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El ocaso de la canciller llena de incertidumbre el futuro de la UE

El incierto porvenir de la locomotora europea tendrá repercusiones en Bruselas

Corresponsal en BruselasActualizado:

La política europea se ha basado en la fuerza de la alianza entre Francia y Alemania. En los últimos quince años, desde que el Tratado de Lisboa asumió el desequilibrio en favor de Berlín después de la anexión de la vieja RDA, Alemania ha sido aún más importante en todo el curso de la gestión de la salida de la crisis financiera y de los enormes cambios que han tenido lugar en la UE. El anuncio de la retirada de la canciller, Angela Merkel, deja huérfanos a los responsables europeos de Bruselas, que siempre se han apoyado en el formidable peso de Alemania en la toma de decisiones estratégicas.

El problema no es tanto que una canciller democristiana asuma el final de su ciclo. Lo verdaderamente importante para Bruselas es que no pueden saber qué tipo de poder se va a instaurar en Alemania en un momento tan delicado, que incluye asuntos como el desenlace del Brexit.

Se había considerado ya desde hace cierto tiempo que la propia Merkel había empezado a marcar el rumbo de su retirada al dar su bendición a la candidatura del bávaro Martin Weber como aspirante del grupo popular a presidir la Comisión Europea como sustituto de Jean-Claude Juncker. Si Weber es finalmente confirmado por el Partido Popular Europeo en el congreso que va a celebrar en Finlandia y si las elecciones europeas de mayo próximo son favorables al centroderecha -como es tradición-, es posible que Weber se convierta en el primer alemán en presidir la Comisión, algo que no se había admitido hasta ahora para que el imponente peso de este país en las instituciones no resultara asfixiante. Lo que no podía haber pensado nadie hace unos años es que esto se podría producir en un escenario de una Alemania inestable y sin liderazgo definido.

En efecto, si la Unión Cristianodemócrata de Merkel está pasando horas bajas, el panorama es aún peor para los socialdemócratas. Su gran líder europeo, el dos veces presidente del Parlamento, Martin Schulz, está fuera de juego y por ahora todas las combinaciones alternativas a la «Gran Coalición» no suenan nada bien en Bruselas.

Para el grupo popular europeo, la salida de Merkel también puede tener graves repercusiones. La canciller ha sido una buena negociadora, siempre abierta a buscar un compromiso hasta en las situaciones más delicadas y no será fácil reconstruir un liderazgo como el suyo en un ambiente tan desordenado como un partido político transaccional. El encargado de ocupar su puesto tiene ante sí una misión muy delicada y llena de incógnitas. La primera de ellas es la evolución política, igualmente incierta, en la pareja de este núcleo europeo, Francia, donde el presidente Emmanuel Macron no pertenece a ninguna de las familias políticas tradicionales, que están prácticamente en vías de desaparición. Es decir, si era malo que la pieza mayor, la locomotora de Europa, pueda entrar en una fase de incertidumbre, esta es aún mayor sabiendo que la otra pieza del eje franco-alemán tampoco tiene fundamentos sólidos.

El anuncio de Merkel habrá sido seguramente bien recibido en capitales como Varsovia o Budapest, que le han plantado cara en el dramático pulso por la política de acogida de los refugiados sirios. Las derivadas políticas del relevo en la CDU resonarán sin duda en toda Europa, y sobre todo en las capitales que se han enfrentado a Merkel. Su capacidad de negociación ha sido tan importante como la de persuasión y por el momento el horizonte puede parecerles más despejado.

La agenda europea, especialmente en lo que respecta a los mecanismos que se necesitan en la gestión del euro, también está pendiente de ciertos bloqueos alemanes. Aunque en este caso no está claro que quienquiera que la sustituya en el poder los vaya a levantar. Más bien al contrario.