El disidente cubano Oswaldo Payá, candidato al Nobel de la Paz 2003 por su lucha por los derechos humanos en Cuba.AP

Oswaldo Payá: «Con esta represión, el régimen castrista expresa su propia debilidad moral y política»

AMADEU ALTAFAJ
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Oswaldo Payá Sardiñas (La Habana, 1952) encarna la esperanza de un cambio político pacífico en Cuba y desde Cuba. Pese a haber sufrido el acoso de los esbirros del castrismo desde la adolescencia, el presidente del Movimiento Cristiano de Liberación (MCL) no ha cejado nunca en sus esfuerzos por reconciliar a todos los cubanos y recuperar los derechos fundamentales hoy pisoteados. El Proyecto Varela, la recogida de firmas para promover un referéndum en la isla, al amparo de la Ley Fundamental cubana, ha conseguido que miles de cubanos superen el miedo a las represalias y representa el mayor desafío lanzado desde el interior al régimen totalitario hasta la fecha.

Su tesón y su apología de la no violencia son reconocidos en todo el mundo. El Parlamento Europeo le concedió en diciembre pasado el Premio Sajarov a la libertad de espíritu y ha sido recibido como el principal representante de la oposición por personajes como Colin Powell, Vaclav Havel, José María Aznar o el Papa Juan Pablo II. Ahora es promovido como candidato al Premio Nobel de la Paz.

En los últimos meses, sin embargo, la represión se ha exacerbado. En marzo pasado, el régimen detuvo y condenó a penas de hasta 28 años de cárcel a 75 disidentes, periodistas e intelectuales. Fidel Castro ha radicalizado más si cabe su discurso y ha arremetido contra la Unión Europea y España, en particular, irritado por la condena firme de las violaciones crecientes de los derechos humanos.

Pese a la certeza de que esta entrevista telefónica estaba siendo escuchada por agentes del régimen, Payá mantuvo un discurso conciliador pero firme y sin matices: la represión actual demuestra la «debilidad moral y política» de un régimen cuyos líderes se sienten «atrapados».

- ¿A qué atribuye la escalada de represión a que se ha lanzado el régimen castrista en los últimos seis meses?

- Hay que buscar la causa primera en la propia contradicción que existe entre el régimen y el pueblo. No tiene nada que ofrecer y hay una necesidad vital de cambio y de apertura para la mayoría, especialmente porque la pobreza crece, hay una minoría con muchos privilegios, los nuevos ricos frente a una mayoría con tantas necesidades. Y lo único que ofrecen es mantener este poder totalitario sin ningún horizonte para el cubano, que a veces lo busca lanzándose al mar. En medio de esta contradicción, hay un movimiento cívico que va creciendo y que tiene una expresión en el Proyecto Varela. Después de entregar 11.000 firmas en mayo del año pasado, Cuba no ha vuelto a ser la misma.

- ¿Fue pues el Proyecto Varela el que precipitó esa reacción virulenta?

- Sí, porque aunque no se puede hablar de masividad, hallar a miles de cubanos que quisieran firmarlo significaba que el ciudadano pierde el miedo, o que por encima del miedo, que es el factor de dominación que sustenta a este régimen, el ciudadano decía «yo quiero cambios». Esta campaña del Proyecto Varela no sólo ofrece esa vía de liberación personal sino que aporta una verdadera solución pacífica, al alcance de todos los cubanos. Y lo siguen diciendo, porque incluso en medio de esta represión hay cubanos que siguen firmando. Es una alternativa y el Gobierno no tiene ninguna, sólo prepara la confrontación, un posible caos. Es la vía para alcanzar los derechos de todos los ciudadanos, la salvación de Cuba.

- ¿Cómo han afectado las detenciones y condenas masivas a la oposición en la isla?

- Indiscutiblemente, el golpe ha sido muy duro. Solamente antes de esta ola de detenciones de marzo, entre diciembre y enero detuvieron alrededor de diez dirigentes del MCL. En total, hay más de 50 dirigentes del Proyecto Varela detenidos hoy. Pero por primera vez, hay un movimiento que está extendido por todo el país. La esperanza del cambio no está en lo que Gobierno quiera o no quiera. Con esta represión, el Gobierno lo que está expresando es la agudización de la contradicción y su propia debilidad moral y política. Creo, sin arrogancia, que esta campaña es imparable, nosotros no vamos a parar lo que entendemos es una esperanza para Cuba. Y lo hacemos sin odio, buscando la concordia entre los cubanos en un entorno de libertad, de diálogo y de Derecho. La opresión nunca trae la paz. La vía pacífica no es sólo un método, es la meta. Es importante para América Latina y para el mundo, porque si en Cuba se produce un cambio pacífico, será una aportación al mundo entero, ya que nuestro país ha sido un escenario de confrontación, a veces artificial o forzado, entre este y oeste, norte y sur, entre un antes y un después.

- Pero Castro sigue viviendo en esa lógica de la Guerra Fría, en la que ustedes representan el papel del enemigo interior. Y al enemigo se le combate.

- Es un desafío para nosotros avanzar sin esa violencia y sin enfrentamientos, sin la victoria de unos sobre otros, para alcanzar una sociedad donde todos tengan un lugar y unos derechos. No se trata de ponernos de acuerdo sobre una ideología sino que todo ser humano tiene derecho a un lugar digno en la sociedad. Éste ha sido un régimen de exclusión. Hay millones de cubanos que tuvieron esperanza en un determinado momento en lo que fue la Revolución y ha habido cosas positivas. No es un problema de maniqueísmo, de dividir Cuba entre buenos y malos, sino de integrar todo lo positivo.

- La Unión Europea se ha convertido en nuevo objeto de las iras de Castro porque condena las violaciones de derechos humanos y pone condiciones a su ayuda. ¿Es constructivo ese papel? ¿qué espera la disidencia cubana de los europeos?

-Durante muchos años, algunos, erróneamente, pensaban que la solución del problema cubano o estaba en la muerte de Fidel Castro, lo que llamábamos el «fatalismo biológico», o en la intervención de Estados Unidos. Ya se lo dije recientemente al propio Colin Powell: la solución está entre cubanos, pacíficamente, y hay que «desamericanizar» la visión de la solución al problema cubano, que no corresponde a los Estados Unidos sino a los cubanos. En esa misma lógica pienso que es forzado y artificial el tratar de dar una visión europeizada del problema cubano. Europa, al apoyar el proyecto Varela, al llamar la atención sobre la violación de los derechos humanos, y al no aceptar una vez más como un hecho consumado que puede coexistir con una relación normal esta represión, estos encarlemaientos masivos, Europa está siendo coherente con esa posición común que dice que debe haber una apertura en Cuba y deben respetarse los derechos de los cubanos. Eso es respeto a nuestra autodeterminación. Nadie puede decir que se está esperando una intervención de España en Cuba, que Europa quiere colonizar Cuba, eso no lo cree ningún cubano. Al darme el premio Sajarov y al apoyarnos de esta manera, Europa está diciendo que en Cuba hay millones de cubanos que tienen derecho a los derechos. No pedimos que nadie asuma nuestro papel pero sí la solidaridad política con el pueblo de Cuba por la liberación de los prisioneros de la «primavera de Cuba» y el apoyo, hoy más que nunca, a esta campaña cívica del Proyecto Varela, que es el camino pacífico.

- Y que acata la Ley...

-Debemos ir de la ley a la ley. No porque la ley actual sea buena sino porque queremos iniciar una nueva etapa donde el poder no esté por encima de la ley y por encima del ciudadano, como ha ocurrido en Cuba en las últimas décadas y porque la violencia siempre ha traido más injusticias y más violencia. Queremos una etapa definitiva de reconciliación, libertad y concordia.

- ¿Cuál es su modelo de transición? ¿Quizás los países de Europa oriental o incluso España?

- Hay una experiencia muy rica en España, con la que tenemos un gran vínculo y mucho en común espiritualmente. No queremos importar su modelo de transición. Pero sí hemos aprendido mucho y nos hemos inspirado. También en Praga y Bratislava, donde nos encontramos pueblos que vivieron una dictadura idéntica a la nuestra, con sus matices. En Cuba se da una situación de altísima tensión, como en un avión secuestrado. Lo más importante es cuando los ciudadanos empiezan a perder el miedo y cuando esta voluntad de cambios empieza a generalizarse, entonces se produce el cambio pacífico. En España se produjo más que por un modelo porque la inmensa mayoría de los españoles tuvieron la voluntad de mirar hacia el futuro, no de ponerse de acuerdo sobre el pasado. En la Europa ex comunista, el proceso fue lento pero el desenlace muy rápido y, excepto en Rumanía, sin violencia. La cultura del miedo, como ocurre en Cuba, les hacía creer que el cambio era muy difícil y muy lejano y sin embargo lo lograron. Ayuda mucho a nuestra esperanza poder constatar cómo los pueblos encontraron su propio camino y lograron el cambio.

- ¿Cómo ha influido en su actividad política y en la vida diaria el reconocimiento internacional? ¿Le respetan más, le teme el régimen castrista o ha incrementado el acoso?

- Ambas cosas. Hablar de temor sería una arrogancia por mi parte. Sí hay más admiración y respeto. Hay muchos cubanos que han conocido el Proyecto Varela o mi nombre. Sí hay acoso, tengo la presión permanente de la Seguridad del Estado, intervienen en cada detalle de mi vida, en una simple reparación en mi casa o en los estudios de mis hijos, a los que el régimen sólo ofrece estudiar el curso pre-universitario en un internado, pese a que tienen problemas de salud. Tengo unos señores delante de mi casa que apuntan cada matrícula de coche que se detiene. Y antes que en ABC, esta entrevista ya está grabada en otro lugar. Es muy duro, porque afecta toda mi vida, la de mi esposa, mis hijos y mis amigos, pero no hay odio por nuestra parte. Va a hacer tres años que falleció mi madre. Padecía de un cáncer en fase terminal y mis hermanos pidieron permiso para regresar a Cuba y el Gobierno de Fidel Castro les negó la posibilidad de verla antes de morir sólo por ser familia de un disidente, fue un castigo cruel.

- Aunque bajo vigilancia permanente, sigue en libertad. Otros opositores, cada día más, desfallecen en las cárceles.

- Están en un situación muy difícil, en celdas individuales, alejados a centenares de kilómetros de sus familias, con visitas cada tres meses y a veces enfermos, como es el caso de José Daniel Ferrer, un joven líder del Proyecto Varela encarcelado en Pinar del Río y que tiene un pequeño tumor en el pecho y le han negado la atención médica. Para nosotros es el problema número uno y hacemos un llamamiento a la solidaridad.

- ¿Tiene indicios de que alguien en las élites busque un recambio desde el régimen? ¿Les han contactado, sondeado?

- No tenemos contactos institucionales ni estamos en movimientos conspirativos. Pero ellos están atrapados y la mayoría de cubanos estamos convencidos de que hasta en el mismo Gobierno, como seres humanos, como cubanos y padres y madres de familia, quisieran este cambio pacífico. Por eso nuestro mensaje es también para ellos y decimos que este cambio debemos hacerlo entre todos los cubanos y cubanos son también los que están en el Gobierno. Ése puede ser un factor pero no esperamos el cambio por una inicativa del régimen, porque su lenguaje va en sentido completamente contrario. Quizás nos esperen momentos muy duros pero no perdemos la esperanza. Sabemos que la inmensa mayoría de los cubanos, quizás los que están escuchando esta conversación, quisieran estos cambios pacíficos y entre cubanos.