El candidato presidencial Nayib Bukele, durante la entrevista
El candidato presidencial Nayib Bukele, durante la entrevista - ISABEL PERMUY

Nayib Bukele: «Yo no negocio con las maras, lidio con las comunidades donde viven sus familias»

Favorito para ganar las presidenciales de El Salvador, el empresario y político habla de los problemas que afectan a su país, como la inmigración, la corrupción y la violencia

MADRIDActualizado:

Nayib Bukele (San Salvador, 1981), de origen palestino –su familia emigró a El Salvador a finales del siglo XIX–, quería ser astronauta cuando era niño, algo que descartó teniendo en cuenta las circunstancia de su país de nacimiento. Se conformó con ser empresario –tuvo su primera compañía, dedicada a la publicidad, a los 18 años, y también dirigió algunas de su padre–. Después se decantó por la política, y con 30 años ya era alcalde de una pequeña población, Nuevo Cuscatlán, y a los 33 era primer edil de la capital, San Salvador. Con 37 años espera ser el presidente más joven del país.

Si lo logra, y las encuestas parecen apoyar esta posibilidad con el 44% de intención de voto, con él acabaría el bipartidismo imperante desde que terminó la guerra civil (1980-1992), en el que se han alternado el derechista Arena, y el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), forma política que adoptó la guerrilla tras los Acuerdos de Paz. Fue precisamente este partido al que Bukele se vinculo desde su juventud, y que le amparó en sus periodos como alcalde. Ahora se presenta por la Gran Coalición por la Unidad Nacional (GANA), una escisión de Arena, creada en 2010. Un contundente giro a la derecha, que según manifiesta Bukele, «no tiene nada que ver con la ideología» y sí con la necesidad de encontrar un nicho donde le permitieran ser candidato a las presidenciales. «Yo ya no hablo de izquierdas o derechas, eso es algo cadúco en la política moderna», asegura durante una entrevista con ABC, durante su visita a Madrid donde ha participado en un acto en la Casa de América.

Su migración política comenzó cuando fue expulsado del FMLN, «porque yo no estaba de acuerdo con algunas de sus propuestas». Decidió entonces crear su propio partido, Nuevas Ideas, al que el Tribunal Superior Electoral no permitió inscribirse lo que según Bukele «violó las leyes de El Salvador. Y así lo manifestó el secretario general de la OEA, Luis Almagro». Su intento de inscribirse como coalición con el partido Cambio Democrático, tampoco fue admitido, y solo le quedó la opción de presentarse como candidato de GANA. Era su única oportunidad para concurrir a las presidenciales de 2019.

Contra la corrupción

A pesar de ello, insiste en que su programa «no coincide» con el de GANA. «Ofrecemos una política distinta. Mi partido es Nuevas ideas», cuyo programa electoral se sustenta en tres pilares: la gestión correcta de la función pública, «algo que no se ha hecho hasta ahora»; y la transparencia (ocupa el puesto 112 del índice de 2017 a nivel mundial). «La corrupción es uno de los grandes males de nuestro país, se lleva casi todo el presupuesto para hacer infraestructuras», asegura Bukele. En cuanto a las medidas para frenarlas, la primera consiste en «predicar con el ejemplo» desde la presidencia. A esto se sumaría la creación de una comisión internacional contra la corrupción y la impunidad, «administrada por la Naciones Unidas, por lo que sería completamente independiente del Gobierno, para que no podamos proteger siquiera a los nuestros».

El tercer pilar de su programa es «mirar hacia el futuro». En El Salvador, país subdesarrollado, «un 20% de sus escuelas no tienen agua o electricidad; el 80% de ellas no tienen ordenadores...», explica. «Estamos a décadas de otros países, como EE.UU. En pocos años las camisas de Nike y Adidas, que se cosen actualmente en El Salvador, se harán en impresoras 3D en EE.UU. ¿Qué pasará entonces con los miles de empleos que dependen de eso?

Un poder paralelo al Estado

Sobre la mesa también está otro de los grandes problemas que sufre El Salvador: la violencia de las maras, de las pandillas, que se han convertido en un problema de seguridad nacional y que actúan como un poder parelo al Estado. «Las pandillas han sustituido al Estado porque este ha estado ausente. No se trata solo de un problema de delicuencia, o del número de homicidios. Es un problema como consecuencia de la emigración: las maras no nacieron en El Salvador, nacieron en EE.UU., y después fueron deportadas. Las familias están rotas en El Salvador, donde niños de 12 años son cabezas de familia... Y el Estado no hace nada».

¿Cómo se resuelve este problema?

«La solución tiene tres ejes: la prevención, porque no sirve de nada capturar 40 pandilleros porque ese día van a reclutar a otros 100. La solución es dar oportunidades a través de la educación, de becas, alternativas como el deporte... Y también tenemos que reconocer la contracultura de los jóvenes. El Estado debe competir con las pandillas para ganarse a los jóvenes». Otro aspecto es el «combate» directo, que consiste en equipar a los agentes de seguridad permitiendo así mayores detenciones. Bukele se distancia de otras propuestas más radicales como la de GANA, que apoya armar a civiles para enfrentarse a los pandilleros. «Yo no estoy de acuerdo».

El tercer eje de su política con las pandillas es la «reinserción», algo casi utópico teniendo en cuenta la cultura represiva que han empleado los gobierno anteriores en los centro penitenciarios, y que ha criticado la ONU.«Tenemos celdas para cuatro personas ocupadas por 50, muchas de ellas duermen de pie. Y las letrinas son un agujero en el suelo... Además –añade– en lugar de convertirse en centros de reinserción se están convirtiendo en universidades del crimen».

Negociar con las maras

Un tema controvertido que ha salpicado a los partidos políticos en El Salvador es el pago de dinero a las pandillas –los pandilleros están considerados como terroristas– para lograr treguas de paz durante las campañas electorales. Bukele, siendo alcalde de San Salvador, también fue acusado de ello, en relación principalmente con la inauguración del mercado Cuscatlán, levantado en una de las zonas bajo control de Barrio 18 Revolucionario, una de las pandillas más peligrosas junto con la Mara Salvatrucha.

¿Es usted partidario de negociar con las pandillas?

«No, pero es un poder fáctico con el que tienes que lidiar. Una cosa es negociar y otra cosa es lidiar. San Salvador está asediada por pandillas. Es la ciudad más peligrosa del país. Cuando quisimos recuperar el centro histórico hubo que negociar con los vendedores, unos 39.000, que no querían cambiar de zona, porque significaba que les iban a matar. Esa era la parte fácil, la difícil era la de los pandilleros. Cuando me intentaron extorsionar, me pidieron 100.000 dólares para inaugurar el mercado o si no habría muertos. Teníamos entonces tres opciones: pagar, pero eso era ilegal y yo no quería ir a la cárcel; otra era abrir el mercado, y que pasara lo que tuviera que pasar; y la tercera, esperar hasta que se resolviera», explica. «Fuimos a la comunidad y empezamos a invertir en ella y generar beneficios. ¿La comunidad eran los pandilleros del Barrio 18? «No, eran las madres, los hermanos de los pandilleros. Por eso, una cosa es negociar con el pandillero, y otra cosa es lidiar. No podemos estigmatizar a una comunidad entera». El mercado tardó nueve meses en ser inaugurado, «con costo político para mí», pero lo hicimos cuando todo estuvo bien. «Nosotros no les ibamos a dar dinero, ibamos a generar beneficio social para la comunidad».