Pedro Rodríguez

Nuestra locomotora

¿Qué intenta conseguir Kim Jong-un de Vladímir Putin en la cumbre #de Vladivostok?

Pedro Rodríguez
Actualizado:

Está claro que al comunismo le encanta viajar en tren, a poder ser blindado. Desde que los alemanes durante la Primera Guerra Mundial facilitaron el pasaje de Lenin desde Zúrich hasta la estación Finlandia de Petrogrado, el ferrocarril ha terminado por convertirse en el transporte favorito para retroceder hasta la nostalgia roja con toda seguridad y puntualidad. Como ya sabía Trotsky, no hay nada como una buena locomotora por mucha incertidumbre en el destino final.

Kim Jong-un, bastante pasado de kilos y de estalinismo, ha seguido fiel a esta mitología ferroviaria al presentarse ayer en Vladivostok con su convoy blindado. Como todo buen dictador, al líder de Corea del Norte no le gusta viajar por el mundo y mucho menos en avión. Sin embargo, las molestias de cruzar a Rusia estarían más que justificadas ya que le espera su primera cumbre bilateral con Vladímir Putin.

En Rusia, país al que tanto debe la hereditaria dictadura norcoreana, Kim Jong-un busca fundamentalmente un respiro económico. Tras el fracaso de las negociaciones con Trump, el mariscal de tercera generación busca algún tipo de alivio frente a las sanciones que esta vez respalda China. Aunque siempre con una línea roja muy clara. Por muy necesitado que esté de ayuda económica, el régimen de Pyongyang no tiene la menor intención de prescindir de sus armas de destrucción masiva.

Putin, en este sentido, es una especie de segundo acto tras la primigenia saga de Donald y Kim. Además, Moscú tiene un limitado margen de maniobra y sus opciones son más bien imposibles a la hora de ayudar a Corea del Norte aunque ya le gustaría restar protagonismo a EE.UU. y China. Sin embargo, no hay que subestimar la obsesión del Kremlin por jugar a «powerbroker», especialmente en su vecindario.

Putin entiende los asuntos internacionales como un juego de suma cero: él gana cuando los demás pierden. Aunque en esta ocasión, la influencia de Moscú es muy limitada y lo más previsible es que Kim retorne a casa en su tren verde oliva con las manos vacías.

Pedro RodríguezPedro Rodríguez