Polémica en Israel por incluir las fronteras de 1967 en los libros de texto

LAURA L. CARO CORRESPONSALJERUSALÉN. Una tormenta política plagada de descalificaciones y de alguna petición de dimisión, y una advertencia rabínica de sonoridad terrible -«Debería recordar lo que le

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LAURA L. CARO CORRESPONSAL

JERUSALÉN. Una tormenta política plagada de descalificaciones y de alguna petición de dimisión, y una advertencia rabínica de sonoridad terrible -«Debería recordar lo que le sucedió a Ariel Sharon» (en coma desde el pasado 4 de enero) por perjudicar los asentamientos de Judea, de Samaria y de Gaza...- es lo que ha desatado la orden dada por la ministra de Educación, Yuli Tamir, para que los mapas de libros de texto que se estudian en las escuelas israelíes incluyan en sus próximas ediciones las fronteras de 1967, prácticamente desaparecidas de las lecciones de Geografía por prohibición del Gobierno desde la década de los 80. O lo que es lo mismo, «las únicas fronteras de Israel que el mundo reconoce», según reivindicaba ayer en sus páginas el diario «Maariv» de Jerusalén que, partidario de la nueva política decidida por la ministra, subrayaba que, aunque el próximo año «se cumplirán 40 de la guerra en que los soldados del IDF cruzaron la Linea Verde» y «los tanques la pisotearon, no se borró». Más bien, «definir la frontera es una parte inseparable de la realidad de Oriente Medio», enseñársela a los estudiantes un deber, y, además, -añadía el periódico- la única esperanza de que «el mundo árabe reconozca un día el derecho a existir de la Entidad Sionista». Y todo llega justo cuando Ehud Olmert anunciaba hace una semana su disposición a ceder parte de Cisjordania para la creación del pendiente Estado Palestino.

La conciencia de los niños

Este argumento, el de que Israel «no puede pretender que los palestinos reconozcan esa línea, si el sistema educativo israelí también la quita de los libros y de la conciencia de niños y adolescentes», unido a la necesidad de dar a conocer el pasado «para entender la realidad geopolítica en que vivimos» son las ideas-fuerza que ha utilizado la profesora Tamir -laborista, y una de las fundadoras del movimiento «Paz ahora»- para defender su instrucción ante quienes la acusan de haberse unido «a los enemigos de Israel». «Es una decisión política y excede su autoridad», ha criticado con furia el que fue director general del Ministerio, Ronit Tirosh, del Kadima, que, al igual que el jefe de filas del conservador Likud y ex primer ministro, Benjamín Netanyahu, y otras muchas voces, rechazan incluir como contenido curricular en los institutos aquella frontera que divide entre Israel este y el territorio de Cisjordania, descrita en el armisticio de Rodas que en 1949 puso fin a la primera guerra árabe-israelí, y que actualmente reclaman los palestinos para el establecimiento de un Estado independiente.

Mapa educativo

«Mi mapa es educativo y el vuestro es propaganda», ha replicado a sus detractores la titular de Educación. A su vez, arropada por quienes coinciden en que «es inaceptable que un estudiante -nacido ya después de 1967- escuche términos como «Línea Verde» y no los reconozca». Y por quienes, en términos más amplios, condenan la manipulación y la esterilidad que se encierra en lo que el periodista y escritor Amos Elon ha llegado a acuñar como «la lavadora de palabras».

Es la tentación del engaño lingüístico, el intento de crear una nueva realidad creando un nuevo término, puesto en práctica después de la Guerra de los Seis Días por Israel, cuando Menahem Begin trató de hacer cambiar el nombre de «Cisjordania» imponiendo el de «Judea y Samaria», en un giro que a mediados de los 80 tuvo que ser desechado ante la comprobación de que ni un solo país del globo había adoptado la nueva nomenclatura. El blanqueo idiomático para construir una realidad a la medida, tan ensayado con desigual éxito por Gobiernos de todo el planeta y en todos los tiempos.

Éste es el caso de la «Línea Verde», una obra de la exitosa factoría del Likud, que triunfó casi del todo al hacerla desaparecer entonces de la mayoría de los mapas y libros de texto, hasta el día de hoy, cuando una ministra ha recordado que la frontera fue pisoteada por los tanques, pero no ha sido borrada.