EFE  Donald Rumsfeld al entrar ayer en la rueda de prensa que ofreció tras su último Consejo
EFE Donald Rumsfeld al entrar ayer en la rueda de prensa que ofreció tras su último Consejo

El Pentágono despide a Rumsfeld pidiendo aumentar su plantilla de soldados

Flanqueado por George W. Bush y Richard Cheney, y con una visible dosis ceremonial de honores militares, Donald Rumsfeld fue despedido ayer oficialmente en el Pentágono como parte de la costosa

PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON.
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Flanqueado por George W. Bush y Richard Cheney, y con una visible dosis ceremonial de honores militares, Donald Rumsfeld fue despedido ayer oficialmente en el Pentágono como parte de la costosa factura política que ha empezado a pagar la Casa Blanca por la cada vez más impopular guerra de Irak. Antes de ser relevado por Robert Gates, director de la CIA con Bush padre, el dimisionario secretario de Defensa dijo que en los tiempos de corren tanto «la debilidad, como la percepción de debilidad, pueden ser provocadoras».

Pese a todas las controversias acumuladas durante una gestión abruptamente terminada tras el vuelco electoral sufrido en noviembre por los republicanos, los elogios de gran calibre se han sucedido ayer para Rumsfeld, que ha sido descrito por el presidente Bush como «uno de los servidores públicos de Estados Unidos más hábiles, energéticos y dedicados». Parabienes que contrastan con la cuantiosa animosidad generada por este activo septuagenario, tentado desde ahora con escribir sus memorias.

Coincidiendo con la salida de Rumsfeld, el jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra ha advertido que su organización corre el riesgo de «romperse» por los multiplicados despliegues bélicos en el extranjero acumulados durante la Administración Bush. Según recalcó el general Peter Schoo-maker a miembros del Congreso federal, la «Army» necesita expandir su fuerza de medio millón de profesionales a un ritmo anual de 7.000 soldados y facilitar las movilizaciones de reservistas y miembros de la Guardia Civil.

Condiciones deficitarias

En contraste con la filosofía de Rumsfeld, obsesionado con la transformación y modernización, el general Schoomaker ha recordado que el Ejército de Tierra empezó la guerra de Irak en condiciones deficitarias. Con una escasez de material estimada en 56.000 millones de dólares y unos efectivos reducidos a la mitad con respecto a los disponibles en 1991 para la liberación de Kuwait.

Esta significativa petición de refuerzos, que estaría también secundada por los «Marines», es presentada por la jerarquía militar de EE.UU. no solamente como necesaria para hacer posible una prolongada presencia militar en Irak, sino también con el objetivo de plantar cara a otros potenciales adversarios. Amenazas adicionales centradas en la posibilidad de hipotéticos conflictos con Irán o Corea del Norte.

Con todo, el gran debate sobre fuerzas militares en estos momentos dentro de la Administración Bush se limita a la posibilidad de enviar temporalmente más tropas a Irak. Una inyección de entre 20.000 y 30.000 soldados, que no es compartida ni por la Junta de Jefes de Estado Mayor ni por el llamado informe Baker pero que figura entre las opciones barajadas por la Casa Blanca de cara a la formulación de una nueva estrategia de Estados Unidos en Irak prevista para principios de enero.

Como parte de esa nueva estrategia, retrasada hasta después de las Navidades, Condoleezza Rice ha rechazado la sugerencia formulada en el informe Baker de solicitar la ayuda de Irán y Siria para lograr la pacificación de Irak. La Secretaría de Estado ha indicado al «Washington Post» que las previsibles compensaciones que demandarían Damasco y Teherán -como permitir injerencias en el Líbano o vía libre para la proliferación nuclear- serían demasiado altas. Según Rice, si estos dos países patrocinadores de terrorismo e inestabilidad quieren ayudar en Irak deberían hacerlo sin necesidad de incentivos.