El presidente de Colombia, Iván Duque, pronuncia un discurso después de su investidura - EFE | Vídeo: ATLAS

El presidente Duque llama a construir una Colombia desde el «consenso» y el «entendimiento»

Una mirada más conservadora identificó su discurso, en el que combinó palabras inspiradoras y cargadas de patriotismo con la lista de acciones que adelantará su gobierno

Corresponsal en Bogotá Actualizado: Guardar
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En una tarde gris, con llovizna y vientos muy fuertes, Iván Duque Márquez juró como presidente de Colombia. Acompañado por unos 4000 invitados, con la presencia de buena parte de los miembros del Congreso, altos mandos militares del país, su gabinete, expresidentes del país y representantes de las fuerzas políticas nacionales, el nuevo mandatario de los colombianos empieza cuatro años de gobierno bajo el lema «El futuro es de todos», el mismo que llevó durante la campaña y el que todos sus compatriotas esperan haga realidad.

Lo que prometía ser una ceremonia de transferencia de mando emotiva y con un mensaje de unidad para construir futuro, de celebración de la riqueza cultural del país, escenificada por el Ballet de Colombia y acompañada por la orquesta juvenil Batuta, se vio muy opacada por la diatriba lanzada por el presidente del Congreso, Ernesto Macías, copartidario del Centro Democrático y quien posesionó al nuevo mandatario.

A diferencia del esperado discurso de Duque, con tono de consenso, el presidente del congreso expresó de viva voz el aviso que su partido político publicó en la prensa escrita y que desde muy temprano en la mañana sorprendió a los colombianos y puso el tono de lo que será, al menos desde el partido mayoritario en el Legislativo, la confrontación contra el legado del expresidente Santos y los declarados grupos políticos de oposición. Así, más que un granito de arena para construir país, pareciera que Macías aportó un granito de pólvora.

Mensajes para todos

Los cambios llegan con el presidente Duque, empezando por la alfombra por la que desfilaron los invitados internacionales y el propio mandatario, camino del Palacio de San Carlos, sede de la Cancillería, hacia la ceremonia en la Plaza de Bolívar, en el corazón de Bogotá. La clásica alfombra roja cambió al color azul, que en el país identifica la política conservadora, color que también identificó la campaña electoral.

Y efectivamente, una mirada más conservadora identificó el discurso del presidente Duque, en el que combinó palabras inspiradoras y cargadas de patriotismo con la lista de acciones que adelantará su gobierno. Dando un tono conciliador, sin dejar de cuestionar aspectos de la gestión de Santos, habló de «entendimiento»,«construcción de consensos», de que «llega una nueva generación llamada a gobernar libre de odios y revanchas», y con un claro mensaje a sus opositores políticos, «superando las divisiones de izquierda y derecha, los insultos que invitan a la fractura social», todo ellos «con el espíritu de construir y nunca destruir».

Como era de esperarse, Duque tocó, aunque muy de paso por la cantidad de cosas que trató de cubrir con su discurso a ratos deshilvanado, pero consultado con su mentor político, el expresidente Álvaro Uribe Vélez, asuntos como reforma fiscal, disminución y mayor eficiencia del Estado, anunció el relevo en la cúpula militar y mencionó un «cambio de mentalidad en los comandantes para recuperar la seguridad».

Por ese camino, al ELN envió un mensaje: negociación bajo otros parámetros, empezando por el pleno cese de hostilidades de ese grupo guerrillero, mesa de negociación está en pausa en La Habana. Duque indicó que «la paz la tenemos que construir todos» sobre una «cultura de la legalidad y la premisa de que seguridad y justicia van de la mano». Y anotó: «Durante los primeros 30 días vamos a realizar una evaluación juiciosa, prudente, responsable y analítica, en detalle, de lo que han sido los últimos 17 meses de conversaciones que ha adelantado el gobierno saliente con el ELN», con el apoyo de entidades multilaterales, la iglesia y demás organizaciones vinculadas al proceso, para recibir su opinión y definir los pasos a seguir. «Pero quiero dejar absolutamente claro que un proceso creíble debe cimentarse en el cese de fuego y tiempos definidos»; anotó querer avanzar, pero señalando que «el pueblo colombiano no se va a dejar intimidar por la violencia» en ninguna forma.

Legalidad y justicia fueron términos transversales en la línea discursiva del mandatario, en la que incluyó de forma muy positiva el rol de la economía naranja, del deporte y la cultura como parte de las fortalezas y riquezas de los colombianos. Un llamado a fortalecer la economía, la seguridad social a innovar, pero también a construir sobre lo construido también quedó plasmado en su mensaje.

Como corolario, su llamado a «construir un gran pacto por Colombia, a que construyamos país y futuro», donde «no se trata de pensar igual, de unanimismos, de eludir las sanas discrepancias, se trata de ser capaces de darle vida a los concesos, que seamos una nación grande, sólida y segura» pues «los colombianos esperan soluciones y no agresiones». Tiene cuatro años para hacer realidad su programa, sus promesas de campaña y su determinación de unir a un país fracturado.