Los niños americanos tendrán un seguro médico gracias a los impuestos del tabaco

AGENCIAS
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El presidente estadounidense, Barack Obama, firmó anoche una ley para expandir el Programa de Seguro Sanitario Infantil Estatal (SCHIP por sus siglas en inglés) con el que busca atender a 3, 5 millones de niños que carecen de asistencia sanitaria.

Obama firmó la legislación durante una ceremonia en la Casa Blanca tras ser aprobado en la Cámara de Representantes por 290 votos a favor y 135 en contra. El Senado ya dio luz verde la semana pasada al programa, de 32. 000 millones de dólares y que será financiado gracias el aumento de los impuestos del tabaco a un dólar por paquete a diferencia de los 39 centavos que se cobran en la actualidad.

"En una sociedad decente, hay ciertas obligaciones que no son objeto de compensación o negociación-- la asistencia sanitaria para nuestros niños es una de esas obligaciones", declaró Obama. El proyecto era "un pago inicial de mi responsabilidad para garantizar seguro médico a cada americano", agregó.

En ese sentido, el SCHIP permitirá que 11 millones de niños de familias trabajadoras que no puedan permitirse seguros privados pero que ganan demasiado para pedir la cobertura médica para los pobres puedan tener un seguro médico para sus hijos. Actualmente se benefician de este plan 7, 4 millones de niños americanos.

Cuestión prioritaria La ceremonia supuso un impulso a Obama apenas un día después de que reconociera que había cometido un error al designar al ex senador Tom Daschle para dirigir el Departamento de Sanidad, quien rechazó la oferta del mandatario de formar parte del gabinete debido a sus problemas con Hacienda.

Para Obama la cuestión sanitaria siempre ha sido prioritaria y así lo hizo saber durante los meses de campaña electoral cuando prometió que expandiría el programa e invertiría aproximadamente unos 46 millones de dólares (unos 35, 7 millones de euros) para garantizar la cobertura a los americanos que no se pueden costear una asistencia privada.

El ex mandatario estadounidense George W. Bush vetó en dos ocasiones propuestas similares, argumentando que supondría un aumento de los impuestos y que sería más conveniente apostar por un seguro médico privado.