Periodistas, trabajando frente a la casa del opositor Leopoldo López en 2017
Periodistas, trabajando frente a la casa del opositor Leopoldo López en 2017 - Efe

El peligro de ser periodista en Venezuela

Ataques, amenazas, censura y dificultades técnicas, entre los obstáculos para el trabajo diario de los informadores bajo el régimen de Nicolás Maduro

CaracasActualizado:

No solo la censura ha sido una amenaza para los periodistas en la Venezuela de Nicolás Maduro, también el hostigamiento, la vejación, la intimidación y la criminalidad socavan a quienes ejercen el oficio en tiempos de dificultad y opresión. En los últimos años, los profesionales de la comunicación han sufrido ataques brutales y detenciones arbitrarias por parte del régimen chavista.

Tras los bárbaros ataques a la prensa, los organismos y las instituciones que velan por la protección de los periodistas han creado campañas en las redes sociales con el fin de denunciar los atropellos del régimen de Maduro.

A través de #InformarNoEsDelito, una campaña por las redes sociales, se rechaza en Venezuela el crimen y la tortura a quienes ejercen el periodismo en un país en conflicto y en donde ha mermado la libertad de expresión y de pensamiento.

El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) asegura que desde 2013 hasta 2018, tiempo que ha estado Maduro en el poder en Venezuela, se han registrado 2.020 ataques a la libertad de expresión.

Por su parte, la ONG venezolana Espacio Público ha contabilizado entre enero y febrero de este año 288 violaciones del derecho a la libertad de expresión, en su mayoría impedimentos de cobertura de calle, detenciones arbitrarias y censura. De las 141 personas afectadas, el 79% (112) son trabajadores de la prensa.

Los periodistas trabajan bajo el asedio y la amenaza de grupos armados como «colectivos» (civiles armados), la Policía Nacional, la Guardia Nacional y el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin). Entre enero y febrero del año en curso ha habido 38 detenciones arbitrarias contra periodistas, tanto nacionales como internacionales, según Espacio Público.

El ensañamiento hacia los periodistas venezolanos es cada vez más notable. Se tienen que mover y trabajar en grupos, aunque sean de distintos medios, así corren menos riesgos de ser atacados o secuestrados. En solitario el peligro es mayor.

Los periodistas han marcado sus rutas y tienen que comunicar a familiares o amigos la hora en la que salen y la hora que llegan a un lugar, para dejar pistas en caso de que desaparezcan o sean detenidos repentinamente. Estos planes de ubicación incrementaron tras la detención del locutor Luis Carlos Díaz, quien fue acusado por el régimen de ser uno de los responsables del primer apagón general del pasado 7 de marzo, y quedar detenido por más de un día.

Pero existen casos en los que igual son golpeados, perseguidos, amenazados y en varios casos son hasta detenidos y dejados incomunicados en la sede del Sebin, Helicoide, una de las mazmorras más tenebrosas y siniestras, ubicada en Caracas, lugar donde se encuentra, y aislado, el fotoperiodista Jesús Medina desde agosto pasado.

Hasta el palacio de Miraflores, la sede presidencial, ha sido también un lugar de detención. Los periodistas venezolanos Ana Rodríguez y Maiker Yriarte quedaron encerrados durante 10 horas luego que la Guardia de Honor presidencial los detuviera al momento de hacer cobertura a una vigilia sin éxito convocada por el chavismo a finales de enero en los alrededores de la sede de Gobierno, en Caracas.

Rodríguez confesó a ABC haber sentido miedo de que los trasladaran al Helicoide o que los metieran en su vehículo granadas o armas largas para posteriormente acusarlos de «terroristas», término que usa el Estado después de «sembrar» explosivos o armamentos a sus víctimas.

«Hacer periodismo en Venezuela significa correr el riesgo de ir preso, que te golpeen y te maten. Estamos en una situación en la que no se respeta la integridad física y que pueden perseguir a nuestras familias. Hay que ser valientes y querer seguir trabajando aquí», agregó Rodríguez.

Junto con ella e Yriarte, dos periodistas chilenos también quedaron detenidos «sin motivos», cuenta Rodríguez. Días más tarde se conoció que otros cinco reporteros internacionales, tres de la agencia española Efe y dos franceses, corrieron la misma mala suerte. Hoy todos están en libertad y en sus respectivos países, a excepción de Rodríguez y su compatriota, que siguen resistiendo en Venezuela.

La amenaza de los «colectivos» paramilitares

Mientras tanto, los «colectivos» hacen de las suyas ante la mirada cómplice de los efectivos de seguridad del Estado. Roban, agreden verbalmente y amenazan a los comunicadores cuando cumplen con su trabajo. En el contexto de protestas aumenta más el acoso y persecución.

El director de Espacio Público, Carlos Correa, explicó a ABC que «la realidad es que informar e informarse en Venezuela es más complicado que en un país donde haya más garantías para la libertad de expresión».

Indicó que los ciudadanos tienen que superar obstáculos constantemente, como el bloqueo de portales y de información, la censura, lidiar con un internet lento y pagar altos costos de servicio de datos en telefonía móvil, «pero la gente lo hace porque quiere tener información», agregó.

En medio de la censura, Correa recordó que «el gobierno de Maduro tiene dominio y control de los canales abiertos, regula los contenidos que salen por radio y televisión, castiga cualquier voz crítica, los medios masivos están controlados y los periódicos están más deprimidos, pero en ese contexto la sociedad venezolana no se entrega».