Seguidores del coronel retirado Lucio Gutiérrez celebran su victoria ayer en Quito. AP

Noboa advierte que los ecuatorianos se arrepentirán de la victoria de Gutiérrez

El militar rebelde no tiene los escaños suficientes, la mayoría en manos de los partidos tradicionales, para salir airoso de los retos que debe enfrentar

CARMEN DE CARLOS, ENVIADA ESPECIAL
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QUITO. «La gente se va a arrepentir», murmuró Álvaro Noboa al comprobar su derrota. El coronel Lucio Gutiérrez, presidente electo, confía en que la maldición del empresario bananero no se cumpla pero consciente de la oposición mayoritaria que tiene en el Congreso, reconoce, «si no tengo el apoyo de todos es muy difícil que pueda triunfar».

El 54,35 por ciento de los votos y la victoria en dieciocho de las veintiuna provincias de Ecuador, le dan al militar rebelde, que llegó a la presidencia a golpe de votos, legitimidad sobrada para gobernar. Sin embargo, no dispone de las armas necesarias, es decir, de suficientes escaños, para salir airoso de los retos que debe enfrentar.

La mayoría está en manos de los partidos tradicionales, encabezados, entre otros, por los ex presidentes Rodrigo Borja (Izquierda democrática) y el caudillo costeño, el socialdemócrata León Febres Cordero, preparados para librar una gran batalla en busca del terreno perdido en las elecciones presidenciales.

La Sociedad Patriótica 21 de Enero, fecha del derrocamiento de Jamil Mahuad, que preside Gutiérrez, apenas cuenta con dos diputados. Las virtuales alianzas las tiene en el brazo político de las comunidades indígenas, el Movimiento Unidad Plurinacional Pachakutik-Nuevo País, el comunista MPD (Movimiento Popular democrático), el Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE) del depuesto Abdalá Bucaram y otras formaciones minoritarias. Entre todos, no suman siquiera cuarenta escaños de los cien que conforman la Cámara y, a todos ellos, el coronel debe, tarea complicada, compensar su apoyo.

Bucaram, «El loco», como él mismo se denominaba cuando era el vocalista de «Los iracundos», pone como condición indiscutible abandonar su exilio panameño y reincorporarse a la vida política sin riesgo de terminar sentado en el banquillo de los acusados, para respaldar a Gutiérrez. Los indígenas no quieren ni oir hablar de esta posibilidad. Tampoco los comunistas y las formaciones de la izquierda radical, a quienes, además, se les hace muy cuesta arriba «el fortalecimiento de la dolarización» al que se compromete Gutiérrez y su renovado discurso conciliador con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Oxigenar el Congreso

El coronel ha prometido oxigenar un Congreso contaminado por la corrupción y reducir su volumen, mediante referéndum, a treinta escaños, por toda representación legislativa. «Si mantiene su intención de ser el verdugo de los que en verdad ostentan el poder, sus días están contados», confía el analista Horacio Paredes.

Gutiérrez, en este escenario, está lejos de alcanzar sus propósitos de «seguridad, lucha efectiva contra la corrupción, mejora de la educación pública, servicios de salud de calidad mínima al alcance de la población, reactivación del aparato productivo y la consecuente generación de empleo», como resume el columnista del diario Hoy Francisco Rosales Ramos.

Alianza con Rodrigo Borja

La Izquierda Democrática (ID), de Rodrigo Borja, está en posesión de trece escaños, los que necesita Gutiérrez , si lograse mantener los respaldos mencionados, para tener el control de algo más de la mitad de la Cámara. Para lograr la gobernabilidad, «el objetivo es alcanzar una alianza con la ID», afirma el «politólogo» Adrián Bonilla, porque «si no lo logra, tendrá un Parlamento en oposición que podría conspirar contra él».

En seis años, Ecuador ha tenido otros tantos presidentes. Las «conspiraciones» están a la orden del día y «la debilidad legislativa de Gutiérrez», observa el periodista Pablo Biffi, «es un caldo de cultivo para fomentarlas».

Álvaro Noboa, que amenaza con volver a presentarse en las elecciones en el año 2006, murmuró, «la gente se va a arrepentir», como publicaba ayer el diario El Universal. El multimillonario bananero, con el 45,65 por ciento de los votos, reconoció la derrota pero advirtió: «Seguiré con mi lucha, porque quienes votaron por mí quieren un cambio que genere empleo, salud, vivienda, educación y bienestar».