La primera ministra británica, Theresa May - REUTERS

May preguntará a los diputados británicos sobre la celebración de un segundo referéndum del Brexit

La «premier» ha detallado en un discurso un paquete de medidas con el que espera ganarse el apoyo de algunos diputados de la oposición para sacar adelante su acuerdo de ruptura con Bruselas

MadridActualizado:

La todavía primera ministra británica Theresa May anunció este martes una propuesta de compromiso que incluye admitir la posibilidad de que los ciudadanos pudieran votar en un segundo referéndum sobre el Brexit, si los diputados de la Cámara de los Comunes aprueban finalmente el Tratado de Retirada que ya han rechazado tres veces. El paquete incluye también la oferta de una unión aduanera provisional con la UE y otras garantías con las que espera atraer a una mayoría de diputados.

El Consejo Europeo había concedido al Reino Unido una última prórroga hasta el 1 de noviembre, pero la UE no puede asumir seguir aplazando la fecha de la desconexión más allá, porque tendría repercusiones legales sobre la designación de la próxima Comisión Europea, salvo que Londres aceptase revocar la aplicación del artículo 50 y renunciase al Brexit. Si el nuevo plan de May funcionase como ella parece haberlo diseñado, el Reino Unido podría salir de la UE a finales de julio, lo que no impedirá que tengan que celebrar las elecciones europeas mañana jueves.

La propuesta de May no puede considerarse un compromiso para llevar a cabo un segundo referéndum, pero si abre la puerta a aceptar que haya uno, en un intento desesperado de obtener el apoyo que una mayoría aplastante de diputados le ha negado hasta ahora. Se supone que el anuncio ha sido bien recibido en Bruselas, donde de todos modos los principales dirigentes han evitado entrar públicamente en detalles, estando en plena campaña electoral. Se sabe que el presidente del Consejo, el polaco Donald Tusk, esperaba un escenario como este, porque aún mantiene la esperanza de que el Reino Unido termine quedándose en la UE.

El proceso iniciado por May es independiente de la evolución política dentro del Partido Conservador, donde ya se ha tomado la decisión de obligar a la primera ministra a que fije la fecha de su propia retirada para que se inicie el proceso de elección de su sucesor.

En estas circunstancias, al aparecer con esta alambicada propuesta justo después de que se hubiera anunciado el fracaso de las negociaciones entre el Partido Conservador y la oposición laborista, May refuerza la impresión de que actúa a la desesperada, después de tres años de gestión que no han logrado desbloquear el nudo gordiano que provocó el referéndum sobre el Brexit. May instó a que los diputados le apoyen esta vez como una «última oportunidad de encontrar la manera» de cumplir con la voluntad de los británicos, que en junio de 2016 apoyaron por el 52% la salida de su país de la Unión. Para hacerse una idea de hasta qué punto la situación sería paradójica, baste recordar que entonces May hizo campaña en favor de permanecer en la UE, después ha gestionado las negociaciones para la retirada diciendo que la perspectiva de un Reino Unido fuera de la UE sería fantástica para los ciudadanos y ahora propone una nueva consulta en la que no está claro qué posición defendería pero cuyos efectos tendrían que ser administrados por un nuevo primer ministro, probablemente Boris Johnson, que es un partidario de una desconexión brusca y sin acuerdo.

Aunque la propuesta formal no se conoce en todos sus detalles, May ha ofrecido a los diputados el mismo Tratado de Retirada negociado con lal UE, pero con una decena de medidas adicionales que incluyen también una serie de exigencias de los laboristas, como la permanencia provisional del país en una unión aduanera con la UE y un alineamiento regulatorio con la UE en materia de medio ambiente y de calidad de los alimentos. En el caso de la frontera irlandesa, asume el compromiso de lograr una cuerdo con Bruselas para evitar que se llegase a aplicar el «mecanismo de salvaguardia» y en caso de que por alguna razón se aplciase, también promete que no habría una separación entre la provincia de Irlanda del Norte y el resto del país, sino que el conjunto del Reino Unido permanecería «alineado reglamentariamente» con el Ulster.

Los diputados deberán volver a votar, por tanto, si aceptan el Tratado de Retirada conestos añadidos y también si quieren que se celebre un segundo referéndum sobre el Brexit. Si aprueban el pacto, el referéndum debería celebrarse antes de su ratificación completa. Si aceptan el Tratado de Retirada pero no el segundo referéndum, el Reino Unido dejaría la UE el 31 de julio. Si se aprueba el segundo referéndum, todo vuelve a empezar, aunque al menos los que quisieran votar de nuevo por la salida, al menos tendrían las cosas más claras. Y si no se aprueba ni una cosa ni otra, que es probablemente lo que sucederá a la vista de las primeras reacciones, seguirá la pesadilla política para todos.