Pablo Ibar, junto a su defensa, en un momento de la sesión, ayer
Pablo Ibar, junto a su defensa, en un momento de la sesión, ayer - EFE

Pablo Ibar pierde los nervios al acusar al juez de «parcial»

El español, acusado de un triple homicidio en 1994, se levantó ayer en una sesión de la vista y apuntó al magistrado con el dedo: «Todo lo que le piden los fiscales se lo da»

Corresponsal en WashingtonActualizado:

Pablo Ibar, el español de 47 años condenado a pena de muerte por un triple asesinato cometido en Florida en 1994, acusó ayer de «parcial» al juez que preside la vista de sentencia en la que, en los próximos días, un jurado de doce personas deberá decidir si lo condena a cadena perpetua o la pena de muerte. «Todo lo que piden los fiscales se lo da», dijo Ibar al juez Denis Bailey, instructor de su caso desde 2018. «Es otra prueba de su parcialidad contra mí», añadió, según informa Efe.

El jurado popular debe decidir por unanimidad la pena definitiva de Ibar, que pasó 16 años en el corredor de la muerte hasta que logró apelar su condena a muerte con éxito. Tras una repetición del juicio, el reo fue declarado culpable de nuevo el 19 de enero. La defensa ha aportado como pruebas para demostrar su buen carácter los testimonios de su familia y de dos miembros del cuerpo diplomático español que han acudido al juzgado de Fort Lauderdale a declarar a su favor.

El embajador de España en Estados Unidos, Santiago Cabanas, se ha puesto al servicio de la defensa para intentar al menos salvar la vida de Ibar, que es hijo del pelotari vasco Cándido Ibar. «Es una vida que merece la pena salvar», dijo el embajador en declaraciones a Efe antes de testificar en el juicio el lunes. El embajador conoció a Ibar en 2005, cuando fue destinado como cónsul general de España en Miami. Desde entonces le ha visitado en varias ocasiones a título personal.

La familia del reo también testificó, calificándole de persona buena y respetuosa. Su esposa, Tanya Quiñones, puso de relieve su profundo amor por sus hijos de 7 y 12 años, que la acompañaron a la sala. Tres hermanos del condenado, Steven, Frank y Michaels, y su padre, Cándido Ibars, respondieron a las preguntas de la defensa y emplearon adjetivos como «respetuoso», «bondadoso» y «compasivo» para describirle. «Es él quien nos levanta el ánimo a nosotros», dijo el padre, que tiene 74 años.

Presiones y decisiones perjudiciales

Independientemente de cuál sea la sentencia, la defensa ya ha advertido de nuevas apelaciones, que pueden demorar cualquier ejecución al menos cinco años. Los abogados de Ibar han denunciado irregularidades y quejas de al menos dos miembros del jurado que fueron relevados por el juez. Este se negó a declarar nulo el juicio a pesar de que uno de esos miembros del jurado, Kurt Collins, reveló que había recibido fuertes presiones durante el proceso de deliberación.

El juez Bailey ha tomado varias decisiones que, según la defensa, han perjudicado a Ibar, como por ejemplo permitir que la fiscalía llame a declarar a testigos de casos anteriores, ya juzgados y en teoría cerrados, para convencer al jurado de que opte por la pena de muerte. Por eso Ibar perdió la compostura el lunes y señaló directamente al juez acusándole de parcialidad. La defensa ha solicitado su recusación, sin éxito.

Un vídeo de seguridad de mala calidad sirvió a la policía para detener en 1994 a Ibar como supuesto autor del triple asesinato de Casimir Sucharski, Marie Rogers y Sharon Anderson. El reo había sido detenido por un robo con violencia y en la comisaría fue identificado por un agente a través de una captura de imagen de vídeo que es la única prueba circunstancial sobre la que se ha armado la acusación en cuatro casos diferentes que han culminado en el veredicto de culpabilidad de enero.

Esperanza perdida

La fiscalía pidió llamar a testificar a la víctima del robo, un delito por el que Ibar fue declarado culpable y condenado a ocho años, ya cumplidos. La defensa protestó, alegando que ese caso no debería influir sobre las deliberaciones del jurado en este caso, pero el juez desestimó sus peticiones.

Todos estos actos del juez han hecho a la defensa perder la confianza en que este opte finalmente, como podría hacer, por establecer la perpetua como pena máxima. En Florida, un estado donde la pena de muerte sigue siendo legal, un magistrado tiene la potestad de limitar la condena si considera que hay atenuantes suficientes. Según Ibar, sin embargo, el juez Bailey ha hecho todo lo posible para que regrese finalmente al corredor de la muerte.