El Pentágono prevé 100.000 millones de dólares en nuevos gastos bélicos

PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSALWASHINGTON. Más soldados y más dinero. Junto al dilema de enviar refuerzos a Irak y aumentar la plantilla permanente del Ejército de Tierra y los «Marines», el Departamento

PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL WASHINGTON.
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Más soldados y más dinero. Junto al dilema de enviar refuerzos a Irak y aumentar la plantilla permanente del Ejército de Tierra y los «Marines», el Departamento de Defensa de Estados Unidos se encuentra estos días «mascando números» para determinar el dinero necesario para seguir financiando sus actividades bélicas en los frentes abiertos de Irak y Afganistán. Una factura que a principios del 2007 se podría traducir en una petición adicional de fondos especiales por valor de 997.000 millones de dólares (más de 756.000 millones de euros).

Desde el 11-S, la Administración Bush ha gastado el equivalente a 500.000 millones de dólares según las cuentas realizadas por el Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos. Si la nueva petición extraordinaria de fondos recibe el visto bueno de la Casa Blanca y del Senado, el coste de todas estas acciones militares empezaría a ser comparable o incluso superar lo gastado durante la guerra de Vietnam. Conflicto y derrota que según cifras actualizadas por la inflación supuso un desembolso de 663.000 millones de dólares.

Cada vez más caro

De acuerdo a los datos ofrecidos ayer por la agencia Associated Press sobre esta inminente petición de fondos bélicos, la presencia militar de Estados Unidos en Irak es cada vez más costosa porque la situación de seguridad lejos de mejorar, empeora. Con la consiguiente destrucción o agotamiento de equipo y material. La parte del león de estos nuevos fondos estaría destinada a las fuerzas terrestres del Pentágono, con unos 10.000 millones de dólares previstos para el entrenamiento y dotación de fuerzas de seguridad locales en Irak y Afganistán. Y una partida de 2.700 millones de dólares para tareas de espionaje.

Junto a estos gastos estrictamente bélicos, la expansión en el número de tropas permanentes del Pentágono que planea la Administración Bush también va a suponer una significativa carga adicional para los presupuestos regulares del Departamento de Defensa. Al requerirse más tiempo y dinero para reclutar voluntarios, bonos de retención para oficiales y equipamiento. Aunque como recuerdan algunos analistas, esta expansión se justifica por la multiplicación de frentes y los combates en dos conflictos simultáneos. Coincidencia que se produce por primera desde que Estados Unidos adoptó un modelo profesional de Fuerzas Armadas tras Vietnam.

Robert Gates, como nuevo secretario de Defensa en sustitución de Donald Rumsfeld, es el encargado de concretar y perfilar estas peticiones de dinero y soldados. En una primera gira de contacto con los militares estadounidenses desplegados en Irak, Gates estaría recibiendo mensajes conflictos sobre la posibilidad de refuerzos contemplada por la Administración Bush. Mientras soldados rasos han llegado a insistir personalmente al responsable civil del Pentágono que se necesitan más tropas para estabilizar Irak, sus generales están expresando la preocupación de que enviar más efectivos solo va a retrasar la fecha en que los iraquíes sean capaces de asumir la voz cantante en materia de seguridad.

Por ejemplo, durante un desayuno con militares de baja graduación destinados en Irak, el soldado especialista Jason Glenn -convertido en un improvisado interlocutor sobre el terreno-- ha argumentado al secretario de Defensa con respeto pero firmeza: «Señor, creo realmente que necesitamos más tropas aquí. Se necesita más presencia, más tropas para controlar la insurgencia durante el suficiente tiempo como para que podamos lograr entrenar a los irradies». Razonamiento que no ha sorprendido a Gates y que coincide bastante con los deseos de la Casa Blanca de no arrojar la toalla e intentar una decisiva ofensiva en Irak antes de contemplar cualquier posibilidad de retirada.

Dentro de este debate pendiente de una difícil decisión del presidente Bush a partir de enero, este mes la CIA se habría dedicado a realizar una simulación con un pequeño ejército de especialistas para determinar cómo la guerra de Irak está afectando al terrorismo islamista en el mundo. Según el diario The Washington Times, una de las conclusiones alcanzadas es que una derrota de Estados Unidos en Irak serviría para que Al Qaida multiplicase sus filas y se envalentonara para elegir nuevos objetivos estratégicos.