Un vídeo grabado por un vecino capta al atacante de la sinagoga de Halle
Un vídeo grabado por un vecino capta al atacante de la sinagoga de Halle - Reuters

Primer atentado radical antisemita con muertos en Alemania desde 1945

El atacante grabó los asesinatos –dejó dos muertos y dos heridos– con una cámara adherida a su casco y subió el vídeo a internet durante la fuga

Corresponasl en BerlínActualizado:

Unas ochenta personas se reunían ayer a la puerta de la sinagoga de Halle, en el este de Alemania, para celebrar el Yom Kippur, cuando un coche estacionó en medio de la calle, a unos 30 metros de distancia. Apenas les dio tiempo a apreciar que el hombre que salía del vehículo iba armado y empezaba a disparar contra el grupo. Ocultaba su identidad con un casco negro, ropa militar y chaleco antibalas. Disparaba con precisión apostado en la parte trasera del vehículo y lanzó al menos una granada de mano contra las tumbas del cementerio judío anexo a la sinagoga, que quedaron parcialmente destruidas. Tras un intento de forzar por medio de reiterados disparos las puertas del templo, donde se habían parapetado dejando atrás el cuerpo de una mujer tendido en la acera, huyó en el mismo vehículo. Solo cuando cesó el fuego se volvieron a abrir las puertas de la sinagoga y los familiares descubrieron el cadáver de un hombre que había tratado de protegerse en un restaurante cuya puerta no llegó a alcanzar. Al cierre de esta edición, dos heridos graves seguían hospitalizados.

La policía tardó apenas unos minutos en llegar y los numerosos vídeos grabados por los vecinos del barrio Paulus permitieron identificar con rapidez la matrícula del coche dados a la fuga. Enseguida fue detenido el primero de los sospechosos, Stephan B., un alemán de raza blanca de 27 años, nacido y crecido en esta misma región, que grabó la balacera con una cámara adherida al casco y subió el vídeo a Internet durante la fuga. En él se le escucha referirse despectivamente a los «judíos» y «Kanaken» que estaba intentando asesinar, lo que prueba el trasfondo antisemita. Círculos de las fuerzas de seguridad filtraron «evidencias de que se trata de un acto violento de extrema derecha» y advirtieron que «no hay indicios de que haya detrás de él una organización terrorista, pero eso podría cambiar».

De los testimonios de varios vecinos podía deducirse que había más de un atacante, por lo que la policía cerró al tráfico ferroviario la estación central de Halle y pidió a los habitantes de la ciudad, en Sajonia-Anhalt, que permaneciesen en sus casas y se alejasen de puertas y ventanas, un estado de excepción que se mantuvo hasta las seis y media de la tarde. A esa hora había quedado ya claro que el atacante detenido actuó en solitario y la fiscalía antiterrorista había asumido la investigación del caso. Según publicaban medios alemanes, el detenido pertenece al entorno de extrema derecha violenta que no protagonizaba un ataque armado contra judíos desde 1945.

Precisión militar

«Gracias a Dios la puerta resistió el ataque», alababa el presidente de la comunidad judía de Halle, Max Privorotzki, «de lo contrario ahora estarían todos muertos». «Actuaba con precisión militar», describió un testigo que estaba comiendo en el interior del restaurante, Conrad Rossler. «Vimos cómo reaccionó al percibir que el pobre hombre corría hacia la puerta. Apuntó con tranquilidad y le pegó un tiro antes de que llegase a entrar. Después vino, disparó una vez más en el interior del local y todavía lanzó una granada que estalló en la puerta del restaurante cuando se marchaba y todos nosotros estábamos completamente aterrorizados».

Todavía en medio de la confusión de este ataque, la policía informó acerca de otro incidente con disparos en Landsberg, a unos 15 km de Halle. Pero posteriormente las autoridades descartaron que hubiera un vínculo entre ambos sucesos. En Berlín, la capital alemana, se establecieron controles preventivos en estaciones y aeropuertos y se reforzó la seguridad en sinagogas y establecimientos judíos, sin que se registraran más incidentes a lo largo del día y mientras comenzaban a llegar reacciones de todo el mundo. El secretario general de la ONU, António Guterres, condenó el ataque como «otra trágica muestra de antisemitismo, perpetrada en el día sagrado del Yom Kipur» y recordando la reciente puesta en marcha por parte de la ONU de un plan de acción para la protección de lugares de culto, una iniciativa encabezada por el español Miguel Ángel Moratinos, llamando a todos los Gobiernos a respaldar esa estrategia. «Los lugares de culto en todo el mundo deben ser lugares seguros para la reflexión y la paz, no sitios de matanzas y terror», defendió.

El presidente regional de Sajonia-Anhalt, Rainer Haseloff, canceló su visita a Bruselas tras declarase «horrorizado por este acto despreciable», y advertir que esto «no solo ha matado a dos personas, sino que también es un acto cobarde contra la convivencia pacífica en nuestro país». El ataque se produce pocos meses después del asesinato, en Hesse, de Walter Lubcke, un concejal local del partido conservador de la canciller alemana Angela Merkel CDU y cuyo principal sospechoso es miembro del movimiento neonazi. Ambos crímenes despiertan el temor a una nueva ola de terrorismo de ultraderecha, a imagen del grupúsculo neonazi NSU, responsable de la muerte de una decena de inmigrantes en Alemania entre 2000 y 2007. «Estamos consternados y agradecemos todos los mensajes de condolencia, pero lamentablemente no nos toma por sorpresa», lamentó el presidente del Consejo Central de Judíos germano, Josef Schuster. Según un estudio realizado por la Agencia Europea para Derechos Fundamentales, el 52% de los judíos que viven en Alemania han vivido en los últimos cinco años algún episodio de violencia antisemita, muy por encima de la media europea que está en el 39%. Según este sondeo, que fue realizado en mayo y junio de 2018 con entrevistas a 16.395 judíos residentes en 12 países europeos, el 38% admite que desea emigrar a causa del antisemitismo.