David Alandete - ANÁLISISPierden los republicanos, pero no Trump

Ni Georgia, ni Arizona, ni Texas le han dado la espalda a los conservadores, más bien al contrario: han depositado un prudente voto de confianza en el presidente

David Alandete
WashingtonActualizado:

Los resultados de las elecciones de ayer no son tan mal resultado como parece para Donald Trump. A pesar de la gran sorpresa que supuso su victoria hace dos años, de sus constantes provocaciones y de la animadversión que ha generado entre los demócratas, estos últimos no han sido capaces de conseguir ninguna rutilante victoria en los bastiones republicanos. Ni Georgia, ni Arizona, ni Texas le han dado la espalda a los conservadores, más bien al contrario: han depositado un prudente voto de confianza en el presidente.

Que los demócratas son capaces de ganar en Virginia, Florida y estados industriales como Michigan, como sucedió ayer, ya lo demostró Barack Obama con sus dos victorias en 2008 y 2012. Pero anoche el partido de la oposición perdió escaños en el Senado en Florida, Indiana, Misuri y Dakota del Norte. En estos dos últimos estados las derrotadas son dos mujeres —Claire McCaskill y Heidi Heitkamp— que se han visto castigadas por votar en contra del ingreso en el Tribunal Supremo del juez Brett Kavanaugh, acusado de agresión sexual.

Ya advirtió Trump de que oponerse a sus candidatos para la más alta instancia judicial del país era suicidio político en Estados conservadores, y así sucedió ayer. Su olfato político no le ha fallado.

Es más: el presidente puede jactarse también de haber mantenido el disputado escaño en el Senado de Texas. Ha habido mucho voluntarismo en esa batalla, con los 70 millones de dólares —un récord histórico— donados a la campaña del demócrata Beto O’Rourke. Todo para nada: ha perdido. No puede seguir la estela de Obama, que fue senador para luego ser presidente. En el escaño sigue Ted Cruz, que le disputó la presidencia a Trump y ahora se ha visto salvado y está en deuda con él.

Este nuevo Capitolio, dividido, puede ser de hecho una oportunidad de oro para Trump el negociador. El presidente hizo campaña prometiendo consensos. Sus credenciales eran sus muchos años como empresario. Es capaz, dijo, de entenderse con demócratas y republicanos. Lo que le importa es cerrar tratos. Y no es un detalle menor que anoche el propio Trump llamara a Nancy Pelosi, resucitada como líder demócrata, para felicitarla personalmente por la victoria. Le prometió pactos y le dijo que está dispuesto a trabajar con ella.

Tampoco es un secreto que Trump también ha tenido sus más y sus menos con los propios republicanos. No hay un sólo líder conservador con el que no haya tenido encontronazos, sobre todo a través de Twitter. El presidente no le perdona a su propio partido que no fuera capaz de revocar la reforma sanitaria de Obama y que no se haya apresurado a asegurar los fondos para construir el muro con México. No es que los demócratas vayan a ayudarle en ello, pero al menos con ellos puede marcarse un nuevo comienzo.

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