uno de los médicos personales del dictador alemán— el Führer sufría de tan claros indicios de megalomanía que era «un caso fronterizo entre genio y demencia», con el potencial de convertirse en «uno de los criminales más locos que haya visto nunca el mundo»