Una imagen de Notre Dame este 31 de mayo/ VÍDEO: Los expertos opinan sobre el futuro de Notre Dame - AFP/ ATLAS

Notre Dame fue víctima de la ineficacia de la burocracia cultural francesa

Los responsables del ministerio de Cultura, la región Isla de Francia, la alcaldía de París y la empresa gestora de la seguridad de la catedral dejaron pasar, silenciaron e hicieron caso omiso de las advertencias recibidas desde el 2015, como mínimo

Corresponsal en ParísActualizado:

Los equipos de la empresa privada responsable de la seguridad de la catedral de Notre Dame habían advertido a sus superiores y a la dirección regional de asuntos culturales del gobierno, desde hace varios años, que había muchas «disfuncionalidades» que podían tener consecuencias catastróficas.

Los responsables del ministerio de Cultura, la región Isla de Francia, la alcaldía de París y la empresa gestora de la seguridad de la catedral dejaron pasar, silenciaron e hicieron caso omiso de las advertencias recibidas desde el 2015, como mínimo, hasta el devastador incendio que estalló la tarde del 15 de abril pasado, confirmando la gravedad de las «disfuncionalidades».

Los sistemas de alarma funcionaron con precisión la tarde del incendio. Por el contrario, la mala organización del personal, la mala evaluación de las advertencias, el «laberinto» de los «protocolos» de acción, en caso de advertencia, terminaron provocando un retraso de más de treinta minutos, finalmente devastador.

Varios jefes de equipo de la empresa privada responsable de la seguridad de Notre Dame han repetido ante los equipos de la policía judicial que instruye el caso las advertencias escritas que habían hecho años atrás.

Advertencias que sorprenden por su luminosa claridad: poco personal, horarios de trabajo y rondas que no siempre se cumplían, advertencias casi nunca escuchadas por la jerarquía burocrática.

En el puesto de seguridad responsable de seguir el «estado» de Notre Dame, a través de un rosario de pantallas de televisión, comenzaron trabajando dos o tres personas. Finalmente en ese puesto solo quedó una persona, trabajando con horarios largos y complicados. Si el vigilante debía atender a una visita o una cuestión doméstica, nadie podía enterarse de lo que ocurría o podía ocurrir en los rincones de Notre Dame.

Uno o varios responsables de la seguridad de la catedral debían realizar rondas sistemáticas por todo el edificio, con el fin de detectar problemas eventuales. Varios responsables de esas rondas hicieron muchas advertencias. Con poco éxito.

Los guardianes de la catedral que realizaron rondas diarias de inspección de Notre Dame hicieron advertencias de este tipo: amontonamiento frecuente de colillas en los lugares más insospechados; difícil acceso de aparatos sensibles para la seguridad; «abundancia» de aparatos y materiales de «alto potencial calorífico»; complejidad de las operaciones de vigilancia, cierre o apertura de la catedral, en caso de alarmas urgentes.

La ausencia o escasez de personal, frecuente, las «bajas» por cuestiones de salud o familiares, solo «complicaron» con deficiencias «menores» la vigilancia y seguridad.

Algunos de los jefes de equipo responsables de la seguridad de Notre Dame terminaron enfrentándose con su empresa, por razones mal esclarecidas. Las autoridades nacionales, regionales y municipales tampoco estudiaron con detenimiento las advertencias repetidas por los servicios de seguridad, víctimas, en cierta medida, de la ineficacia relativa de la burocracia cultural del Estado, la región y la alcaldía.