La UE pone las bases para derribar las barreras comerciales con Iberoamérica

La Unión Europea y los países andinos y centroamericanos acordaron poner las bases políticas que permitan abordar en el futuro un Acuerdo de Asociación y libre comercio que es contemplado desde Iberoamérica como la mejor ayuda que puede prestar Europa para combatir el narcotráfico y facilitar que la mundialización beneficie también a los países pobres.

ALBERTO SOTILLO
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MADRID. La UE y los países andinos y centroamericanos dieron ayer el primer paso para integrar un Acuerdo de Asociación y libre comercio. Se trata de un proyecto a largo plazo, pero muy ambicioso, ya que combinado con la estrategia seguida con Mercosur, Chile y México permitirá derribar las barreras comerciales con todo el continente iberoamericano.

Es una estrategia combinada que parte de una realidad muy halagüeña por los acuerdos alcanzados con México y Chile, pero que tendrá que armarse de paciencia y habilidad para convencer a Francia y los socios más proteccionistas de la conveniencia de avanzar por la misma senda con el resto del continente.

En la cumbre celebrada ayer con el presidente de México, Vicente Fox, se constató que, durante los primeros dieciocho meses del acuerdo, el comercio bilateral creció un 28,6 por ciento, y que las exportaciones mexicanas a la Unión aumentaron el 44,1 por ciento mientras que las ventas europeas al mercado mexicano se incrementaron en un 23,1 por ciento. Un acuerdo que marcha viento en popa, que no rompe la inmensa influencia económica que mantiene EE.UU. sobre México, pero que sí permite contemplar la posibilidad de alcanzar una posición concertada en otros ámbitos como el de la protección del medio ambiente de cara a la próxima Conferencia de Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible de Johanesburgo.

Integración de Mercosur

El acuerdo con Chile ha sido uno de los más completos de cuantos ha negociado la Unión. Puede servir como ejemplo de ambición para el que se intenta negociar con Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), pero no como modelo ya que éste será el primer acuerdo que negocien dos asociaciones regionales y, por tanto, se verá sometido a una mayor complejidad y a la necesidad de que los propios países de Mercosur consoliden su integración.

Los líderes de Mercosur han lamentado el proteccionismo europeo y habrían preferido que de esta reunión saliese una fecha o un horizonte temporal para la conclusión del acuerdo.

Pero de la cumbre sí ha salido la voluntad de relanzar el proceso con la reunión ministerial que se celebrará el próximo mes de julio para intentar diseñar una estrategia y definir la naturaleza del futuro acuerdo.

Más parsimonioso es el proceso previsto con los países de la Comunidad Andina (Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia) y de Centro América o Grupo de San José (El Salvador, Nicaragua, Honduras, Guatemala, Costa Rica y Panamá). En este caso, las negociaciones tendrán todavía que esperar a que concluya a finales de 2004 la próxima ronda de Doha en la que la Organización Mundial del Comercio (OMC) debe llevar a cabo una nueva oleada de liberalizaciones.

Se trata de «crear las condiciones» que allanen el camino de un futuro Acuerdo de Asociación y de «avanzar al mismo tiempo en el ámbito de la cooperación política», explicó el ministro de Exteriores, Josep Piqué. O de crear «un nuevo marco cualitativo» en un «horizonte vinculado a la ronda de Doha», según la fórmula empleada por el presidente del Gobierno, José María Aznar.

Claro que, para que el Acuerdo sea de verdad posible, los países andinos y centroamericanos también tendrán que hacer sus deberes, avanzar en su integración y crear una verdadera unión aduanera. Entre otros motivos, si la Comisión Europea es reticente a acelerar un acuerdo con estos países es porque considera que éstos tienen aún una larga tarea por delante para crear su propio mercado común.