El presidente Donald Trump, junto a Jair Bolsonaro, durante la visita de este a Washington el pasado mes de marzo
El presidente Donald Trump, junto a Jair Bolsonaro, durante la visita de este a Washington el pasado mes de marzo - REUTERS
CLAVES DE LATINOAMÉRICA

Las nulas opciones de Brasil de entrar en la OTAN, a pesar de Trump

EE.UU. puede designar al país como aliado militar estratégico, categoría que ya tiene Argentina

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Cada vez que Brasil gira muy a la derecha y en Estados Unidos hay una Administración atraída por la Realpolitik se produce un especial alineamiento entre Washington y Brasilia. Ocurrió en la primera mitad de la década de 1970 con la dictadura militar brasileña y la etapa de Henry Kissinger como protagonista de la política exterior estadounidense, y empieza a suceder ahora con la sintonía entre Jair Bolsonaro y Donald Trump.

Esos momentos alternan históricamente con un cambio de pareja: cuando Brasil es más distante y disputador, EE.UU. opta por acercarse a Argentina. Así, cuando hay confianza mutua, Washington puede delegar en Brasil la función de «policía» para Sudamérica, y cuando lo percibe como rival busca el contrapeso que frente a su vecino puede ejercer Argentina.

Dadas las aspiraciones brasileñas de erigirse en potencia relevante del orden mundial, en realidad su «gran estrategia» debe pasar por construir un polo alternativo al de EE.UU. en Sudamérica (aunque en amigables términos con Washington). Lula da Silva llevó hasta el fondo esa estrategia, también seguida por Dilma Roosseff, pero esto no es solo algo de la izquierda. Gobiernos previos, tras la dictadura, emprendieron esa senda de dejar al margen a EE.UU., como el de Fernando Henrique Cardoso, impulsor de Unasur.

Lo que ocurre que esa alternativa a la influencia dominante de EE.UU. en el continente tiene que alimentarse, para ganar peso internacional, de las alianzas mundiales Sur-Sur (algo ampliado hoy a China y Rusia), y en eso la izquierda se encuentra más cómoda. Así que al encontrarnos ahora además en una suerte de nueva Guerra Fría, a un Gobierno como el de Bolsonaro se le hace difícil otra cosa que no sea ponerse de parte de Trump.

Socio Global de la OTAN, como Colombia

Esa sintonía entre las dos administraciones hace que Brasil no juegue a fondo la carta de su asociación con China y Rusia en el foro de los BRICS, que es quizá lo que Trump pretendía cuando el mes pasado lanzó a Bolsonaro el anzuelo de una alianza militar estratégica. Trump llegó incluso a mencionar la posibilidad de que Brasil entrara en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Esta última posibilidad la supeditó Trump a un cambio sustancial de la OTAN, algo que el presidente estadounidense parece estar persiguiendo sin aclarar muy bien cuáles son sus verdaderos objetivos. En cualquier caso, el artículo 10 del tratado fundacional de esa organización limita las nuevas incorporaciones a países europeos, por lo que Brasil no tiene cabida.

En cambio, Trump puede sin ningún problema designar a Brasil como aliado militar estratégico no miembro de la OTAN (Major non-Nato Ally o MNNA), una catalogación que EE.UU. comenzó a otorgar en 1989, con la caída del Telón de Acero. Desde entonces, cada presidente estadounidense ha propuesto elevar a esa categoría a algunos países, que de momento llegan a 19. Bill Clinton postuló a Argentina en 1998, cuando ese país estaba presidido por Carlos Menem, justamente reconociendo la alianza geopolítica que, en condiciones normales, Washington debe procurar con Buenos Aires.

Otra cosa es que Brasil pase a ser un Socio Global de la OTAN, lo que supone estrechar la relación con esa organización militar pero sin integrarse en ella. El único país latinoamericano que forma parte de ese anillo exterior de la OTAN es Colombia, admitida en 2018. Como nación con litoral caribeño y extrema cercanía al Canal de Panamá, la sincronización entre Colombia y EE.UU. en materia de seguridad y defensa es más importante para Washington que la relación que pueda mantener con Brasil.

Foco en el Atlántico Sur

Brasil forma parte de una organización para el Atlántico Sur, que no es un alianza militar como la OTAN, sino un foro de cooperación y ayuda mutua al desarrollo. Es la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZOPACAS), constituida en 1986 por iniciativa brasileña e integrada por los 24 países ribereños. Es el área, junto con Sudamérica, de natural proyección de Brasil. En la vertiente africana, además, se encuentran varios Estados lusófonos, con los que Brasilia ha procurado un estrecho contacto. La mitad de las embajadas abiertas por Lula fueron en África, continente al que dedicó un tercio de sus viajes al extranjero.

Precisamente cuando la dictadura militar terminó en 1985, el país buscó una política exterior propia, no supeditada a la de EE.UU. Así, potenció la proyección hacia el Atlántico Sur y la integración con sus vecinos sudamericanos (Mercosur fue creado en 1991).

Por otra parte, en una OTAN reformada en la que cupiera Brasil se habría modificado su actual artículo 5, relativo al mutuo socorro en caso de agresión militar, lo que le restaría atractivo a la alianza. Eso es lo que en la práctica ha ocurrido con el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), «la OTAN de las Américas», puesto en marcha en 1947.

Al igual que la OTAN, el TIAR contiene una cláusula de mutua defensa: «Un ataque armado por cualquier Estado contra un Estado Americano, será considerado como un ataque contra todos los Estados Americanos, y en consecuencia, cada una de las Partes Contratantes se compromete a ayudar a hacer frente al ataque en ejercicio del derecho inmanente de legítima defensa individual o colectiva». Fue invocado por Argentina en 1982 a raíz de la Guerra de las Malvinas y por Estados Unidos tras el 11-S, pero en ninguno de los dos casos fue aplicado. Con el tiempo diversos países se han retirado del acuerdo (Cuba, México y los países del Alba).