El dirigente antisirio George Hawi era evacuado ayer, aún con vida, tras el atentado en pleno centro de Beirut AP

Un nuevo asesinato político en Beirut desvanece la resaca electoral libanesa

El bloque de Saad Hariri, la izquierda libanesa y Estados Unidos señalan con el dedo acusador a Damasco; otras voces apuntan también a Israel

J. CIERCO/
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JERUSALÉN. «Nos matarán a todos si no hacemos algo». Hace menos de una semana, George Hawi, líder histórico del Partido Comunista del Líbano, se entrevistó con los responsables de Izquierda Democrática y dejó ante ellos esta sentencia como legado a la postre fatídico.

«Nos matarán a todos si no hacemos algo», dejó dicho el respetado político cristiano greco-ortodoxo de 65 años, ferviente luchador contra la tutela siria y uno de los jefes de la resistencia a la invasión israelí de 1982.

Sólo unos días después de tan preclaras palabras, apenas 24 horas después de la confirmación oficial del triunfo de la oposición antisiria por mayoría absoluta en las históricas elecciones legislativas, una bomba accionada a distancia acabó con su vida y cortó en seco la resaca de unos comicios que no han cerrado una sola de las heridas abiertas desde hace décadas en esta nación imposible.

Pocos minutos después de las 10 de la mañana, Hawi se sentó en el asiento del copiloto de su Mercedes, junto a su chófer, que resultó herido en el atentado pero cuya vida no corre peligro. Segundos después de la explosión, poco antes de morir, con la cara ensangrentada y el abdomen destrozado, Hawi pidió socorro sin que los testigos pudieran ayudarle.

Su esposa, Sossie Madoyan, cuya clínica de oftalmología está a un centenar de metros del lugar del ataque, tampoco pudo hacer nada por su marido, al que abrazó en el suelo hasta que una ambulancia le evacuó al hospital, donde ya ingresó cadáver.

Las reacciones políticas a un asesinato tan político, casi idéntico al del periodista antisirio Samir Kassir, el 2 de junio, no se hicieron esperar.

Casi todos los dedos acusadores, los del bloque antisirio de Saad Hariri, ayer en París, y Walid Yumblatt; los de la izquierda comunista democrática; los de la embajada de Estados Unidos en Beirut, apuntaron sin disimulo en dirección a Damasco, haciendo antes parada y fonda en la sede de los servicios de seguridad y de inteligencia libaneses y en el palacio presidencial de Emile Lahoud.

Todos reclamaron ayer, como hicieron tras el asesinato -el 14 de febrero- del ex primer ministro suní Rafic Hariri, que desencadenó la pacífica Intifada en el Líbano; como reiteraron tras el asesinato de Kassir, la depuración de las Fuerzas de Seguridad y la caída del régimen de Lahoud, quien, como Damasco, condenó ayer el atentado y se lavó las manos.

Israel, el otro gran beneficiado

Algún dedo, sin embargo, no siguió las directrices de sus hermanos mayores y apuntó hacia el otro enemigo, Israel. Fue el caso de Walid Yumblatt, cuyo padre, Kamal, asesinado en 1977, era gran amigo del antiguo jefe comunista: «Israel es el otro gran beneficiado del asesinato de Hawi».

No estaba ayer escrito en los guiones de los políticos libaneses, enfrascados ya en las batallas por el poder tras el cierre de las urnas, tener que reaccionar a un nuevo asesinato de este tipo. Todos lo relacionaron con el resultado de los comicios. Y todos señalaron sin rodeos que quienes están detrás de este atentado, como del asesinato del periodista Kassir, no pretenden otra cosa que impedir la unidad y la reconciliación del Líbano.