Powell presiona a los Gobiernos europeos para romper la postura común de la UE sobre el TPI

Washington ha iniciado una nueva y dura ofensiva diplomática para que sus aliados en la OTAN firmen por separado acuerdos que eximan a los soldados estadounidenses de la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional. El malestar en el seno de la Unión Europea es palpable.

ALFONSO ARMADA. Corresponsal NACIONES UNIDAS,
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Con una posible guerra total contra Irak sobre la mesa del presidente George W. Bush, Estados Unidos no quiere dejar cabos sueltos ante la falta de «comprensión» de la mayor parte de sus aliados sobre la necesidad de acabar por la fuerza con Sadam Husein. El «New York Times» reveló ayer la nueva tanda de «amenazas» de Estados Unidos contra sus aliados a cuenta del TPI.

El secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, ha estado enviando cartas personalizadas a cada uno de sus homólogos en los países miembros de la OTAN y de la Unión Europea pidiéndoles, nada menos, que «ignoren» la demanda de la propia Unión de esperar para adoptar una posición común ante la materia. Powell, encuadrado en el frente moderado del Gobierno Bush y partidario de agotar la estrategia diplomática antes de aventurarse en el derrocamiento de Sadam Husein, reclama de sus amigos europeos que firmen acuerdos separados con Estados Unidos «tan pronto como sea posible» bajo el amparo del artículo 98 del estatuto que crea el Tribunal Penal Internacional, y que según la interpretación de Washington autoriza a las naciones a negociar inmunidad para sus fuerzas sobre principios bilaterales.

Malestar en la UE

Fuentes diplomáticas europeas ante las Naciones Unidas volvieron a mostrar ayer la incomodidad que todo el asunto suscita y recordaron el trágala que Estados Unidos forzó en el Consejo de Seguridad a principios de julio y utilizando las misiones de paz de la ONU y los «cascos azules» como una suerte de «rehenes».

Entonces fue gracias al Reino Unido, el único país de la Unión Europa y de la OTAN que, al menos desde la cúpula de su Gobierno, ha mostrado su disposición a seguir con armas y bagajes a Estados Unidos en una guerra contra Bagdad, que tras hacer verdaderos equilibrios y maniobras orquestales en la oscuridad logró que el órgano ejecutivo de la ONU garantizara que durante el plazo de un año las tropas y funcionarios estadounidenses quedarían inmunes ante un tribunal que ha sido impulsado especialmente por la Unión Europea, creado para perseguir crímenes de guerra, contra la humanidad y de genocidio y que únicamente actuarán contra nacionales de países que con sus propios sistemas legislativos no persigan esos crímenes.

Pero Washington no se fía del tribunal y teme que sea utilizado políticamente contra la realidad, para algunos imperial, de su actividad exterior.

Acuerdos con Israel y Rumanía

Estados Unidos ya ha firmado acuerdos bilaterales con Israel y Rumania, lo que, en el caso del segundo, aspirante tanto a ingresar en la Unión Europa como en la OTAN, ha desatado la indignación de la Comisión Europea, y así se lo hizo saber a las autoridades de Bucarest Romano Prodi, presidente de la Comisión. Suiza ya le ha dicho a Washington que no firmará semejante cuadro de exenciones. El «New York Times» indicaba ayer que la Comisión Europea tiene la intención de pronunciarse en breve contra las exigencias estadounidenses, y en un documento reservado se subraya que las pretensiones de Washington de acogerse al capítulo 98 «van contra los objetivos y propósitos del estatuto» que dio nacimiento a un tribunal que entró en vigor en julio, han ratificado 78 países y es considerado por muchos juristas y políticos como el más importante instrumento creado en el ámbito de la justicia internacional tras los tribunales de Núremberg y Tokio y la fundación de las Naciones Unidas.

Reunión en Copenhague

Con sus cartas en medio del ferruginoso agosto, Powell intenta ganar amigos para su postura antes de la reunión que a fines de semana tienen previsto celebrar los ministros de Exteriores de la Unión Europea en Copenhague, de la que podría salir la temida postura conjunta, que sin embargo acabó hecha trizas en las Naciones Unidas en julio tras la labor de zapa de Londres a la que finalmente se sumó París.

Para Richard Dicker, director del programa de justicia internacional de Human Rights Watch, una de las organizaciones no gubernamentales más activas y respetadas, «el nivel de amenazas» desencadenado por Washington «se ha incrementado dramáticamente, y una inflación de amenazas es indicio de que la política ha enloquecido».